Este miércoles, el Secretario de Hacienda y Crédito Público (SHCP) Carlos Urzúa hizo una declaración respecto al recorte al presupuesto…

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Este miércoles, el Secretario de Hacienda y Crédito Público (SHCP) Carlos Urzúa hizo una declaración respecto al recorte al presupuesto para estancias infantiles: señaló la posibilidad de usar el dinero que se otorga a las guarderías para dárselo, en su lugar, a las abuelas (sí, en femenino) que cuidan de sus nietos y nietas.

“El gobierno federal lo que hace es dar el dinero a las estancias infantiles, pero la secretaría lo que está diciendo que en lugar de darles el dinero a las estancias infantiles, o se les da a los papás y que ellos les den el dinero a las estancias infantiles, o a la mejor con eso se puede ayudar a la abuela que va a cuidar, mucho mejor, a los niños y niñas que las propias estancias infantiles”, dijo Urzúa.

A primera vista, la propuesta de Urzúa de pagar a las personas adultas mayores que realizan trabajo de cuidados representa un avance en la forma en que éste se percibe: como señala la socióloga Pilar Carrasquer, el trabajo doméstico no es una actividad natural que las mujeres llevan a cabo, sino un trabajo obligatorio y necesario para el propio capitalismo. De acuerdo con el INEGI, el trabajo del hogar, en el que está incluido el trabajo de cuidados, representa el 23.3% del PIB nacional.

Las mujeres se incorporaron al trabajo remunerado. Sin embargo, esto no significó dejar de hacer el trabajo de cuidados que históricamente ha recaído en ellas. Ante la ausencia de políticas que cubran el cuidado de niñas, niños, personas con discapacidad y adultos mayores, así como la falta de corresponsabilidad entre hombres y mujeres, han sido otras mujeres las que han ocupado ese lugar: la gran mayoría sin un salario ni derechos laborales.

Son las abuelas, en su mayoría, quienes históricamente han cubierto ese vacío, incluso cuando son ellas mismas, como personas adultas mayores, las que necesitan cuidados. Que cientos de mujeres cuiden a sus nietos no significa que la solución esté en endilgar ese trabajo en todas ellas: la responsabilidad principal está en el Estado.

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Imagen: INEGI

No obstante, Urzúa afirma que las abuelas van a “cuidar, mucho mejor, a los niños y niñas que las propias estancias infantiles”, lo que refuerza la idea de que el trabajo de cuidados es una actividad instintiva y natural cuyo espacio ideal es el privado y, de paso, contribuye a la estigmatización de las mujeres que deciden inscribir a sus hijos en una guardería: muchas veces se asume que son “malas madres” por delegar el cuidado en personas “desconocidas”.

Estudios revelan que cuando las estancias infantiles cumplen con los estándares de seguridad y cuentan con personal especializado, como debería ser en todos los casos, tienen efectos positivos en habilidades motrices y desarrollo del lenguaje de los niños y niñas. Las guarderías son benéficas para ellos. Por otro lado, no todos los padres y madres cuentan con familiares cercanos que estén dispuestos a desempeñar el trabajo de cuidados durante aproximadamente ocho horas diarias, cinco días a la semana.

Recorte a estancias infantiles afecta a más de 300 mil niñas y niños

El trabajo de cuidados, sí, debe ser remunerado incluso cuando es desempeñado por miembros cercanos de la familia. Sin embargo, las estancias infantiles son necesarias. El recorte al presupuesto responde a la corrupción que abundaba en ese esquema y niños y niñas merecen un espacio cuya prioridad sea su sano desarrollo y no el beneficio económico. La respuesta no está en retirar presupuestos a las estancias, sino en poner aun más atención en ellas.

Por Gabriela Castillo (@gabyzombie)