Cómo el último vagón del metro forma parte de la historia gay en CDMX

Cuando cae la noche, este espacio se convierte en un refugio y lugar de encuentros furtivos para la comunidad LGBT
Último vagón del metro, lugar de encuentros casuales de la comunidad gay. Imagen: Especial

¿Imaginas tener que esconderte para ser quien eres? ¿Tener que refugiarte en lugares entre penumbras junto a otros tantos que son perseguidos por vivir y experimentar distinto? La comunidad LGBT lo ha vivido y algunos espacios se volvieron su asilo cuando la sociedad los rechazó y orilló a ser ellos pero donde nadie los viera o sin que nadie lo supiera.

Movimiento de Liberación Homosexual en México. Imagen. UNAM

El metro de la Ciudad de México, en específico el último vagón del tren fue desde los años 60 y 70, la “cajita feliz” de muchos, un espacio de encuentros casuales donde hombres gay (o no) experimentaron su vida sexual sin tapujos o miedo.

Hasta la fecha, después de las 22:00, el último vagón se convierte en el escenario secreto -pero no tanto- de los encuentros fugaces, intercambio de señales, teléfonos, caricias, besos e incluso momentos breves de placer entre usuarios.

Sin importar que este sea un lugar público, las personas que entran al último vagón en busca de algún encuentro clandestino o fugaz, tienen señales que son entendidas por otros usuarios y a veces con ello basta para que se concreten los encuentros casuales. Es decir, es como si tuvieran su propio lenguaje.

Este lugar no es el único espacio que históricamente se ha convertido en un espacio seguro o emblema para la comunidad LGBT ni el único donde se lleva a cabo el cruising, es tan sólo uno de muchos rincones de la ciudad que se volvieron parte de su historia, vida y sexualidad.

Cruising, el curioso fenómeno del que estamos hablando, es definido como “actividad de buscar y obtener sexo gay y anónimo en espacios público”. (Vía: TimeOut México)

¿Cómo y por qué surge en cruising?

En los años setenta y sesenta la homosexualidad era perseguida, castigada y considerada por la sociedad como algo inaceptable, por ello las personas homosexuales que experimentaban rechazo y discriminación debido a su preferencia sexual comenzaron a buscar o crear lugares en los que pudieran ejercer su sexualidad libremente, aunque algunos de éstos resultaron ser en espacios públicos o muy escondidos bajo una ola de clandestinidad.

Cuando la comunidad gay comenzó a apropiarse de determinados puntos públicos de la ciudad para poder vivir su sexualidad o tener encuentros casuales, distintos espacios como jardines y vagones del metro en horarios nocturnos se convirtieron en pequeños lugares donde podían sentirse libres y al mismo tiempo en peligro pues podían ser vistos o captados realizando alguna conducta o acto sexual.

Último vagón del metro, la “cajita feliz” de comunidad gay en CDMX. Imagen: Especial

A pesar de que en México el último vagón se convirtió en ese espacio que los usuarios usan para encuentros casuales o practicar el cruising, las autoridades lo cerraron el 2 de febrero de 2011 por orden del Sistema de Transporte Colectivo (STC), que argumentó lo hizo para evitar la delincuencia en horarios nocturnos y no por discriminación u homofobia.

Pero, ¿por qué estos espacios son clandestinos?

Respecto a ello, aunque para algunos el cruising es ya una modalidad que se realiza por gusto o experimentación, no todos lo viven de la misma forma, pues para algunas personas sigue siendo la única salida para experimentar con su sexualidad.

“Cajita feliz”, el último vagón del metro donde se practica el cruising. Imagen: Chilango

Incluso algunos viven su sexualidad en la clandestinidad porque no pueden hacerlo libremente, porque se sienten oprimidos por la sociedad o familia todavía, porque su situación no les permite ir a bares abiertamente gays o porque no quieren ser vistos; cada decisión es válida y entendible.

Entonces, ¿son libres realmente?

Quizá la aprobación del matrimonio igualitario en distintas entidades y gran parte del mundo sea un avance, tal vez la adopción homoparental y todas esas grandes luchas de la diversidad le hayan dado a la comunidad la llave a muchas puertas que les fueron cerradas pero, ¿son realmente libres?

Esa es una pregunta que tal vez el panorama de crímenes por LGBTfobia, la discriminación por orientación sexual o identidad de género podrían debatir, aunque de manera sencilla, quizá el seguir recurriendo a vivir en la clandestinidad quién eres -ya sea por decisión propia o no- es un síntoma de que la lucha sigue y es todavía muy larga.