Violencia armada en México, una entrevista con Magda Coss

Entrevista a Magda Coss sobre violencia armada en México

A finales de octubre del año pasado, la UNAM, la PGR y la organización civil 24-0 organizaron un foro académico para discutir y plantear estrategias para analizar y frenar la violencia armada en México. Platicamos con Magda Coss, fundadora de 24-0 sobre por qué éste es un tema urgente en el país.

La violencia armada, nos explica Coss desde un principio, no sólo es la violencia del narcotráfico o la delincuencia organizada, no sólo son enfrentamientos entre cárteles y fuerzas de seguridad, sino cualquier irrupción de violencia en la que esté involucrada un arma de fuego.

Una disputa vecinal, violencia intrafamiliar, feminicidios, asaltos y el actuar de “justicieros” en transportes públicos, todo también cuenta dentro de las estadísticas de la violencia armada.

En 2016, 15 mil 400 personas murieron por arma de fuego en México, lo que lo hizo el cuarto lugar a nivel mundial en estas estadísticas, de acuerdo a un estudio internacional publicado en el Journal of American Medical Association. Según el INEGI, se cometieron 93 homicidios diarios en 2017.

El problema, particularmente en México, nos dice Magda Coss, es complejo y requiere un análisis multidisciplinario, pues aunque el país tiene una muy buena regulación de armas, tiene también un mercado negro vivo y variado, alimentado por la “Guerra contra el narco”, iniciada en 2006.

Por otro lado, mucho del discurso armamentista estadounidense se ha colado en discusiones del diario e incluso legislativas en México (cómo olvidar, por ejemplo, la propuesta en 2016 del entonces senador Jorge Luis Preciado para legalizar la portación de armas).

Existe una creencia generalizada, nos dice Coss, de que entre más armas tengan los ciudadanos habría menos violencia. Sin embargo, múltiples estudios en varios países del mundo indican que esa es una mentira: los incidentes se disparan y, por ejemplo, las probabilidad de que mujeres en familias con antecedentes de violencia doméstica y un arma de fuego mueran se incrementa 500%.

Hay, también, una relación directa entre la masculinidad tóxica y los incidentes con armas de fuego: la cultura masculina, que no resuelve conflictos a través del diálogo sino con violencia, tiene una correlación con la violencia armada. Inclusive la “comparación” de calibres entre pandillas o particulares también tiene un elemento vinculado a ésta que no puede obviarse.

Frenar la violencia en el país sin duda es algo urgente, pero también es algo complejo que no se resuelve con “soluciones” que sólo aumentan la disponibilidad de riesgos.