#PuroIris: Ghost y el satanismo pop

Por décadas el rock y el satanismo estuvieron más que relacionados; desde los presuntos mensajes subliminales de Led Zeppelin hasta algunos himnos de Black Sabbath y los Rolling Stones, la iconografía ligeramente demoniaca se llevó muy bien con los riffs de guitarra. Hacia los noventa, el culto musical a Satanás se convirtió en dominio casi exclusivo del metal y rara vez acaparaba los charts, con la excepción de Marilyn Manson. Pero, en una década marcada por el revival y los cóvers, era casi natural que el satanismo volviera en versión casi pop.

Tal es el caso de Ghost, una banda sueca que desde su primer disco en los albores de la década ha dominado con éxito el crossover del rock satánico con las melodías pegajosas. Sin ser novedosa, su combinación de letras ocultistas y coros inolvidables ha fraguado una considerable nueva horda de fans que ya no enfrentan el prejuicio que esta temática enfrentó en décadas pasadas, pero que aún encuentran atractivas las alusiones al infierno.

Acaso su punto más alto fue cuando presentaron con éxito en la entrega de los Grammys su tema “He Is”, que muchos habrían confundido con una balada casi cristiana, cuando en realidad era una oda suave al adversario de Cristo. Prequelle, su más reciente álbum, gira alrededor de una historia de amor envuelta en la peste que asoló a Europa en la Edad Media.

Mientras que su tema insigna, “Rats”, se refiere al roedor que permitió la propagación de una enfermedad que fue leída como una venganza divina, “Dance Macabre”, hace alusión al género popular del mismo nombre donde la Muerte igualaba a todos: “A la danza mortal venid los nacidos/ todos del mundo, de cualquier estado”, decían unos versos del XV al respecto.

A esta aura oscura, Ghost añade melodías poperas y riffs de hair metal con el fin de narrar una historia de amor que ocurre en medio de la catástrofe. Muy lejos están del resto de bandas de metal que tocan temas satánicos en la actualidad, pero en cambio recuperan con sobrado tino el satanismo decimonónico que veía en Lucifer un símbolo de libertad y conocimiento y en la Edad Media un punto culminante entre el choque de la cultura popular con la cultura dominante, eclesiástica y real.

La labor de Ghost no solo toma en cuenta los clásicos del cine de horror o los versos ocultitas, sino que recupera toda una visión romántica sobre la libertad que otorgan los pactos ocultitas para regurgiarla en frases de amor con melodías que, con muchos sintetizadores más, bien podrían ser cantadas por Taylor Swift. ¿Es novedoso? No. Es atractivo. Sí. Tanto como una película de horror.

Por: Redacción PA.