Fake News son un problema de lectura, no de tecnología

Difundir información falsa no es sólo culpa de quien la hace, sino de quien la comparte sin corroborar
El problema con las fake news radica en no leer y no en la tecnología. Imagen: Especial

Las noticias “fake” o falsas se han convertido en uno de los males de la era digital, pues ante la saturación de información, los ciudadanos han dejado de pensar críticamente sobre las cosas.

La educación informativa está muy lejos de aparecer en el temario de las escuelas. La desinformación y las falsedades digitales se han apreciado por los medios como un negocio; para la gente es un motivo de burla o simplemente un hecho que no necesita comprobación.

Tras la difusión de las noticias falsas se encuentra el hecho de que la sociedad actual prefiere la inmediatez por encima de la validación de la información.

También ha sustituido la lectura precisa por la pseudo comprensión. Ello ha derivado en falta de interés en la verdad, conflictos por mal interpretaciones y un escaso uso de la investigación.

A los niños de ahora sólo se les enseña a confiar en lugar de aprender por su cuenta; el concepto de verificación-validación no es algo que les enseñen en los centros educativos.

Por su cuenta, la sociedad ha aceptado las falsas noticias y diversos medios o instituciones se han limitado a recurrir a la tecnología en lugar de educar sobre la información.

Se han creado cuentas en redes sociales que “verifican” si una noticia es cierta o falsa pero ¿de qué sirve? si quienes lo leen o recurren a estas no hacen el ejercicio básico de corroborar más allá de un resultado dictado por la tecnología.

Más allá del “verificado” y las fake news

Quizá una de las soluciones posibles para este problema de desinformación y difusión de información falsa esté en impulsar una educación informacional donde se muestren las verdaderas consecuencias de creer, distribuir o actuar impulsivamente ante una noticia de estas.

Habría que volver al principio básico de cuestionar más de una vez el uso que las personas le dan a las redes sociales, que son el medio por el que más se propagan estas fake news.

Otro de los puntos a considerar ante este creciente problema es que antes se optaba por decirle a la sociedad internauta que “no confiaran ni difundieran información sin antes verificarla” y ahora, el cuento es lo contrario.

Empresas, medios, influencers y cualquier persona puede pedir “ayuda” para que se comparta el mayor número de veces una nota, post o imagen, sin que la gente se permita unos minutos para corroborar.

Se han desarrollado dinámicas en las que la gente tiene que seguir a ciertas cuentas, dar cierto número de “likes” y compartir varias veces el contenido que le es solicitado, no para su beneficio genuino, sino para la estrategia de marketing de alguien más.

La cinta que cubre los ojos de la sociedad ante estas conductas digitales ha propiciado un comportamiento exprés del cual es difícil escapar o hacer que las nuevas generaciones eviten, pues dichos hábitos no han hecho más que heredarse.

Incluso se ha promovido que se “crea en todo lo que ves en la web y lo compartas lo más rápido posible”, pero esto sólo resalta la importancia que tiene la lectura, investigación y educación de la información en la actualidad.

De otra manera, ¿cómo explicas que una nota falsa que alguien redactó para desacreditar, ofender o propagar creencias propias sin bases se vuelva viral?.

Muchos de estos casos han indignado al mundo y ante ellos, han recurrido en última instancia a solicitar ayuda a las autoridades -otra vez- a través de redes sociales, pero nunca se acepta el error colectivo que se tuvo al difundir información sin comprobarla.

En resumen, deberíamos de enseñar a las nuevas generaciones a comprobar la información que consumen:

A realizar investigaciones desde el nivel básico de educación que estén centradas no sólo en consultar una o dos fuentes de internet, sino en ser críticos para diferenciar la importancia no sólo de qué se dice, sino de quién y cómo lo dice o de dónde viene toda esa bomba de información que parece creíble pero puede no ser real.

Con información de: Forbes.