En dos semanas, en las elecciones francesas se define el futuro de Europa

La siguiente elección que tiene la atención del mundo es la francesa. Tras la victoria de Donald Trump en noviembre del año pasado y la derrota de su símil neerlandés, Geert Wilders el mes pasado, todo está “en el aire”: ¿el lenguaje de odio y xenofobia de la derechista Marine Le Pen, del Front National ganará, o el candidato de centro-izquierda, Emmanuel Macron, nominado por un partido  que, con menos de un año de vida, está en los primeros lugares de las encuestas? (Vía: El País)

Lo que pase en Francia importará no sólo para el país europeo, sino para la estabilidad política y económica del continente completo: de ganar Le Pen, podría dispararse la separación de Francia de la Unión Europea y la ultra-derecha alemana, austriaca y noruega (todas con una presencia cada vez más visible en el campo político de sus países) podrían tener un “segundo aire”, que reforzaría la presencia de un lenguaje de odio que se ha ido naturalizando en medio de la peor crisis de refugiados y exiliados que el mundo haya conocido desde la Segunda Guerra Mundial. (Vía: The Guardian)

Marine Le Pen, candidata de Front National

El sistema electoral francés era, hasta estas elecciones, una máquina efectiva y bien aceitada: desde los 50 del siglo pasado, bajo el gobierno del general Charles De Gaulle, se ideó un sistema de votación de dos “vueltas”: en la primera votación (que se realiza siempre en la última semana de abril), se eliminan a los candidatos “menores”, y en la segunda (a mediados de mayo), los dos con más votos en la primera vuelta se enfrentan.

Los franceses han adoptado una expresión para este sistema: votar primero con el corazón y luego con la cabeza, y el sistema ha resultado efectivo para aislar y eliminar cualquier candidato que pudiera significar una “amenaza” para el status quo: desde comunistas radicales hasta, en dos ocasiones, el padre de Marine Le Pen, Jean-Marie. (Vía: El País)

Emmanuel Macron, candidato de Á la Marche!

El candidato puntero, Macron, podría parecer el candidato ideal: no sólo es joven (tan sólo tiene 39 años), también tiene estudios filosóficos, comprende el peso de la historia colonial de Francia en el mundo, como financiero, ha comentado en diversas ocasiones de la necesidad de regular la banca para evitar una crisis como la que vivimos en 2008 y, en general, si bien no ha ocupado un puesto de elección popular, su “distancia” con la clase política lo pone en una posición cómoda desde la que puede atacar sin ser acusado de dispararse en el pie.

Sin embargo, sus estudios y su carrera burocrática poco tienen de progresivos o radicales: estudió en las escuelas de donde han salido la mayoría de los políticos neoliberales franceses, trabajó cerca de, por lo menos, dos presidentes y tres primeros ministros, y su labor como Ministro de Finanzas no sacó a Francia del estancamiento económico que ha llevado a que, hoy, 10% de la población se encuentre desempleada. (Vía: Jacobin)

En otras ocasiones, cuando un candidato con el empuje de Le Pen llegaba a la segunda ronda de votaciones, los partidos “tradicionales” hacían un bloque para impedir su victoria. Esta vez, todo parece indicar que Macron y Le Pen ocuparán esos dos sitios, y sería la primera vez, desde la instauración de la quinta república francesa, que ninguno de los “tradicionales”, el Partido Socialista y Los Republicanos, llegarán. (Vía: Reuters)

¿El encanto de Macron bastará para mantener unida a Europa?

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