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Discurso de odio vs libertad de expresión

¿Dónde empieza uno y termina el otro?
El discurso de odio no es libertad de expresión

¿Es posible ponerle límites a la libertad de expresión? Vaya, el artículo 19 de la Declaración Universal de Derechos Humanos establece que: “Todo individuo tiene derecho a la libertad de opinión y expresión“. Es también controversial que la pregunta la haga un reportero. Contrapuesto a la libertad de expresión, surge el discurso de odio. Éste lleva la libertad de expresión a un extremo peligroso.

El discurso de odio compone todos los mensajes ofensivos, sexistas, violentos, misóginos y discriminatorios. Según la ONG Amaranta, son todas las expresiones escritas, verbales o visuales que se basan en prejuicios y estereotipos.

¿Hasta qué punto la libertad de expresión se transforma en discurso de odio y cómo podemos detener el segundo sin impedir el primero? La Constitución Mexicana, en el artículo sexto, pretende establecer límites entre ambos en tanto que no sea “ataque a la moral, a la vida privada o a los derechos de terceros, provoque algún delito o perturbe el orden público“.

Ahora bien, el discurso de odio se basa en minimizar y ofender al otro, atacando la moral, la vida privada y los derechos de un tercero. Por lo tanto, al menos en México, el discurso de odio no forma parte de la libertad de expresión.

El discurso de odio crea enemigos internos a partir de dividir entre un “ellos” y un “nosotros”. Tiene especial impacto en poblaciones con contextos de crisis económica o social (como sucedió con la Alemania luego de la Primera Guerra Mundial).

El principal problema del discurso de odio es que se basa en analogías sobresimplificadas que no toman en cuenta condiciones sociales, corporales y vivenciales del tercero al que ofenden. Además de que tiende a viralizarse y reproducirse de forma masiva, lo que afecta no sólo a uno sino a varias personas en el proceso. Aunque no lo parezca, el discurso de odio impacta directamente en la vida de las personas a las que minimiza.

A partir de silenciar a ciertos grupos mediante el ejercicio de libre expresión, al final se atenta contra la misma. Una termina donde la otra empieza. En general, el discurso de odio se basa en la intimidación, en un buen uso de la retórica (aunque no necesariamente de la lógica) y en las mismas analogías simples que caen en el sinsentido.

El discurso de odio no escucha o toma en cuenta otros puntos de vista. A diferencia de la libertad de expresión, que busca alimentarse de distintas opiniones para crear una sociedad plural y diversa; el discurso de odio solamente silencia otros puntos de vista y propone sus ideas como las únicas válidas y preponderantes.

Imagen de marcha italiana durante el Día Internacional contra el Racismo. (Imagen: Carta Di Roma)

Los discursos, entendidos como imágenes, palabras y demás formas de comunicación, son la manera mediante la cual entendemos el mundo. Aunque “sean sólo memes” o hayan sido “sólo un chiste”, permean nuestra manera de pensar y relacionarnos.

Seguir consumiendo y realizando discursos de odio perpetúa que esta sea la manera de pensar. Por ejemplo, desde que Trump asumió el poder en Estados Unidos, aumentaron un 86% los crímenes contra la comunidad LGBT+ (según ONG Amaranta). Las minorías estadounidenses (mujeres, migrantes y musulmanes) fueron directamente afectadas ante el discurso de odio del presidente y su propagación en distintos grupos sociales. Lo mismo sucede con las bromas machistas que propician la cultura feminicida en México.

En 2017, la ONU propuso al 21 de marzo como el Día Internacional de la Eliminación de Discriminación Racial y sostuvo que los gobiernos deberían de regular los discursos de odio como medida de proteger los derechos humanos. (Vía: ONU)

No es un ataque a la libertad de expresión ni se trata de silenciar ideas controversiales y criticismo pero se reconoce que el derecho a la libertad de expresión conlleva deberes y responsabilidades“, dijo el dijo el Comisionado de la ONU, Zeid Ra’ad Al Hussein.

Todos aquellos que defienden sus discursos de odio mediante la libertad de expresión, sepan que atentan contra el artículo 6 constitucional. Sepan también que mientras no tomen en cuenta las vivencias ajenas y silencien las opiniones de terceros, sólo posibilitan una sociedad violenta. El discurso de odio nos permea por todos lados, ¿por qué seguir compartiéndolo?