Lo peligroso de desestimar las denuncias de personas desaparecidas

En México hay más de 30 mil personas desaparecidas. En su mayoría, jóvenes. Los casos en los que se conoce el paradero de las personas extraviadas son escasos y las pocas que regresan con sus seres queridos enfrentan cuestionamientos que las revictimizan.

“Seguro andaba con el novio“, “Andaba de parranda”, “Qué falta de respeto para quienes sí están desaparecidos”. Porque, sí, hay quienes prefieren que una persona siga desaparecida a que aparezca con vida, en las circunstancias que sean.

Ése fue el caso con la aparición de la joven Giselle Vanessa, como evidencian algunos comentarios en la nota:

Este lunes, Natalia Espinosa de 14 años fue reportada como desaparecida por su familia. En redes sociales se compartieron fotografías de la adolescente como iba vestida esa mañana, junto con datos de su desaparición y de contacto.

Una vez que se supo que la joven estaba con su madre y que ambas se encontraban levantando una denuncia por violencia familiar (como lo aclaró la Procuraduría General de Justicia de la Ciudad de México en un comunicado), gente como Arne Aus Den Ruthen acusó a su familia de “jugar” con las autoridades y con las “personas de buena voluntad”:

Aún se desconocen las circunstancias que rodean la desaparición de la Natalia y las razones por las que ella y su madre interpusieron la denuncia. Sin embargo, un secuestro puede venir de quien sea, incluso de padres o madres.

Cuando una persona que no tiene la guarda y custodia sobre un menor, así sea su familiar, se trata de sustracción de menores, no de un “pleito de custodia”. Y es igual de grave. Tampoco es un juego acudir a las autoridades, menos aun cuando se trata de una persona menor de edad.

Desestimar una denuncia de desaparición no solo es cínico: también es peligroso para las víctimas.

En este caso, que “la niña” esté con su mamá no es garantía de nada. Catalogar las denuncias como “pleitos familiares” solo dificulta la persecución de un delito. Es una de las razones por las que, a estas alturas, la violencia familiar no se toma en serio y el feminicidio es tratado como “crimen pasional“.

Causa más indignación que se “juegue” con las denuncias y no el hecho de que una menor de edad sea presuntamente sustraída contra su voluntad. Porque, claro, prioridades. Afortunadamente, Natalia está bien. Las circunstancias de su desaparición se sabrán más tarde.