RESEÑA: Niñas bien, lo cotidiano de la ruina

Las Niñas Bien nos recuerda por qué sí hay que seguir creyendo que hay buen cine mexicano
Reseña de Las Niñas Bien, una poética de la ruina interna

Las Niñas Bien (2018) es el primer largometraje de Alejandra Márquez Abella. Es una película que rebasa cualquier expectativa a partir de personajes que nunca, nunca, tienen permitido romper ninguna expectativa.

Es fácil dejarse llevar por las portadas de los libros, por los tráilers y los pósters de las películas. En aún más fácil dejarse llevar por una película que anuncian como “adaptación” de un libro bastante mediocre pero muy leído.

Las Niñas Bien (Alejandra Márquez Abella, 2018), tenía todo para ser una película que sería odiada antes de ser vista: en el cine mexicano, le va mal a películas centradas en voces y personajes femeninos; sin embargo ha ido demostrando en sus dos semanas de proyección que puede ir a la par lo mismo contra la cartelera de primavera.

Segundo poster de Las Niñas Bien (Imagen: Cinépolis Distribución)

Hablar de prestigio, status y distinción en la élite social y económica de México es hablar no tanto de “vicios” en la forma como se construyen esos vínculos, sino de los vínculos mismos.

En la primera escena, Sofía (Ilse Salas) se prueba un vestido blanco de satín en un vestidor de decenas de espejos mientras narra, en off, un sueño que tiene con Julio Iglesias.

Imagen: Cinépolis Distribución

¿Cómo hablar de vida interior cuando es lo exterior lo que da valía a lo segundo? Mientras la película se desarrolla, mientras que en la periferia de la vida de Sofía podemos ver a un esposo bueno para nada y alcohólico, una casa que, aunque en las Lomas, no tiene ni gota de agua, la vida de la protagonista se siente más como un un encierro que una elección.

Sin posibilidad de tomar el espacio público y político, la vida de las mujeres de esa clase social se vuelca en las relaciones interpersonales, pero éstas son vacías y son herramientas: nadie es amiga de nadie, nadie se solidariza con la desgracia ajena; incluso el suicidio del esposo de una de las amigas es un evento de socialización.

En la impecable actuación de Ilse Salas, pero también en la dirección de Márquez Abella, lo que se respira es miedo, claustrofobia y hasta paranoia en un mundo que depende, exclusivamente, de ser vista (y de cómo ser vista); con ello, está la ansiedad de ser descubierta, justamente, como un simulacro de sí misma.

La tensión que ejerce el personaje de Ana Paula (Paulina Gaitán) frente al grupo de “amigas” funciona porque puede ver a través de ellas, de las poses, las sonrisas falsas. Es más que antagonista: es un espejo quebrado y la amenaza latente del Otro que se vuelve Uno.

Si bien la película “ocurre” en 1982, la crisis económica está en la televisión y los periódicos, pero no afecta directamente la vida de Sofía: lo que sí la destruye es la inutilidad, la violencia y el alcoholismo de su esposo, representado por Flavio Medina.

La crisis económica de la familia no es reflejo o producto de las decisiones del gobierno en turno, sino de un hombre que no asume ninguna responsabilidad y, finalmente, depende de las relaciones sociales de su esposa para sobrevivir.

Las Niñas Bien es un claro ejemplo de que el “cine mexicano” como género no existe: no se ven en ella ni las actuaciones exageradas, ni la fotografía desgastada y sosa, ni los chistes clasiracistas.

Lo que sí hay, es un performance de clase siempre en crisis: sólo en México, sólo la élite mexicana, puede presumir que, al mismo tiempo, lleva el país mientras se queja de su ruina. Sólo en este país, la ruina es glamour.