A 99 años de la Masacre racial de Tulsa: ¿Por qué no para esta violencia en EE.UU.?

A este episodio de violencia racial le han seguido décadas de luchas de la comunidad afroamericana
Imagen: Oklahoma State University

El 1 de junio de 1921, el periódico The Tulsa Tribune informó en su primera plana sobre las decisiones del presidente estadounidense, un concurso de belleza local y el posible reconocimiento del gobierno de Álvaro Obregón. Hasta abajo, en la esquina de la página, se puede leer una pequeña nota documentando lo que detonó el inicio de uno de los peores episodios de racismo en la historia de Estados Unidos, la Masacre racial de Tulsa, en Oklahoma.

También te recomendamos: “Un motín es el lenguaje de los no escuchados”, así los explicaba Martin Luther King

Todo comenzó con el arresto de Dick Rowland. “Detienen a negro por atacar a mujer en elevador”, dice The Tulsa Tribune. La nota relata que Rowland, un joven repartidor afroamericano, trató de agredir a una operadora de ascensor de 17 años en un edificio. Cuando la mujer gritó, un hombre llegó a ver qué pasaba y esto derivó en la aprehensión de Rowland.

La nota no dice nada más. Pero al momento de ser publicada en el periódico, la situación había escalado.

Vecindario negro arrasado por incendios provocados por blancos durante la masacre. Imagen: Oklahoma State University

Tras la detención de Rowland, gente en Tulsa comenzó a armarse, unos buscando protegerlo, otros lincharlo, según la cronología de la Librería del Congreso de los Estados Unidos. Al mismo tiempo, residentes se reunieron afuera de la corte donde Rowland estaba detenido y otros iniciaron saqueos de tiendas donde vendían armas y municiones.

Un periódico local, el Chickasha Daily Express, traía una portada diferente a The Tulsa Tribune: “75 muertos en guerra racial”. El mismo 1 de junio, autoridades reportaron que 50 personas de color, incluyendo menores, y 7 blancos habían muerto en los enfrentamientos.

Hombres blancos armados con gente de color. Imagen: Oklahoma State University

“Prácticamente toda la sección negra de la ciudad sigue en llamas”, agregó el diario. Los detenidos en este punto eran afroamericanos y el diario hacía énfasis en la preocupación de que los vecindarios blancos también se incendiaran.

“Negros de Tulsa regresan a casas devastadas”, se lee en la portada del periódico el 2 de junio. Para entonces, la Guardia Nacional fue desplegada y el gobierno declaró toque de queda. El número de muertos, detalla una pequeña nota en el diario, alcanzaba el centenar.

El 3 de junio, según la Librería del Congreso, se levantó el toque de queda. El Chickasha Daily Express informó el mismo día que las autoridades habían determinado un número de muertes mucho mayor al real debido a un sobreflujo de información y la cifra, en efecto, estaba en los 75 decesos.

Barrio negro después de la masacre. Imagen: Oklahoma State University

Autoridades iniciaron una investigación alrededor de los disturbios, lo que marcaría el final de este episodio. Sin embargo, pasaron los años y las cifras reales se estiman en alrededor de 300 muertes y mil 200 hogares destruidos. Tanto los decesos como las propiedades destruidas eran de la comunidad negra.

Fotografías de numerosos hombres blancos armados y los cuerpos de negros en las calles dan fe de una cruda masacre en las calles de Tulsa en 1921.

Linchamiento de un hombre negro durante la masacre. Imagen: Oklahoma State University

A casi 100 años de la masacre

Adelantemos el tiempo a la actualidad. A finales de 2019, una de las pocas mujeres afroamericanas que todavía viven tras la masacre habló con un cura local y le dijo que recuerda haber visto cómo enterraban los cuerpos de los negros en la ciudad. Esto derivó en el hallazgo de fosas clandestinas, presuntamente de las víctimas de aquella jornada fatal.

Estados Unidos es un país históricamente marcado por el racismo contra la comunidad negra. Empezando por el periodo de esclavitud, la aparente inercia de esta discriminación se exhibió en el siglo XX no solo a través de la lucha de figuras como Martin Luther King Jr, Rosa Parks o Malcolm X, sino con levantamientos civiles como el de 1992 en Los Ángeles por la detención de Rodney King, un hombre de color.

El racismo incluso ha continuado en el siglo XXI pese a un aparente progresismo por la llegada del primer presidente negro en 2012. En 2013, el asesinato de Trayvon Martin, un adolescente afroamericano, en su casa en Florida a manos de un hombre blanco marca el inicio del movimiento de #BlackLivesMatter. Al año siguiente, el asesinato de otro hombre de color, Michael Brown, a la mitad de la calle detonó las protestas de Ferguson.

Pero la violencia racial continúa y esto ha sido documentado en incontables videos de muertes y arrestos arbitrarios y violentos de personas negras a manos de las autoridades; o el caso de Ahmaud Arbery, ultimado por dos hombres blancos que lo acusaban, sin sustento, de robo.

Decenas de ciudades estadounidenses se encuentran en caos por protestas y disturbios por un caso que se suma a la letanía de brutalidad policial contra afroamericanos: el asesinato de George Floyd.

¿Qué es lo que no permite que el racismo en Estados Unidos se detenga tras numerosos movimientos por derechos civiles de esta minoría? ¿Por qué a más de 150 años de la abolición de la esclavitud y su inherente espíritu de superioridad blanca, la violencia continúa?

Estados Unidos, pese a un presidente abiertamente racista, tiene en sus manos en este momento lo que parece ser un levantamiento nacional directamente vinculado con un hartazgo por esta situación histórica. Quizá el país, a través de este nuevo movimiento, pueda ver en su horizonte el cambio que las minorías tanto han anhelado.