En 51 pueblos de 10 estados nadie oye ladrar los perros: han sido abandonados

Además de las muertes y los desaparecidos, hay otro número en la “Guerra contra el narco” que es constantemente olvidado: los desplazados. De acuerdo a la Comisión Mexicana de Defensa y Promoción de los Derechos Humanos (CDMPDH), podrían ser hasta 310 mil 527 personas las que han tenido que huir de su lugar de origen por la violencia.

Según la Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH), el número es menor y en estos casi 11 años, la cifra no rebasa los 90 mil, aunque otras estimaciones apuntan al triple. Se estima que alrededor de 51 pueblos en 10 estados han sido abandonados y cada vez es más difícil creer que alguna vez volverán a estar poblados. (Vía: Infobae)

Los desplazamientos por la violencia no son nuevos en el país: durante los años de la Revolución no fueron pocos los reportajes, las historias y la literatura que se construyó a partir de un grupo de personas que huyeron (o no alcanzaron a huir) de sus hogares: desde Mariano Azuela hasta Juan Rulfo, pareciera que la historia mexicana estaba determinada a seguir el mismo ritmo de los que no pueden parar, como en “No oyes ladrar los perros”, a riesgo de que los alcance una bala, un convoy o un soldado.

En 1994, tras  el estallido del levantamiento zapatista en Chiapas y su posterior conflicto con el ejército mexicano, el estado se convirtió en el principal expulsor del país: los chiapanecos huyeron a comunidades cercanas y a estados vecinos para huir de una violencia que, inevitablemente, golpeó a comunidades inocentes, como ocurrió en Acteal. (Vía: Sin Embargo)

El estudio de la CDMPDH señala que, en este “nuevo” conflicto Durango, Sinaloa, Guerrero y Tamaulipas son los estados de donde más huyen sus habitantes. En estos estados, también, han aumentado el número de pueblos “fantasmas”.

Pueblos como La Gavia, Guerrero, donde vivían alrededor de 600 personas, por ejemplo, queda sólo una pareja de ancianos. En Badiraguato, municipio de donde es originario Joaquín, “El Chapo”, Guzmán, está el pueblo de Huixiopa, donde un tercer “evento” de migración ha desplazado a casi el 90% de sus habitantes. (Vía: Proceso)

El Estado mexicano carece de protocolos y procedimientos para, siquiera, medir estas migraciones que ocurren a la fuerza, que pasan por miedo y ocurren en menos de 2 o 3 días. Esta población “flotante” está principalmente conformada de personas con muy bajos recursos económicos que ya han sido, en diversas ocasiones, golpeadas por el narcotráfico (sin importar si fue por “las fuerzas del orden” o por los cárteles).

https://twitter.com/BasilioRmz/status/878424915556302849

En diversas ocasiones, declaró Brenda Pérez Vázquez, presidenta de la CDMPDH, ONGs como la suya han ido a entablar conversación con las autoridades mexicanas para que, inevitablemente, reciban una diferente versión de la misma historia:

“No han querido dimensionar el problema. En diciembre de 2016 junto con organizaciones y víctimas solicitamos una audiencia ante la CIDH (Comisión Interamericana de Derechos Humanos) que tenía el fin de poner el desplazamiento, pero una de las respuestas del Estado mexicano fue que ya habían hecho un diagnóstico en el Consejo Nacional de Población, lo pedimos y nos mandaron un resumen pero al parecer nunca lo terminaron” (Vía: Sin Embargo)

Sin acceso a espacios seguros, sin mecanismos que procuren su defensa o, por lo menos, su integridad física en lo que encuentran otro espacio para vivir y del cual vivir, el casi medio millón de personas que ha tenido que huir de su hogar, como los personajes del Llano en llamas de Juan Rulfo, sólo buscan un pedacito de tierra.

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