¿A ti también te molesta que los ‘socios’ de UberEATS descansen?

La tarde de ayer, un usuario de Twitter hizo lo que siempre se hace en Twitter: evidenciar a alguien por hacer algo. Hay veces que esas denuncias le dan voz a mujeres acosadas, otras en las que se denuncia abusos policiacos o del Estado… y hay otras, como ésta, en la que simple y llanamente hay quien es un culero:

Un tuit que simplemente acusaba a una persona de descansar entre servicios de entrega parece, superficialmente, nada más que una culerada, pero, como siempre, hay muchas cosas debajo y por entre la discusión que se llevó a redes: a pregunta expresa de un tuitero, Horacio respondió con un combo que vamos a tener que deshojar con cuidado:

¿Trabajar en una marca implica “representarla”? ¿uno puede representar una compañía que, porque te considera “socio” no te da ni prestaciones ni reconocimiento como empleado?; ¿es una “decisión propia” trabajar en una situación tan precaria como la que enfrentan los “socios repartidores”?

 

No emplear desempleados: ser socio y no trabajador

La “shared economy” fue, siempre, demasiado buena para ser verdad: la idea de que “aprovecharas” el tiempo que te sobra, el cuarto que te sobra y los asientos en tu auto que te sobren para sacar un poco más de dinero para las chelas del fin de semana debió de parecernos, desde un principio, una falacia de la que no teníamos escapatoria… y quizá por eso mismo preferimos no verlo.

En México, en este mismo momento, hay casi dos millones de personas sin empleo: dos.millones.de.personas. Cada una buscando un empleo, cada una con una historia diferente (pero bastante semejante). Según el Instituto Nacional de Geografía y Estadística (INEGI), en todo este año, los número se mantuvieron “estables”: a pesar de que el presidente anunció el incremento de empleos, éstos fueron los suficientes para que las personas que entran al mercado laboral llenen esas plazas. Va otra vez: dos.millones.desempleados.

Uno de los objetivos más claros que han tenido las autoridades locales y federales es “regular” el empleo informal: trabajos sin contrato, sin prestaciones, sin seguro y sin antigüedad, pero, sobre todo (para ellos) sin pago de impuestos. Según datos de la Secretaría del Trabajo y Previsión Social (STPS), 40% del Producto Interno Bruto viene de la informalidaduna informalidad que, según el neoliberalismo más canónico “no favorece a nadie”.

La falacia del “socio”

En la “shared economy” (apps como Uber, AirBNB, Rappi, Corner Store y otras tantas) no hay contrato, no hay prestaciones, ni siquiera reconocimiento de la empresa en la que trabajas: ellas se venden meramente como una “conexión” entre alguien que necesita un auto y alguien que lo tiene, entre alguien que necesita un cuarto y alguien que tiene uno “de sobra”, entre alguien que tiene hambre y hueva y un restaurante… y justo es en UberEATS donde esta “conexión” es más complicada de defender.

Los repartidores de UberEATS también son llamados por la compañía como “socios”: ellos no son dueños de los restaurantes, ni los medios: el porcentaje de comisión que “se queda” Uber por cada pedido que cumplen depende del transporte que utilice, y depende de los costos que, supuestamente, tiene que hacer el repartidor: si lo hace en auto, Uber se queda 20%, 25% si es una motocicleta y 30% con una bicicleta. (Vía: Uber)

En una economía estancada, en un mercado laboral que no crece, la idea de que una oportunidad de trabajo sea tomada “voluntariamente”… quizá sea sobresimplificar una necesidad que, quien “denuncia” simplemente no ha experimentado.

Uber y otras compañías se venden como empresas “sustentables” y conscientes, como una solución a un problema real (taxis, hoteles, mensajería, envíos…) en la que todos salen beneficiados. Ya han sido demasiados los escándalos de la empresa “madre” de UberEATS como para que sigamos comprándonos la imagen de que hay una idea amable detrás, sin embargo, la intención sigue vendiendo.

Seguimos creyendo que le debemos lealtad a las empresas en las que trabajamos, aunque éstas ni siquiera nos respeten como empleados; seguimos creyendo en esa frase de epitafio: “el trabajo nos hará libres” y, por ello, seguimos fielmente los estatutos de “lealtad” y “cuidado” a una empresa como antes lo hacíamos a una religión o a una postura política. (Vía: The Prophets of Capital, Aschoff)

¿Evidenciar es mejorar?

Lo más culero de evidenciar a un trabajador (que, técnicamente, ni siquiera lo es) es no querer ver todo lo que está mal con el mismo acto de evidenciar: cada uno de los derechos laborales que, hoy, han sido desarticulados porque no somos trabajadores, sino “socios”;  cada una de las seguridades sociales que fueron ganadas por luchas (violentas) entre los trabajadores y los capitalistas, hoy, se han convertido en dogmas religiosos para una época cínica.

Lo culero de denunciar a dos personas que tienen todo el derecho de descansar para que tú te quedes huevoneando en tu casa, es que no eres capaz de verte en un espejo y ver todo lo que has perdido.

 

*Para la redacción de esta nota, intentamos conocer la posición oficiar de Uber, pero nunca nos respondieron.