¿El uso de ‘fuerza mortal’ protege a la policía… o a la ciudadanía?

En una entrega de nuevas unidades para el Escuadrón de Rescate y Urgencias Médicas (ERUM) y para la Secretaría de Seguridad Pública (SSP-CDMX), el Jefe de Gobierno de la Ciudad de México, José Ramón Amieva anunció que la policía capitalina “hará uso de la fuerza mortal” para repeler agresiones de delincuentes.

La violencia en CDMX: ¿Qué está pasando con el narcomenudeo en la capital?

La violencia en la Ciudad de México se ha incrementado, no sólo es una cuestión de percepción, sino de cifras: los crímenes de alto impacto, como el secuestro, las lesiones por arma de fuego y el homicidio doloso han aumentado de acuerdo a los mismos números de la Procuraduría General de Justicia de la Ciudad.

De acuerdo al Observatorio de Seguridad y Justicia de la Ciudad de México (OCMX), los índices delictivos y de violencia serán los más altos desde 1997 y no hay indicios de que los indicadores vayan a bajar. (Vía: La Silla Rota)

Un incremento de violencia generalizado incluye que se incremente la violencia contra la policía. De acuerdo a cifras no oficiales, en lo que va del año han muerto 10 policías y 12 han resultado heridos en el cumplimiento de sus funciones.

En respuesta a esta alza de violencia contra los policías es que, aparentemente, el jefe de gobierno insinuó que a partir de ese discurso se “permitirá” el uso de “fuerza mortal” en enfrentamientos. (Vía: El Universal)

El problema es que esa “fuerza mortal” ya estaba prevista en la Ley que Regula el Uso de la Fuerza de los Cuerpos de Seguridad Pública del Distrito Federal (sí, se seguía llamando Distrito Federal cuando se aprobó), específicamente en el artículo 12:

El Policía sólo empleará armas de fuego en defensa propia o de otras personas, en caso de peligro inminente de muerte o de lesiones graves, o con el propósito de evitar la comisión de un delito particularmente grave que entrañe una seria amenaza para la vida o con el objeto de detener a una persona que represente ese peligro y oponga resistencia o por impedir su fuga, y sólo en el caso que resulten insuficientes medidas menos extremas para lograr dichos objetivos.” (Vía: ALDF)

CDMX se está llenando de mensajes y ejecutados

Ese artículo no sólo es vago en cuanto la definición de “peligro inminente”, elide todo contexto respecto a la respuesta violenta de la policía: ¿se permitiría utilizar esa misma fuerza en una manifestación?, ¿sólo será el policía quien determine qué es “peligro inminente” y, en caso de mal juzgarlo, quién juzgará y cómo al policía?

En otros países, Estados Unidos, por ejemplo, queda cada vez más claro que esta licencia del uso de “fuerza mortal” genera más problemas de los que soluciona.

‘Defender su espacio’: la violencia policiaca en Estados Unidos

Estados Unidos no tiene un conteo claro ni oficial del número de muertes a manos de la policía. Esto se debe a múltiples motivos: desde que no hay una coordinación estatal ni federal de las fuerzas policiacas, hasta la forma como se procesa, de acuerdo a cada estado y condado, los enfrentamientos policiacos.

The Guardian documentó todo el 2015 y 2016 y trató de reunir todas las instancias en las que se registró una muerte violenta a manos de la policía de algún civil: mil 146 en 2015 y mil 93 en 2016. Las poblaciones indígena americana, afro americana y latina fueron, proporcionalmente, las más golpeadas por la violencia policiaca.

Las historias de cada caso son diferentes: a veces se trató de un enfrentamiento directo, otras de un sospechoso mal identificado, pero otras, los casos más mediáticos, fueron asesinatos que no tuvieron alguna justificación, pero tampoco castigo para los policías juzgados.

En 2014, el mismo año en el que desaparecieron los 43 estudiantes de Ayotzinapa, Michael Brown fue asesinado en las calles de Ferguson, Missouri. Su muerte y el juicio al policía que disparó generó un movimiento que, hasta el día de hoy, se ha mantenido crítico y en resistencia a la violencia policiaca: #BlackLivesMatter.

Autoridad y sociedad

Dejar en la subjetividad (a veces entrenada, a veces no) de un policía la violencia de su respuesta ante un hecho delictivo o, más bien, presuntamente delictivo, no sólo da pie a que sea evidente el racismo sistémico de las instituciones policiacas, sino que no soluciona los problemas de la policía con la comunidad que protege y, también, vigila, como señala Mark O’Mara. (Vía: CNN)

El entrenamiento y guía que obtuvo la policía capitalina de Rudy Giuliani, exalcalde de Nueva York, en el 2002, modificó la estrategia de seguridad de toda la SSP y la introdujo a mecanismos y estrategias que, si bien “controlan” en una primera instancia las tensiones sociales, económicas y, también, criminales, a la larga se ha demostrado cómo generan tanta tensión entre la autoridad y la sociedad que vigilan que, casi inevitablemente, estalla en revueltas, aumento de violencia y falta de cooperación con la autoridad. (Vía: Robin D.G. Kelley, “Thug Nation: On State Violence and Disposability”)

Estas preguntas sólo se hacen más complejas en México, en un país en el que ha quedado demostrado una y otra vez cómo la policía no opera en pos del Estado de Derecho, sino, en muchas ocasiones, para grupos de la delincuencia organizada.

La ‘licencia para matar’ que tendrían (que, de hecho, ya tienen los policías capitalinos pero no ejercen), ¿se extendería, además, a los grupos delincuenciales con los que a veces colaboran?, ¿a quién le estaría dando José Ramón Amieva la última palabra sobre la vida y muerte de los capitalinos?

Por: Redacción PA.