No es tan difícil de entender: en una marcha de mujeres no queremos protagonismos de hombres

¿Por qué los hombres deben marchar en la parte de atrás en una protesta organizada por mujeres? Porque en esas marchas somos las mujeres quienes tomamos el espacio público, ese que siempre está ocupado por los hombres, y porque no es necesario su protagonismo.

Porque, para quienes no conozcan los protocolos de estas movilizaciones, los contingentes mixtos van atrás.

Y porque cómo escribe Cynthia Híjar, “cada vez que quiera meterse a la cama de una compañera, cada vez que desee tocar a una mujer, cada vez que sienta la necesidad de dar una opinión que no fue solicitada, cada vez que quiera exigirle a otra mujer que haga algo que ella no quiere con un hombre, ya sea marchar, hablar o sonreír, por favor, recuerde: NO es NO. 

Vamos a suponer que fueron 5 mil personas a la marcha de ayer. De esas 5 mil, 4 mil eran mujeres: todas han sido acosadas, agredidas sexualmente o violentadas por un hombre; de esos abusos la mayoría ocurrieron en el espacio público, en la calle, posiblemente en esas mismas calles que recorrimos ayer. Entonces, ¿por qué también tendríamos que soportar la violencia de los hombres en una marcha contra la violencia que ejercen los hombres?

Resulta absurdo que las mujeres que decidieron sacar a un hombre de un contingente separatista ahora tengan que defender su actuar y justificar su defensa ante la misoginia de la sociedad. ¿Es que no podemos exigirle a los hombres que respeten nuestros espacios de resistencia?

Es nefasto que, al final, la atención de la marcha se volcara en las lágrimas de un hombre y no a la indignación de miles de mujeres que salimos a protestar. 

Y que cuando salimos a protestar aún tengamos que lidiar para que amigos, hermanos, compañeros de trabajo, padres logren comprender que su machismo no va al frente de nuestra movilización.  

Como bien lo describe Siobha F. Guerrero, la intención de acompañar siempre será bienvenida pero no el “contravenir con acciones individuales el actuar colectivo”.

“Supongamos que hay una marcha por Ayotzinapa, […] ¿Qué pensaría usted de alguien que desea ocupar un puesto junto a los familiares o sobrevivientes pero que no vivió la misma experiencia? ¿Qué pensaría de alguien que vivió la experiencia de manera mediada por la prensa y que no lo sufrió de manera personal pero que se arropa en ese duelo y clama un lugar junto a los que sí lo vivieron así?“, expresa Siobhan F. Guerrero, investigadora en el Centro de Investigaciones Interdisciplinarias en Ciencias y Humanidades de la UNAM. (Vía: Facebook)

 

Más adelante, Siobhan pone el cuestionamiento en esta forma, a veces, inmediata de apropiarnos del dolor del otro, de enunciar que “todos somos” esa muerte, violencia o duelo y remarca cómo “todas las violencias están segmentadas y como no las vivimos de la misma manera”

Por lo tanto, cuando se le pide a los hombres que marchen en contingentes distintos es porque sus cuerpos no han sido violentados como el nuestro. Fingir que realmente comparten el miedo o la indignación es menospreciar la experiencia de quienes sólo por el hecho de ser mujeres nos agreden. 

 

Hebzoariba Hernández Gómez