¿Por qué CDMX no debería de seguir el ejemplo de Río y su policía militarizada?

En el primer cuatrimestre del 2019, la policía militarizada de Río de Janeiro asesinó a 434 personas y todos los indicadores de violencia se han disparado, ¿la violencia es la única solución a la inseguridad?
Si no sabemos qué puede ocurrir en CDMX con la Guardia Nacional, hay que ver en Rio de Janeiro (Imagen: Reuters)

La semana pasada, en conferencias de prensa separadas, la Jefa de Gobierno, Claudia Sheinbaum, y Andrés Manuel López Obrador, anunciaron que siempre sí entrará la Guardia Nacional a la Ciudad de México. ¿La entrada de una policía militarizada a la CDMX es la solución a la violencia?

México y su propia policía militar(izada)

Desde el 2007, cuando Felipe Calderón arrancó la “Guerra contra el narco” y envió a la Policía Federal, Ejército y, posteriormente, Marina, a los focos rojos de los territorios de los cárteles, México ya ha reunido suficiente información sobre lo fallida que resulta una estrategia militar contra la violencia.

Por ello, cuando durante la campaña presidencial de 2017-2018, López Obrador habló de un cambio radical de estrategia, fue aplaudido y criticado: ¿amnistía?, ¿justicia reparativa?, ¿transparencia procesal?, ¿el regreso del Ejército a los cuarteles?

Sin embargo, la ilusión duró poco: la Guardia Nacional se conformó y desplegó antes de que fueran aprobadas las reformas constitucionales necesarias para su operación y, aún con una ley que obliga a que se respete su mandato civil, militares en activo o retirados son los titulares.

Esta policía militarizada es la que va a entrar a la Ciudad de México, primero sólo en cuatro alcaldías en un principio, para parar la ola de violencia que vive la capital, ¿pero no hemos aprendido lo suficiente con los últimos 11 años?

Brasil y su propia guerra contra el narco

Si los mismos ejemplos nacionales nos son insuficientes, quizá haya que voltear a Brasil, específicamente a Río de Janeiro: desde 2016, cuando la policía de Río de Janeiro cedió el control de la policía al ejército, la violencia ha aumentado y, ahora, con un alcalde y un presidente de extrema derecha, la crueldad contra la población más vulnerable no ha hecho más que dispararse.

La policía militarizada de Río ha sido señalada de ejecuciones extrajudiciales, violaciones, detenciones arbitrarias, extrema violencia y alteración de escenas del crimen.

En la favela Fallet/Fogueteiro, en febrero de este año, se les vinculó con la ejecución sumaria de trece personas. Mientras que las autoridades y los medios progobierno lo señalaron como un “operativo exitoso” en medio de una guerra entre dos pandillas rivales, los recuentos de los testigos y familiares de las víctimas dice una historia completamente diferente.

De acuerdo a investigaciones periodísticas, no había disparos, los presuntos pandilleros se rindieron inmediatamente y, luego, fueron acribillados por la policía militar. (Vía: The Guardian)

Jair Bolsonaro, presidente de extrema derecha de Brasil, ha prometido impunidad a policías

Entre el gobernador del estado de Río, Wilson Witzel, y Jair Bolsonaro, han prometido ampliar la capacidad de fuerza de la policía a través de reformas legislativas que legalicen que los policías usen fuego mortal contra “quien sea una amenaza” sin repercusiones legales.

En otras ocasiones, Witzel, ex soldado, ha dicho en eventos públicos que la policía debiera de usar francotiradores “para eliminar sujetos peligrosos” o que porten armas, al mismo tiempo de que tanto Witzel como Bolsonaro amplían el derecho de posesión de armas en el país y el estado.

Wilson Witzel y Jair Bolsonaro, aliados políticos de extrema derecha

Brasil es uno de los países más violentos de América Latina y, desde la administración de Michel Temer, se apostó por una policía militarizada para “garantizar” la seguridad en los centros urbanos más conflictivos.

Sin embargo, hasta el momento todo indica que la estrategia no funciona y que, como ocurrió en México durante el calderonato, son los grupos más vulnerables los que están pagando los costos de una estrategia más espectacular que efectiva.

De acuerdo a reportes de organizaciones internacionales de Derechos Humanos, 90% de los muertos por la policía desde 2016 son jóvenes afrobrasileños de escasos recursos. (Vía: RT)

¿Río podría ser una advertencia contra la militarización de la CDMX?

Sin duda el horizonte político de México y Brasil son diferentes: al menos en nuestro país no hay autoridades abiertamente promoviendo el asesinato y tortura de “criminales”.

Por el otro, México y Brasil sí comparten una agenda militarística clara que queda en evidencia tras la protesta masiva de policías federales y las críticas constantes contra el carácter castrense de la Guardia Nacional.

La Marina y el Ejército reúnen el mayor número de recomendaciones ante la Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH): entre 2006 y 2017, el 70% de las recomendaciones de la CNDH fueron entregadas a la Marina y al Ejército por violaciones graves a los derechos humanos.

La “impenetrabilidad” de la CDMX, quedó evidenciado, no fue más que una mentira, pero su condición de “pacífica”, quizá sí fuera real ya que ni el Ejército ni la Marina (hasta el operativo del 2018 que terminó con la vida del presunto líder del Cártel de Tláhuac) realizaron labores policiacas en la capital.

A pesar de los debates y discusiones en el Senado y un acuerdo multipartidista que aseguró una Guardia Nacional civil, la que entrará a la CDMX será militar o, por lo menos, militarizada.

En State of Insecurity, la filósofa Isabell Lorey escribe cómo las políticas contra el terrorismo y la inseguridad en el neoliberalismo no buscan, en realidad, acabar con ellas, sino normalizar y generalizar en toda la población la sensación de precariedad.

Una Guardia Nacional militarizada rondando las calles de tu colonia, deteniendo a quien sea sin procesos judiciales y violando el Estado de Derecho, ¿qué tan diferente es de la ocupación militar en Juárez en 2008 o de la guerra en las favelas brasileñas?