No, el dióxido de cloro no sirve para combatir el COVID-19

Explicamos las razones por las que deben de evitar consumir dióxido de cloro
(Imagen: Genesis II Church of Health and Healing)

La pandemia de coronavirus ha tomado al mundo por asalto. El COVID-19 es una enfermedad que ha causado la muerte de casi dos millones de personas en todo el mundo. Es por ello que las personas han estado buscando alternativas para prevenir el contagio. Entre ellas, está el dióxido de cloro. Sin embargo, este producto no funciona y les explicamos la razón.

¿Qué es el dióxido de cloro?

El dióxido de cloro es un compuesto químico con la fórmula ClO2, descubierto en 1814 por Sir Humphrey Davy. Es un gas que existe con un color verde amarillento y su olor es irritante. En su estado líquido, tiene color café rojizo y se cristaliza de color naranja brillante.

Para su uso en la industria, se convierte en una solución al 28 por ciento de clorito de sodio en agua destilada.

¿Para qué sirve?

El dióxido se usa como agente blanqueador y para descontaminar superficies industriales, ya que es similar al cloro o la lejía. También se usa para potabilizar el agua. Suele venderse en ferreterías.

(Imagen: Twitter @OPS)

¿Por qué no se recomienda para consumo humano?

El dióxido de cloro no debe consumirse bajo ninguna circunstancia. Al ser un desinfectante comercial, puede traer más perjuicios al organismo que beneficios.

La Organización Panamericana de la Salud (OPS) aclaró al respecto:

“El dióxido de cloro y el clorito sódico reaccionan rápidamente en los tejidos humanos y, si se ingieren pueden causar irritación de la boca, el esófago y el estómago, con un cuadro digestivo irritativo severo, con la presencia de náuseas, vómitos y diarreas, además de graves trastornos hematológicos (metahemoglobinemias, hemolisis, etc.), cardiovasculares y renales.”

En el año 2018, la Agencia de Alimentación y Medicamentos estadounidense (FDA por sus siglas en inglés) prohibió su venta para cualquier uso medicinal.

¿Por qué hay quiénes lo recomiendan?

La moda del uso del dióxido de cloro con fines medicinales viene de los Estados Unidos. Muchas “iglesias” se refieren a este compuesto como “agua milagrosa” y aseguran que puede curar el autismo.

No obstante, estas afirmaciones carecen de sustento científico y su método para convencer a las personas se basa en las anécdotas y narraciones que en evidencias comprobadas.

Con la pandemia de COVID-19 ha ocurrido algo parecido. Son testimonios que van de boca en boca, pero que no cuentan con otros elementos que no sean la experiencia para corroborar que las dosis que indican sean el motivo por el que se recuperaron de alguna dolencia.

Carlos Ruis Alonso, del Departamento de Química Orgánica de la Facultad de Química de la UNAM, explicó en agosto de 2020:

“Si se toma un cultivo de virus y bacterias, y se le añade esta sustancia, en efecto se van a destruir, porque se agrega un fuerte agente oxidante, pero es diferente hacerlo in vitro (en un ambiente controlado fuera de un organismo) que in vivo (en un organismo).”

Efectos secundarios

En Estados Unidos, la FDA ha recibido reportes de personas que han tenido efectos adversos al dióxido de cloro, como insuficiencia respiratoria, insuficiencia hepática aguda, ritmos cardíacos anormales, entre otros.

También hubo varios reportes de personas que sufrieron una rápida destrucción de los glóbulos rojos, vómitos y diarrea severa.

Por lo tanto, se debe evitar consumir el dióxido de cloro para tratar cualquier enfermedad. Las personas que lo recomiendan no han dado pruebas fehacientes de su efectividad ni estudios que sustenten dichas afirmaciones.

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