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Lo público y lo privado: Drag queens y transexualidad en México

¿Qué pasa con una manifestación de resistencia política cuando se relaciona con marcas?, ¿acaso pierde validez?
Lo público y lo privado: Drag queens y transexualidad en México. (imagen: Twitter)

 ¿Por qué se acepta, se disfruta e inclusive se vive el Drag queen con tanta pasión en la CDMX, pero cuando se trata de defender o politizar los derechos de la comunidad LGBTTIQA, y, en específico, de la comunidad trans no hay nadie?

No se trata de un fenómeno aislado, todo mundo asiste a los espacios seguros para la comunidad, vive el sueño y se la pasa chido, pero cuando se trata de apoyar: sorpresa, sorpresa, no hay alguien.

Parece que la comunidad LGBTTIQA se ha convertido en un producto de consumo, antes que un espacio seguro o una familia que permite vivir fuera de prejuicios e imposiciones.

En este sentido, basta ver cómo la comunidad heterosexual, empresas y proyectos dicen ser aliados de la comunidad para redituarse o vivir el sueño por un rato. Después, se alejan y con su partida se marcha también el entendimiento, la ayuda y la politización de la comunidad.

Por una parte, la publicidad le permite a la comunidad adueñarse de espacios públicos y poblar la cotidianidad, no obstante, esta visibilidad tiene un precio: estereotipos, prejuicios, imposición de valores y la comprensión a medias.

Un ejemplo claro son algunas cantantes o grupos musicales que inspiran sus canciones en “temas LGBTTTIQA” o contratan a las drag queens para la elaboración de videos musicales.

Sin pensarlo mucho, podríamos pensar que esto es normal o inclusive bueno para la visibilización; sin embargo, cuando estas actividades no conllevan el apoyo a largo plazo para la comunidad, sólo son un proceso de mercantilización de la misma.

Diversas marcas de cosméticos, clínicas de depilación, aplicaciones de transporte, marcas de ropa se pintan de la bandera de la diversidad todo el mes del pride. Por su parte, la sociedad consume shows como RuPaul’s Drag Race, Drag Queen Story Hour,  La  Más Draga, se divierte con el voguing  e inclusive asiste a los shows de diversas drag queens para tomarse y subir una foto para Instagram.

En este sentido, las personas son flexibles y disfrutan de los personajes que las drag queens pueden crear no sólo bajo el aspecto femenino, sino en cualquier extensión cultural e interpretativa.

Pero cuando se pasa del travestismo a la identidad de género y la transexualidad ¿qué ocurre?, ¿por qué aceptamos la teatralidad y el espectáculo público, pero no la libertad de vivir de la manera que cada uno cree correcta?

Se olvida que el drag y el vogue tienen un trasfondo cultural y político que busca romper los límites impuestos por los roles de lo femenino y masculino. Explora la feminidad a través del baile,y ofrece un hogar en el que bajo la figura de la madre, personas trans, lesbianas y gay expresan su identidad de forma libre,es una forma de defensa,tal como lo enuncia el lema de la Marcha del Orgullo de este año: ser es resistir.

¿Qué pasa con una manifestación de resistencia política cuando se relaciona con marcas?, ¿acaso pierde validez? 

¿Sólo existe el binomio mujer/hombre?

Aunque gays, lesbianas en inclusive bisexuales se relacionan con el voguin fue la cultura trans quien impulsó las casas, comunidad que ha sido invisibilizada y rechazada tanto por la sociedad como por otros movimientos sociales.

Una persona transexual es aquella cuyo sexo biológico no corresponde con su identidad de género, por lo que se identifica con otro.

En algunos casos se tiene el deseo de alinear la identidad de género con el cuerpo, por lo que se someten a tratamientos hormonales y operaciones; sin embargo, hay quienes no sienten ese deseo y no por ello dejan de identificarse como hombres y mujeres trans. Es decir, su genitalidad no define ningún tipo de comportamiento, deseo o forma de ser.

Lo que puede ser un hecho sencillo de enunciar, para la sociedad parece ser un crimen que va en contra de la naturaleza. En este sentido, una persona trans no sólo tiene que lidiar con la disforia de género, sino con la dificultad de acceder a tratamientos hormonales, operaciones o inclusive el cambio legal de su identidad.

La calidad de vida de una chica trans oscila entre los 30 y 35 años debido a diversos factores causados tanto por la discriminación como por la falta de un marco legar que las proteja:

  • Precarias condiciones de salud
  • Falta de empleo
  • Crímenes de odio
  • Discriminación a nivel legal

Una persona trans se enfrenta en primera instancia a una sociedad que para reasignarle su identidad de género la somete a diversos exámenes psiquiátricos, fuera de la CDMX claro está. En cuanto a su preparación académica y profesional, muchas personas trans no pueden ejercer debido a que sus papeles de grados académicos no corresponden a su identidad de género, lo que retrasa su entrada al mundo labora, cuando sí se les quiere contratar.

Según CONAPRED, tres de cada 4 personas trans considera que en México no hay establecimientos públicos de salud adecuados para personas LGBTIIIQA. Así mismo, el 46% de las mujeres trans y el 44% de los hombres transexuales denunciaron diversas dificultades para tener un servicio médico de calidad.

También podemos mencionar los casos en los que miembros de la comunidad transexual son sometidos a procesos penales que no consideran su identidad de género, es decir, son juzgados mediante una identidad que no es la suya. Sin embargo, esto es algo que prefiere ocultarse o dejarse de lado, un reclamo que sólo es visible durante el Mes del Orgullo cuando todos son inclusives y defensores de la causa, ¿no?

La comunidad es aceptada cuando es consumible

La comunidad LGBTTTIQA  es aceptable cuando puede convertirse en un producto promocionable, consumible y redituable, porque de esa manera se deja de lado la lucha política y social que conlleva, de manera que es más amigable y poco comprometedor para aquellos que se suben al tren en “apoyo a la comunidad”.

Es muy fácil verlo cuando diversas marcas se involucran en la Marcha del Orgullo, hacen campañas o se declaran abiertamente ‘amigables’ con las personas gay, lesbianas, trans, bisexuales, queer, etc. Sin embargo, no promueven políticas públicas que dignifiquen la vida de las mismas. Muchos están a favor, pues argumentan que la visibilización es lo mejor, otros piensan que convertirse en un producto de consumo poco ayuda a la comunidad. 

También podemos observarlo en los personajes LGBTTTIQA públicos, se trata de personas que no trasgreden demasiado los límites, que son bonitos para mirar en conferencias, charlas o inclusive programas de televisión, no hace falta mencionar que tienen cierto color de piel y que, algunos,  pertenecen a cierta clase social que les permite moverse con más flexibilidad.

No se trata de la exclusión o creer que la comunidad LGBTTTIQA sólo es un producto de consumo y que la comunidad heterosexual no puede integrarse o ayudar porque eso no es verdad. Simplemente se trata de reconocer que aún quedan muchos temas en el aire para ser discutidos, la marcha es un lugar de fiesta, carnaval, pero también es un acto de resistencia y lucha. 

Ser libre y aportar a la libertad de otros nos hará complementarnos y crear una sociedad más abierta, incluyente y respetuosa, al fin y al cabo en un lugar que lucha por oprimirnos, nuestra única venganza es ser felices.