Con pocas películas me había negado tanto a verlas o hacer una reseña como Mirreyes contra Godínez, sin embargo, quizá hay…

RESEÑA: Mirreyes contra Godínez, caricatura de clases

RESEÑA: Mirreyes contra Godínez, caricatura de clases

Con pocas películas me había negado tanto a verlas o hacer una reseña como Mirreyes contra Godínez, sin embargo, quizá hay algo rescatable de la película: nos permite ver cómo utilizamos las caricaturas no para identificarnos con ellas, sino para atacar a otros.

Mirreyes contra Godínez (2019), es la última producción de Chava Cartas (sí, así se llama), el genio detrás de Treintona, soltera y fantástica (2016), un sólo capítulo de Rosario Tijeras y Amor Xtremo (2006).

Es la película más taquillera del cine mexicano desde Nosotros los nobles y ya se está trabajando en su segunda parte. ¿Será que hay quien se identifique con los chistes, que vea reflejados sus días de trabajo o sus pleitos con el hijo del jefe en sus personajes?, o, como siempre ocurre con este tipo de cine, ¿”vemos lo que nos ofrece porque nos gusta el cine de mierda”?

Plan V: ¿Qué pasa cuando una película no está hecha para personas, sino para caricaturas?

Algo a lo que regreso constantemente cuando me toca hacer una reseña de este tipo de cine mexicano es el complejísimo y terrible panorama de producción, distribución y consumo del cine actual. Las películas que representan a México no son redituables y requieren hacerse de prestigio, por lo que hacen giras de años antes de que alguna sala en México (incluso las independientes) se arriesguen a proyectarlas.

Sin las cinetecas, nacional y las de los estados, cientos de películas producidas en México no serían vistas más que pequeños círculos de amigos.

La industria fílmica mexicana, más bien, la industria de las salas de cine en México, no “se arriesga” con cualquier cine y, mejor, recurre a fórmulas que ya han demostrado éxito… taquillero. No es por nada que, tras el éxito de Nosotros los Nobles, todas las películas cómicas y ligeritas del país son prácticamente iguales, desde el guión hasta las actuaciones, el humor y los nombres perfectamente intercambiables de los directores.

El mismo efecto de estos problemas viene con esos mismos directores, guionistas y productores intercambiables: producen el mismo tipo de cine pero tienen que variar su “lenguaje” y comprender que el público de hace diez años ya no es el mismo que el actual… Pero ellos sí lo son.

Por eso mismo digo que Mirreyes contra godínez no es una película ni sobre mirreyes ni sobre godínez, sino sobre cómo creen ejecutivos y “creativos” de más de cuarenta años que la generación que les sigue ha construido y configurado sus estratos sociales. Vaya, es como ese tío que tiene crisis de mediana edad, escucha a Maluma y habla de hacer yoga… pero sabes que no entiende nada de lo que habla.

Mirreyes contra godínez, o el ridículo es el otro
(Imagen: Videocine)

Mirreyes contra godínez, o el ridículo es el otro

El título de la película y su primer acto podrían hacer pensar que esta película es una representación cómica de una lucha de clases: ¿quién tiene derecho sobre su propio espacio de trabajo y, también, de los frutos económicos de estos?… Pero con una resolución amorosa en el segundo acto, el conflicto de clases se elimina.

Lo que sí ocurre a lo largo de toda la película (contrario al desarrollo de personajes, motivaciones creíbles o algo interesante) son las caricaturas vistas desde fuera por sus escritores: ¿que qué identifica a un “godínez”: ¡pues tomar palomas en La Chilanguita, claro! (?); ¿y a un “mirrey”?, ¡pues… ¿Palazuelos?!

¿Por qué insistimos en usar ‘godínez’ como peyorativo?

Godínez y Mirreyes son, en sí mismas, categorías que son endilgadas por alguien sobre otra persona; nadie, seriamente y sin ironía, se dice Godínez y Mirrey, pues son, más que descripciones, insultos. Así como siempre hay alguien más “naco”, se señala al otro y se le endilga el término peyorativo.

Por eso las caricaturas sociales nos parecen divertidas, particularmente en una sociedad tan profundamente racista como la mexicana: los personajes “nacos” de La Hora Pico nos sirven para señalar al otro, no para identificarnos con ellos.

Del mismo modo, nadie se identifica con Mirreyes contra Godínez, sino, más bien, identificamos a otros. El ridículo no soy yo, es el otro.

por Raúl Cruz V. (@rcteseida)