Y a todo esto ¿qué es el Internet de la Cosas y por qué es tan importante?

Durante el tercer debate entre candidatos para gobernar la CDMX, Purificación Carpinteyro protagonizó unas de las escenas mas extrañas al increpar a Claudia Sheinbaum sobre sus conocimientos en cultura digital, con especial énfasis en la Internet de las Cosas.

Claro, fue motivo de risas y burlas por la intensidad con la que la candidata del PANAL buscó que la exdelegada de Tlalpan respondiera, pero, realmente ¿qué es este tipo de Internet y por qué no viene en los paquetes de las compañías de telecomunicaciones?

Aunque Puri lo expresó como un término super complejo, en realidad no lo es tanto, pero sus implicaciones sí lo son y forman parte de una nueva forma de ver el mundo a partir de la digitalización del mismo.

Para hacerlo aún más simple, la Internet de las Cosas responde a todo aquel artefacto que en su nombre comercial tenga la palabra smart.

Televisores, teléfonos celulares, audífonos, relojes, tenis, tostadores… todo aquello que tenga conexión a Internet y sea capaz de compartir información entre sí sin un intermediario es parte de esto. (Vía: WIRED)

No parece presentar en absoluto nada complejo y, en realidad, está bastante bien que tu reloj sea un dispositivo que pueda facilitarte tareas operativas, como leer un mensaje de texto, o darte información de tu cuerpo como tu frecuencia cardiaca o los pasos que caminas al día.

La Internet, desde su existencia, consolidó una idea de interconexión que se ha ido agrandando conforme esta red tiene más nodos para disponer de ellos.

Por lo mismo, podemos ver a cada uno de esos objetos como uno más, salvo que están siendo utilizados por un individuo en particular para tareas que no son competencia de los dispositivos tradicionales (celulares y computadoras) y que recolectan y transmiten información de lo mismo.

Foto; Booz&Co

Por supuesto, como máquinas que requieren de algoritmos para funcionar, necesitan información para desempeñar sus tareas. Ya sea para mostrar tu frecuencia cardiaca o poner exactamente tu café a cierta hora, estos aparatos recolectan información que, finalmente, es enviada a través de Internet, pero que además comparten estos datos entre sí de manera autónoma, es decir: sin que tú se los ordenes.

El argumento de sus fabricantes siempre ha sido que esto es necesario, para brindar una mejor experiencia al usuario, personalizando enteramente cada artículo, que también tendrá que desarrollarse a través de las experiencias de cada uno que los use. (Vía: Hipertextual)

Esto significa que existen bases de datos hasta de cepillos de dientes inteligentes, que pueden medir cuánto tiempo tardas tu higiene bucal o qué tanta fuerza utilizas para el mismo fin; pero también cuáles son las rutas que haces a pie o cuál es el estado de salud de tu corazón.

Así mismo, estos aparatos se conectan entre sí, para brindar una experiencia más completa, y esto da pie a que muchas empresas lancen infinidad de aparatos que te darán un hogar que funcionará a cada paso que des para tu comodidad y gusto.

Las implicaciones de esto nos llevan a la protección de datos, porque aunque el ejemplo que más se ha usado son los wearables, como relojes, tenis o instrumentos de hogar como cafeteras, equipos de sonido, refrigeradores, esto también incluye automóviles o instalaciones enteras de energía eléctrica.

Rubén Vazquez, especialista en cultura digital, considera que este fenómeno es cada vez más común y que, aunque pareciera el inicio de una obra de Ray Bradbury, está presente en la vida y tiene riesgos implícitos, que pueden afectar la vida de los consumidores.

La más obvia, evidentemente, es que cualquier dato recolectado por estos objetos, que no tienen que esperar un comando para comunicarse, puede ser robado en cualquier momento.

Sin embargo, este es un riesgo que existe en cualquier conexión de Internet en que se compartan datos. Esta es una problemática que no depende de esta expresión de la Internet, pero que sí da pie, también, a otro riesgo, que nos recuerda a Cambridge Analytica.

Estos conforman bases de datos que pertenecen a cada compañía que pertenezcan. Al mismo tiempo, existen empresas que se dedican a la recolección de estos datos para ser vendidos a otras empresas con motivos de marketing.

En el caso de Facebook y Cambridge Analytica, lo que se hizo no fue ilegal, solamente es poco ético por cómo se le informa al usuario sobre el uso de sus datos, que muchas veces no es de forma clara.

“Si tienes un smartfridge y le autorizas que sepa que estás comiendo, eso podría hacer que tu refri le diga a una empresa de seguros de vida que estás comiendo pura porquería y así te pueden subir la paliza del seguro, basados en información que compraron de manera legal gracias al Internet de las Cosas”

El verdadero problema que enfrentan los usuarios con la Internet de las Cosas es qué tanto están delegando y autorizando para que sus datos de vida diaria sean usados con fines mercadotécnicos o… cualquier uso que una empresa que los compre pueda hacerlo.

Nuevamente, este fenómeno requiere de una regulación que actualmente se encuentra en un limbo legal, entre la autorización que han dado los usuarios, los contratos que otorgan a través de internet las empresas y el acceso a Internet en todo el mundo.

Si bien cada vez más cosas forman parte de redes que facilitan el uso de los mismos y convierten un hogar en un sistema personalizado, sigue existiendo controversia por la forma en que es aplicado en todo sentido.

Sinceramente, el día en que la empresa que hace los baños sepa que tienes e coli será bueno para tu salud, pero si eso se lo transmite primero a la farmacéutica o a tu unidad médica antes que a ti, ¿a quién le sirve más tu caca?