De la entrega de un absurdo Premio de la Paz a la exención de una tarjeta roja con una simple llamada presidencial. Cómo Gianni Infantino destruyó los estatutos del fútbol global para complacer a la Casa Blanca.

El 5 de diciembre de 2025, Gianni Infantino subió al escenario del sorteo del Mundial en Washington con la sonrisa de un súbdito complacido y le entregó a Donald Trump el primer “Premio FIFA de la Paz”. Apenas setenta y dos horas después, la organización británica FairSquare presentó una denuncia formal ante el Comité de Ética de la FIFA. El galardón, argumentaron, “constituye en sí mismo una violación clara del deber de neutralidad”.

Hoy, esa fotografía incómoda ha mutado en la peor crisis institucional del fútbol moderno. Lo que estamos presenciando en este Mundial de 2026 no es solo la mercantilización salvaje del deporte, sino la abdicación total de sus reglas frente al poder político de Washington.

El “Aló Presidente” que borró una tarjeta roja

El teatro que no debemos aplaudir cruzó la línea de lo imperdonable apenas este 6 de julio de 2026. Tras el partido de octavos de final donde Estados Unidos venció a Bosnia, Trump, furioso por la expulsión del delantero estrella estadounidense Folarin Balogun, decidió levantar el teléfono y llamar personalmente a Infantino.

El propio mandatario lo admitió con el descaro que lo caracteriza: “todo lo que hice fue pedir una revisión porque no creía que fuera falta”. ¿El resultado? Contraviniendo un reglamento de 96 años de historia —donde una tarjeta roja obliga automáticamente a perderse el siguiente partido—, la FIFA emitió un indulto sin precedentes que le permitió a Balogun jugar el cuarto de final contra Bélgica.

Infantino intentó lavarse las manos. Dijo que solo le explicó a Trump que existía un “proceso legal en curso”. Y mágicamente, un comité disciplinario presidido por Mohammad Al Kamali (un abogado poco conocido de los Emiratos Árabes) emitió un comunicado de 13 puntos justificando una “suspensión condicionada”, sin explicar jamás por qué a Balogun se le perdonó lo que a otros jugadores en este mismo torneo se les ha castigado con rigor.

Miguel Maduro, el primer jefe de gobernanza que el propio Infantino nombró, lo resumió a la perfección: los comités “no pueden ser autónomos bajo las reglas actuales… es pura fachada”. La FIFA usa palabras como independencia o derechos humanos como quien usa maquillaje barato.

La Farsa de la Neutralidad (y el berrinche europeo)

La denuncia de FairSquare en diciembre no fue aislada. Ya el 3 de julio, cincuenta eurodiputados de trece países habían exigido investigar a Infantino por inventarse el “Premio de la Paz” saltándose al Consejo de la FIFA. El artículo 15 del Código de Ética exige explícitamente “mantener la neutralidad política”, una regla que el presidente de la FIFA usa de papel higiénico.

Con el escándalo del indulto, el costo político se materializó en Europa. La UEFA declaró sentirse “incrédula ante una decisión incomprensible e injustificable”. Lise Klaveness, la valiente presidenta de la federación noruega, advirtió sobre la injerencia política en el deporte, y la federación alemana exigió que se disipe la impresión de interferencia. Con la reelección de Infantino en el horizonte, este servilismo amenaza con cobrarle factura.

México como tapete VIP y la hipocresía migratoria

Mientras Trump obtiene legitimidad deportiva y cobertura global en pleno año electoral para tapar la hiperinflación, la guerra de Irak o su política migratoria, el “Juego del Pueblo” expone sus peores miserias logísticas y racistas.

El presidente de la Federación Palestina de Fútbol, Jibril Rajoub, denunció que ni Estados Unidos ni Canadá le dieron visa para asistir a la inauguración. La selección de Irán, humillada, tuvo que instalar su base en Tijuana ante la incertidumbre de que la Patrulla Fronteriza dejara cruzar a su delegación completa. Infantino, promotor del “FIFA Pass” (visas exprés solo para quienes pueden pagar), aseguró no tener “ninguna preocupación” por las redadas del ICE.

Y en México, la contradicción dolió en el orgullo histórico. La FIFA, con la complicidad de nuestras autoridades, rentó el mismísimo Castillo de Chapultepec por más de un millón de pesos para una cena de gala, violando el propio reglamento del recinto que prohíbe eventos sociales privados. La presidenta Claudia Sheinbaum tuvo que retirarse apenas dio la bienvenida, mientras el INAH defendía lo indefendible llamando a la fiesta VIP una “promoción del patrimonio cultural”.

El Negocio sobre las Cenizas del FIFAgate

No olvidemos de dónde viene el actual zar del fútbol. Infantino heredó el trono en 2016 sobre las cenizas del FIFAgate, el escándalo de sobornos que decapitó a Joseph Blatter y a capos como Nicolás Leoz. Aunque el Informe García de 2014 maquilló cómo Rusia y Catar compraron sus sedes, la justicia francesa emitió apenas en 2023 una orden de captura contra Mohamed bin Hammam y se imputó a Reynald Temarii por recibir más de 305,000 euros a cambio de votos.

Ese es el ADN de la institución que hoy factura 11,000 millones de dólares y que justifica que en la reventa oficial haya entradas de dos millones de dólares para la final. “Tenemos que aplicar las tarifas de mercado”, dijo Infantino, cinismo en mano, para un torneo donde el 75% de los boletos de fase de grupos cuesta mucho más de lo que gana un trabajador promedio en una semana.

Aquí no se trata de defender a Infantino solo porque se junta con la ultraderecha. Se trata de exigir que la institución que lucra con la pasión popular rinda cuentas. Una izquierda coherente (y una afición con memoria) debe exigir transparencia total sobre contratos infames como la renta de Chapultepec, y un mecanismo que no convierta los estadios en clubes campestres.

La pregunta que debemos hacernos antes de aplaudir el próximo gol es dolorosamente simple: ¿A quién le sirve realmente este Mundial? ¿A qué costo hemos cedido nuestra soberanía, nuestras leyes y nuestros espacios históricos para engordar las cuentas de una corporación suiza que cambia sus propias reglas con una llamada telefónica desde la Casa Blanca?

 


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