#Comicsgate, una campaña de odio contra la diversidad en los cómics

Gamergate, esa infame campaña de odio dirigida a mujeres en el mundo de los videojuegos, sobre todo hacia aquellas que se atrevieron a alzar la voz sobre el sexismo que impera en la industria, tiene ahora una ramificación igual de deleznable: #Comicsgate.

Hombres y mujeres que aman los cómics, trabajan en ellos y los conocen lo suficiente para luchar por más diversidad e inclusión, tanto en las historias como en los equipos detrás de ellas, son atacados por una comunidad misógina, homófoba y transfóbica a través de mensajes difamatorios, amenazas y acoso virtual.

El fandom puede llegar a ser peligroso cuando el odio se convierte en parte de su discurso. Parte de la comunidad geek se ha convertido en una tóxica y violenta, que usa su amor por los videojuegos o los cómics como excusa para atacar en grupo a quienes consideran una amenaza.

El año pasado, por ejemplo, los fans de Rick y Morty quedaron como unos tarados cuando la salsa Szechuan se agotó en McDonald’s y arremetieron violentamente contra los empleados (como si ellos tuvieran la culpa de que la cadena de comida rápida no calculara las cantidades). Y qué tal el berrinche que hicieron los fans de Iron Man cuando fue convertido en Ironheart: una guapa mujer afroamericana.

#Comicsgate, una campaña de odio contra la diversidad en los cómics

El caso de #Comicsgate es uno más complejo porque implica anonimato, pero también personajes dentro del mundo del cómic, que han iniciado una campaña de odio para detener la inclusión y la diversidad en Marvel y DC a través de acoso y amenazas. En un reportaje publicado el 22 de marzo, la reportera Rachael Krishna revela cómo opera #Comicsgate y quiénes son las personas en su mira: básicamente, todas aquellas personas de la industria que trabajen por hacerla más diversa e incluyente, a quienes llaman Social Justice Warriors como si eso fuera algo malo.

Entre ellas se encuentra Chelsea Cain, creadora de Mockingbird, cuyo discurso abiertamente feminista atrajo la atención de los trolls: la acosaron en redes sociales al punto de verse obligada a cerrar su propia cuenta de Twitter.

La última portada de Mockingbird
La última portada de Mockingbird

En la mira de #Comicsgate también se encuentra un grupo de chicas cuyo único crimen fue tomarse una malteada. El año pasado, unos días después del fallecimiento de Flo Steinberg, siete mujeres que trabajaban en Marvel decidieron salir juntas y beber una malteada en su honor. Se tomaron una selfie que publicaron en Twitter y, casi inmediatamente, fueron atacadas por hombres que no las consideraban dignas de trabajar en la industria.

Por supuesto que quienes apoyan #Comicsgate no aceptarían abiertamente que odian a las minorías y las perciben como una amenaza a las historias de hombres blancos y heterosexuales que hemos visto hasta el cansancio. Ellos aseguran que las feministas “no leen cómics”, que prefieren leer aquellos que no son escritos por mujeres o que necesitan “historias, no movimientos políticos”.

No obstante, es su propio movimiento el que convierte el tema en uno más político que nunca: cuando eres acosada y amenazada por detractores anónimos, ser mujer, afroamericana, lesbiana o con capacidades diferentes se vuelve un acto de resistencia.

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#Comicsgate ha llegado a crear ‘listas negras’ con nombres de personas que, consideran, son peligrosos para las historias que están acostumbrados a leer. En ellas hay hombres y mujeres como Aubrey Sitterson, criticado por las portadas de G.I. Joe lanzadas para conmemorar el día del orgullo LGBT y su personaje Salvo (una mujer afroamericana que, en la historia original, era un hombre).

#Comicsgate, una campaña de odio contra la diversidad en los cómics
Salvo

Los trolls no son solo aquellos personajes anónimos que organizan campañas de hashtags, sino personajes importantes en la industria. Es el caso de Ethan Van Sciver, quien ha trabajado en Marvel y DC en títulos como Green Lantern: RebirthNew X-Men, y WolverineVan Sciver tiene a sus pies una legión de fans tan leal que, cualquier persona que se atreva a criticarlo o cuestionarlo se vuelve el target de #Comicsgate.

Van Sciver lo sabe y lo usa a su favor, aunque él jure que la verdadera víctima es él. Ha sido señalado por apoyar la ideología nazi desde que publicó un sketchbook titulado My Struggle, en referencia a Mi lucha de Hitler, y por su trabajo con Jordan Peterson, ese escritor antifeminista tan admirado por grupos por los ‘derechos de los hombres’ y de extrema derecha en Internet. No obstante, ha promovido el acoso a Darryl Ayo y Kieran Schiach, quienes han señalado su discurso supremacista. (Vía: Buzzfeed News)

#Comicsgate, una campaña de odio contra la diversidad en los cómics
Rat Queens

Y a pesar de los millones de tuits, de las campañas con hashtags de odio y los videos de YouTube que las redes sociales no han sabido cómo manejar, existen héroes que enfrentan a #Comicsgate: la ilustradora Tess Fowler de Rat Queens aconseja y protege a quienes han sido atacados por ellos, así como Rosie Knight, quien también ha hablado públicamente sobre el uso de parafernalia nazi por parte de Van Sciver. Knight dice que han intentado atacarla muchas veces y revelar su información personal, pero no lo han logrado porque usa blockchain. ¡Tomen eso, #Comicstontos!

Los trolls afirman que lo único que quieren son ‘buenas historias, no propaganda’. Lo cual es paradójico, pues justamente los mejores cómics de esta década nacieron de la inclusión o, al menos, no reniegan de ella. Solamente entre los cómics de superhéroes, ahí está la nueva Thor y el último Green Arrow, Spider-Gwen y Wonder Woman, al menos desde la línea que fundó Azzarello hace unos años, y cuya adaptación fue de lo mejor que ha hecho DC en años.

Y, por supuesto, Saga, una space opera que sigue los pasos de una familia fugitiva y es, por mucho, el más sorprendente cómic de la década; y es 100% incluyente. 

Por: Redacción PA.