Los ‘chistes’ homoeróticos de Putin y Trump demuestran que la homofobia es internacional

Bill Plymton, animador nominado tres veces al premio Oscar, lanzó una serie de caricaturas políticas con el nombre Trump Bites, estos hacen crítica a la figura del presidente, pero en su última entrega decidió tirarle a través de la homofobia.

Las primeras dos entregas muestran aun Trump obsesivo y al mismo tiempo pequeño, aunque con una actitud y personalidad que lo hacen ver más grande de lo que en realidad es. Desde su delirio de persecución, su megalomanía y su racismo y xenofobia son retratados a través de una animación un tanto grotesca, tal como Trump.

Sin embargo, el tercer capítulo de esta miniserie de animación terminó con la relación que existe entre Vladimir Putin y el presidente norteamericano, el que expresa una admiración un tanto exagerada, pero la forma de representarlo fue a través de una relación homosexual cliché, dotándola de un discurso homofóbico.

Antes de que comiences, Alejandro: sí, es homofóbico y, además, misógino. La idea que retrata este capítulo se apoya tanto de la misoginia y de la homofobia. Trump es representado como un homosexual con actitudes femeninas, al mismo tiempo que es visto como un sujeto débil y sin juicio frente a la figura masculina y fuerte de Putin.

Claro, el problema no está en lo que sucede, propiamente, dentro del video, sino en el discurso que maneja. De fondo se escuchan fragmentos de entrevistas y declaraciones del presidente estadounidense, donde casi alaba e idolatra la figura del mandatario ruso.

En una de ellas, explica que le gustaría ser como él, a lo que la entrevistadora le explica que Putin ha “asesinado periodistas que están en su contra”, a lo que el empresario responde que:

“Creo que nuestro país también realiza muchos asesinatos”.

Criticar estas declaraciones y la manera exacerbada en que Trump ve a Putin y la crisis humanitaria en Rusia es pertinente, es incluso necesario. Sin embargo, el animador simplemente decidió equiparar esta relación de la forma más simple y discriminatoria posible.

Dentro del contenido, vemos a un Trump débil como en los demás capítulos de la serie, pero a diferencia de los otros, aquí es débil por ser femenino, por sentir admiración por otro hombre, que es masculino, viril y fuerte; porque, claro, no puede haber demostraciones afectivas (incluso las enfermizas) entre hombres que no sea una a partir de atracción sexual.

Es peligroso equiparar la comedia a los discursos de odio. Es cierto que por mucho tiempo los humoristas han echado mano de estereotipos y clichés discriminatorios, sin embargo esto no significa que solo pueda existir a partir de ello.

Reconocer en el humor formas de dominación implícitas es reducir la comedia a un grupo y sector que, desde ese lugar, ocupa situaciones de grupos discriminados históricamente para fines simples como una crítica política a Donald Trump.

Parece que, para el animador, la homofobia es divertida y es graciosa cuando sirve a sus intereses, que en este caso es demerita a una persona que también es homófoba y misógina. Pero no: no lo es.

Con información de New York Times