La risa como instinto primitivo: ¿por qué nos reímos?

El acto de reír es tan difícil de controlar que en 1962 se registró una epidemia de risa en un país de África
(Imagen: Captura de pantalla)

En 1962, se desató una extraña epidemia en el pequeño pueblo de Kashasha, Tanzania, en África oriental. No fue una enfermedad devastadora ni los efectos de alguna toxina en el medio ambiente. Se trató de una epidemia de risa. Leíste bien: una epidemia de risa.

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Los reportes originales, de acuerdo con investigadores, están sumamente exagerados y no resuelven a ciencia cierta qué fue lo que provocó esta epidemia. Lo que sí saben es que comenzó en una escuela. Un grupo de estudiantes comenzó a reírse –se cree que por un chiste– y estas risas se contagiaron por toda la escuela. Cuando los padres de familia llegaron por sus hijos, también se contagiaron. Este fenómeno se extendió por el pueblo y luego brincó a otras comunidades.

No se tiene certeza sobre cuánto duró esta epidemia, pero se estima que al menos pasaron seis meses antes de que se detuviera.

“Algo pasó en Tanganica [ahora Tanzania]. Las mala noticia es que no tuvo nada que ver con el humor. No hubo alegría. La risa solamente fue uno de los muchos síntomas”, dijo el doctor Christian F. Hempelmann, de la Universidad Purdue, en Estados Unidos, al Chicago Tribune.

El investigador explicó que la gente presentaba síntomas de ansiedad. Estos iban desde dolores y desmayos hasta problemas respiratorios y sarpullidos. Así como la gente se reía, también lloraba.

¿Por qué nos reímos?

Lo que ocurrió en Kashasha, de acuerdo con la comunidad científica, fue una Enfermedad Psicógena Masiva (EPM). Este tipo de padecimientos ocurren cuando hay un estrés compartido entre la población. En ese entonces, Tanganica recién había conseguido su independencia y el estrés estaba muy elevado entre los jóvenes debido a las expectativas de los mayores.

“Es más común de lo que se cree. Usualmente ocurre en una escuela o en un lugar de trabajo cuando la gente se encuentra en una situación estresante y no tienen el poder para salir de esta”, agregó Hempelmann.

Existe la ilusión de que la risa es algo que podemos controlar, que elegimos cuándo reír, explica el doctor en neurociencia Robert Provine, de la Universidad de Maryland, a The Atlantic. Pero no, es un acto involuntario.

Provine comenzó sus estudios sobre la risa hace 20 años y descubrió que la risa es mucho más que ver algo que nos pueda parecer chistoso. Para empezar, señala, la risa social es 30% más frecuente que la risa cuando estamos solos. Esto significa que cuando reímos con otra persona, la relación que existe con esta es lo que nos lleva a las carcajadas y no los chistes que puedan hacer.

“En nuestra sociedad de ‘sentirse bien’ siempre se asocia la risa con cosas positivas, dejando de lado que la risa también tiene un lado oscuro. Es bueno reírse con amigos, familia y nuestra pareja, pero puede ser doloroso o incluso peligroso si nos reímos de alguien o se ríen de nosotros”, señala Provine.

A lo largo de la historia se ha buscado por qué nos reímos y, según Provine, que incluso se ha buscado el control sobre este acto. Por ejemplo, el investigador explica que en la Antigua Grecia se buscaba comprender la risa porque se entendía que esta podía significar fuertes cuestionamientos al aparato estatal.

No es un acto que podemos controlar, dice Provine.

Cuando hablamos de la risa, agrega el doctor, estamos hablando de cuestiones muy primitivas y poderosas en el ser humano.

“En los niveles más simples, cuando te ríes, cuando escuchas a otras personas reírse, esto indica que tienes un programa neuronal para repetir ciertas cosas que ocurren en tu presencia. Pero eso es extraordinario. Creo que es más que una curiosidad. Significa que heredaste un cerebro que causa que imites ciertas cosas que ves”, explica Provine.

Los efectos de la risa

Se suele pensar que la epidemia de la risa de 1962 en Tanzania fue un ataque de carcajadas masivo que no se detuvo durante meses. Pero no fue así. Era una epidemia donde la risa iba y venía.

Hempelmann explica que es un reflejo que aplica mucha presión sobre nuestro cuerpo. De hecho, señala, una persona no se puede reír por más de 20 segundos sin que su cuerpo empiece a sentir dolor.

Si bien el incidente de Kashasha fue uno asociado con el estrés y el dolor, la risa sí suele tener un impacto positivo sobre nuestro cuerpo.

De acuerdo con la Clínica Mayo, en Estados Unidos, la risa puede ayudar a reducir la presión sanguínea y quitar el estrés. También deriva en la relajación de los músculos, así como mejorar las defensas del cuerpo contra infecciones y libera endorfinas y serotonina, las cuales llevan a un mejor ánimo.

Investigadores saben que la risa no es algo que podemos controlar y lo que para unos resulta gracioso para otros no amerita ni una sonrisa. Ya sea que te guste La familia P.Luche, Cantinflas o los memes que vemos en nuestras redes sociales, eso depende de cada uno de nosotros y nuestra reacción individual.

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