Internet: ¿un mundo aparte o una extensión de lo que vivimos a diario?

En 2003, Second Life debutó en su plataforma en línea y se convirtió en uno de los videojuegos más jugados en el mundo, logrando mostrar el impacto actual y futuro que tendría la Internet como un lugar.

Para todos aquellos que no son lo suficientemente viejos para recordar qué es este videojuego, era como un World of Warcraft o un League of Legends con gráficas pobres y un funcionamiento algo plano, aburrido y repetitivo… justo como la vida diaria, pero a través de una computadora. (Vía: Motherboard)

Este videojuego, a pesar de su mecánica, se convirtió en un gran éxito y agrupaba a grandes (grandísimas) cantidades de usuarios en su plataforma. ¿La razón? Presumiblemente que permitía recrear la vida diaria (o algo así), pero al gusto personal mediante avatares personalizables y moldeables a la aspiración de cada usuario, que no tenía que demostrar que en la vida real era un oficinista y no un motociclista rudo y aventurero como en Second Life.

En 2003 Internet seguía siendo simplemente una herramienta de oficina, pero comenzaba a detectarse su potencial tanto como mercancía y como una verdadera Super Red. Poco a poco, el modelo Second Life se hizo menos ficticio, menos videojuego, y más real, más natural y más fuerte.

La aparición de redes sociales fue lo que detonó todo este fenómeno. Se pasó de la interacción a través de mails, a la interacción directa, como una comunidad pequeña en tamaño pero grandísima en su demografía, algo así como el sueño húmedo de McLuhan.

Foto: Windows

Para seguir en la línea de McLuhan, toda tecnología desarrollada por el hombre actúa como una extensión de sí mismo, como un nuevo órgano o exterminad. Internet fungió como la extensión del ego, que aunque no es una particularidad física del humano, sí lo es de su constitución social y mental, y se consolidó como un espacio nuevo, carente de cuerpo pero no así de sustancia.

Espacios como MySpace, Blogger, ICQ, Messenger y las salas de chat comenzaron esta transformación mientras la tecnología computacional se hacía más accesible y, por supuesto, más mercantil. El uso de este espacio fue pasando del institucional al de los usuarios comunes, todo gracias al uso de estas redes, que transportaron, de una forma u otra, la convivencia diaria en el mundo físico al mundo digital.

Las líneas divisorias entre el mundo digital y real fueron desdibujándose hasta aceptar y construir un mundo que convive entre ambas. Facebook, lanzada en 2004, y Twitter, en 2006, simplemente son una condensación de ese gran proceso que terminó por asentar una sociedad de Internet, que no es más que la misma que vive fuera de él.

Esta misma razón convierte a la Internet en eso: un lugar. No por ser un espacio carente de materialidad pierde su validez como plaza pública. Es el equivalente a ir y gritar consignas al zócalo, salvo que, en muchos casos, puedes elegir el público al que se lo gritas (como en un acto de campaña).

La amplitud y la correlación que hacen los algoritmos en redes sociales, consiguen hacer de mensajes pequeños un gran obús de información que transita libremente por la Internet, muchas veces indiscriminadamente, muchas veces sin la autorización de quien lo emite.

Aunque esto suena a algo descontrolado, como un paraíso punk en código binario, es en realidad solo la suma de la (des)organización y la cohesión social existente en las diferentes sociedades. Un reflejo visibilizado por la capacidad de elección dentro de Internet.

Durante la Primavera Árabe, Twitter se convirtió en la herramienta de organización y difusión del movimiento, que logró sortear la censura y la poca posibilidad de encontrar puntos de reunión con una simple herramienta en línea. (Vía: El Financiero)

Esto, por supuesto, no fue lo que determinó la victoria de los manifestantes, eso dependió de otras variables mucho más complejas que la comunicación vía Twitter. Sin embargo, logró solucionar la censura y logró hacer que el mundo viera lo que sucedía minuto a minuto. La revolución no fue televisada, fue tweeteada, solo eso. Twitter no hizo nada, simplemente existir como lugar digital.

Claro, este es un ejemplo positivo, pero los lugares no tienen moralidad, así como tampoco los algoritmos (la tienen quienes los crean, pero el algoritmo es plano y solo una secuencia de comandos). Tenemos, del otro lado, Cambridge Analytica y Facebook. (Vía: Wired)

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Este caso no es único y tampoco es primigenio. Es icónico y es reciente. Lo que sucedió entre estas dos compañía también demuestra que las redes sociales tienen dueños y que esos dueños actúan de la manera en que un empresario requiere ver sus activos (en este caso datos e información de los usuarios): como mercancías.

La venta de información de más de cinco millones de usuarios con fines electorales a Cambridge Analytica despertó la discusión de la necesidad de la seguridad informática y de la protección de datos. Además de un juicio de la FBI contra Donald Trump.

Entre la Primavera Árabe y el caso de Cambridge Analytica y Facebook hay ochos años. En ellos, las redes solamente crecieron y la vida de papeles y trámites burocráticos con papeleos infinitos se mudaron hacia la red.

Con ello, por obviedad, se fueron datos e información de cada persona que está en Internet. No solo en Facebook, Twitter, YouTube y demás redes. También en las bases de datos de todas las empresas que utilizan la Internet de la misma forma.

No podemos olvidar, también, que la pretensión (illuminatti confirmed) de Facebook era “conectar a todo el mundo”. Conectarlo sí, ¿pero cómo? Su estrategia principal ha sido crear una red cada vez más absorbente, que hizo de la multiplicidad de Internet una red pequeña, muy similar a la de las reuniones de amigos y familia, pero en un mismo lugar.

No es buscar un prejuicio o encontrar al demonio en Internet. Esta red, por su construcción, es propensa a ser deshabilitada en cualquier momento (como durante la Primavera Árabe o con las restricciones en China y Corea del Norte). Es, simplemente, reconocer que el cambio digital está sucediendo, y este no exime al mundo real del mismo.

Así mismo, estar todo el día en Minecraft, LoL, Facebook, Twitter, Reddit, etcétera, no detiene el curso de la vida. Internet no es un standby, es una extensión del ese mundo que se puede tocar con las manos y no con un cursor.

Incluso, aunque convivas en este mundo a través de un avatar que se llama (digamos un nombre genérico) Alejandro Taboada, lo que compartas, escribas, publiques, elimines y demás, tiene un impacto real en la vida, porque Internet es parte de la sociedad y sus miembros.

Por Freddy Campos | @freddorific

Por: Redacción PA.