¿Qué piensa de Avelina Lésper el grafitero que le mentó la madre?

La semana pasada, Avelina Lésper, conocida crítica de arte, subió una foto junto a un graffiti que decía simplemente: “¡Avelina Lésper, me la pelas!”. Con la foto, también explicó que buscaba a quien lo hubiera hecho, y, antes que ella, encontramos a Neón, el autor del mensaje.

La intención de Avelina para hablar con los autores, era entablar un diálogo de por qué es arte o vandalismo una pinta donde le mientan la madre… porque el graffiti se debe de tratar de ella, o si no, no entendemos por qué.

Neón, en entrevista para Plumas Atómicas, nos explicó que esta pinta la realizó después de que la crítica de arte, en algunas entrevistas, demeritoria el trabajo de grafiteros, como algo sin validez dentro del mundo del arte.

“Simplemente estaba pensando en algunas entrevistas donde la señora demerita y clasifica esta cultura como algo marginal, sin fin, para gente sin educación

Aunque el grafitero chilango acepta que tiene opiniones en común con Avelina, por supuesto que no está de acuerdo en que se demerite de facto su trabajo, simplemente porque a ella no le parece un trabajo aceptable como crítica. El graffiti, más que ser un reclamo personal, fue en defensa de todos los que pintan las paredes de la capital.

Es más barato darle a un muchacho tres botes de spray y decirle ‘esa pared es tuya y ponle tu lo supuestamente lo que quieras’ (sic) que ingresarlo en una escuela de arte, enseñarle composición monumental, darle los instrumento para que sepa hacer una pintura al fresco y, ahora sí, darle un muro”. —Avelina Lésper

Si bien, para Lésper el graffiti constituye actos vandálicos que no pueden ser considerados del todo “arte”, Neón reconoce que para muchos dentro de las escena grafitera es motivo de debate. Para él, no constituye una expresión artística como tal, pero tiene bases para poder ser un arte reconocida por otros.

En ese tema no me meto mucho. Entre la escena del graffiti tenemos una opinión dividida sobre si es arte o no. Sería muy polémico, e incluso me convertiría en lo que critiqué al generalizar, si lo es o no. En mi punto de vista: no es arte, pero tiene bases y principios para serlo si se perfecciona la técnica.

Avelina Lésper, por su parte, ha dicho en repetidas ocasiones que el graffiti no puede considerarse arte porque no tienen una instrucción artística y no conocen de técnica. Así mismo, cree que pintar en una pared del espacio público, sin autorización, es algo que no es válido para ser considerado una expresión artística.

Para ella, esto es un asunto marginal, el cual ataca a través de consideraciones que ella misma ataca en su crítica del arte contemporáneo, como que es una farsa que se basa en la figura del autor y no en la obra en sí, o en la forma en que se produce.

Neón considera que existe un estigma muy fuerte sobre esta forma de pintura, en el que se le ve como algo, ciertamente marginal, pero que también ha tomado otras formas de vivir como expresión cultural, si es que no quiere ser vista como arte:

Eso está muy estigmatizado. El graffiti mexicano empezó en el norte del país; de ahí se trasladó hacia Iztapalapa, y de ese bello lugar, se expandió por el antes llamado Distrito Federal. Como todo en este mundo, evolucionó a tal grado que puedes encontrarte grafiteros de toda clase social. Tanto gente de Iztapalapa, como de la Roma. Desde Azcapotzalco, hasta Tlalpan. Aquí no hay distinción de ningún tipo. Me gustaría que la gente entienda eso.

Es cierto que la mayoría del graffiti se encuentra en la periferia de ciudad y área metropolitana. Sin embargo, esto es consecuencia de las formas en que se hace y se apoya esta forma de muralismo, relegado a lo ilegal y cubierto, en gran medida, de prejuicios y juicios similares a los de Avelina Lésper.

He pintado desde hace diez años. Como todos, empecé haciendo tags y bombing en mis cuadernos de la secundaria. De ahí me pasé a pintar en sitios abandonados donde fui perfeccionando mis técnicas. He tenido grandes mentores que me han ayudado a mejorar. Ashes ICR, Alina Kiliwa, Catrin Valadez y Puerko Man son algunos de ellos. Ahora, simplemente estoy en busca de un estilo propio, por eso cada pinta es diferente. Trato de experimentar hasta que al fin pueda decir: ‘esto es mío’.”

Los muros de Iztapalapa, Ecatepec y Nezahualcóyotl tienen las firmas Farid Rueda, SEHER ONE o Smithe, que ahora forman parte de una escena internacional. Quienes ahora pintan en Nueva York o diseñan para Adidas, comenzaron pintando casas abandonadas o sobreponiendo su marca a publicidad de bailes en algún paradero o salón de fiestas.

Sus figuras y formas estéticas, más que buscar ser o no considerados arte, buscan la expresión. El grafitero que pinta esperando que una patrulla no llegue, quiere plasmar algo, sea su nombre o una idea, no que su pieza sea reconocida por algún crítico.

Por Freddy Campos | @Freddorific