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La llamada Trump-EPN, o ¿qué se siente negociar con un sociópata?

El diario estadounidense Washington Post logró hacerse con las transcripciones de las llamadas que, el 27 de enero de este año, hiciera el presidente Donald Trump con Enrique Peña Nieto. Ahora sí podemos saber exactamente qué se dijeron.

Entonces, corrieron rumores de que Trump había amenazado con enviar al ejército, que había exigido el pago del muro y que, en general, el presidente mexicano había quedado muy mal parado. Trump apenas llevaba siete días en el puesto y ya había dado varias señales de lo que vendría de su presidencia; entre ellas, la firma de una orden ejecutiva para la construcción del muro que no tenía presupuesto, que no tenía un plan y que tampoco tenía apoyo en los estados fronterizos.

Una llamada entre Trump y Peña Nieto promete sólo cosas chuscas, ¿no? Frases incoherentes, comentarios aleatorios y amenazas vacías de ambas partes, pero, para sorpresa de todos, la estulticia de Trump es tanta que hace parecer a Enrique Peña Nieto todo un estadista: sí, no es broma.

Trump va y viene entre amenazas, regaños y presumir de su victoria en New Hampshire (aunque sólo ganó en la votación republicana, pues Clinton ganó el estado en la presidencial), pasa de cumplidos, promesas y palabras bonitas a una indirecta sobre lanzar al ejército estadounidense a nuestro lado de la frontera.

Lo peor de todo es que es un comportamiento al que todo el mundo se ha acostumbrado: Trump amenaza, regaña y dice estupideces a cada rato, no es capaz de construir una oración compleja y su forma de “negociar” es ser un berrinche con patas para lograr lo que quiere… y justo porque nos hemos acostumbrado es que puede seguir haciendo, hoy, seis meses después, todo lo que quiera.

De nuevo: ¡PEÑA NIETO SE VE INTELIGENTE A COMPARACIÓN! En el primer comentario largo que tiene el presidente mexicano, se lanza a comentar sobre el muro y el narcotráfico, está a punto de soltar una exigencia y una crítica a la política estadounidense pero tiene que “darle la vuelta”:

Déjeme decirle, señor Presidente, que ésta no es una diferencia personal. Esto no tiene que ver nada con usted personalmente, señor Presidente. (Vía: Washington Post)

Trump, aunque no parezca nada más que un cheeto con panza, es bastante hábil para las negociaciones… para ese tipo de negociaciones, en las que la violencia va sobre cualquier acuerdo. Amenazar, decir cosas entre líneas y asegurarse de tener (al menos en el discurso), siempre el terreno elevado forma parte tan esencial de la negociación de Trump como las frases aleatorias y “honestas” que sacan del terreno cómodo a su interlocutor.

Después de que la conversación se distrajera hacia acuerdos comerciales y cómo México ha tratado “injustamente” a los Estados Unidos desde que se aprobara el TLCAN en 1994, Trump gira la conversación hacia la frontera, el muro y el narcotráfico. Para él, frenarlo forma parte de una promesa de campaña (aunque no entienda bien por qué o cómo hacerlo):

Tenemos un problema enorme de drogas, porque hay niños que se están haciendo adictos a las drogas, porque las drogas están siendo vendidas más baratas que dulces porque hay demasiadas drogas. Entonces, tenemos que tumbar eso. Y yo sé que es un grupo duro de gente, y quizá tus militares tengan miedo de ellos, pero nuestros militares no le tienen miedo, y te vamos a ayudar al 100% porque está fuera de control – totalmente fuera de control. (Vía: Washington Post)

Esa misma línea que la Secretaría de Relaciones Exteriores negó que existiera, esa amenaza para nada velada del envío de tropas estadounidenses a México existió y, a siete días de haber entrado en la Casa Blanca, Trump no sólo estaba siendo el orangután favorito de los racistas, sino que estaba, también, dejando en claro la línea que su gobierno seguiría para con el país.

Una última cosa que podemos sacar en conclusión tras leer la llamada completa (además de la sorpresa que seguimos teniendo por escuchar a un Enrique Peña Nieto coherente) es la enorme importancia que Trump le da a su imagen pública: todos los temas discutidos, todas las propuestas giraban alrededor de cómo “lo iba a hacer ver”.

Una y otra vez, Trump le insiste a Peña Nieto que deje de decirle a la prensa que México no va a pagar por el muro, pues “no puede vivir con eso”:

Yo no voy a tratar el tema del muro, pero cuando la prensa lo traiga a colación, yo les diré “ya veremos cómo va – déjennos ver cómo va funcionando con México” Porque, desde un [punto de vista] económico, es la cosa menos importante de qué hablar, pero psicológicamente significa algo… entonces, digamos “vamos a trabajar en ello”. Y si quieres hacerlo, entonces regresamos a la mesa de negociación con Jared [Kushner] y Luis [Videgaray]. Y estoy seguro de que ellos van a lograr algo que sea bueno para las dos naciones, y, obvio, será una cosa positiva.” (Vía: Washington Post)

Trump sabía que no podía exigirle a México el pago de algo tan inútil como estúpido, pero sabía, también, el golpe de imagen que le llevaría aceptarlo, y si algo sabemos del presidente de los Estados Unidos es que la imagen lo es todo.

Pocas horas después, el neoyorkino tendría una llamada telefónica bastante agresiva con el Primer Ministro australiano.