El Réquiem de Mozart, una composición rodeada de misterio

Muchos detalles de esta obra resultan fascinantes
(Imagen: Wikicommons)

El 27 de enero de 1756 nació Wolfgang Amadeus Mozart en Salzburgo, Austria. Uno de los más reconocidos y prolíficos compositores de todos los tiempos, ha trascendido por su maravillosa música que nos sigue deleitando hasta nuestros días. Una de sus piezas más famosas es el Réquiem, cuya historia vale la pena ser contada.

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Una misteriosa comisión

Mientras trabajaba en La Flauta Mágica, Mozart recibió una comisión de un extraño para componer un Réquiem, una misa para el descanso del alma de los difuntos, pero con la condición de mantenerlo en secreto. El hombre que se lo encargó supuestamente fue el conde von Walsegg, a través de un intermediario. La idea era que el Réquiem fuera para su difunta esposa, el cual se interpretaría todos los años en su aniversario luctuoso.

Mozart no estaba en el mejor estado de ánimo, ni tampoco físico, cuando recibió esta comisión para escribir la Misa de Réquiem. Su salud se estaba deteriorando y creía que había sido maldecido para escribir el Réquiem para sí mismo, porque estaba seguro de que era a punto de morir. Estaba seguro que sería su último trabajo.

Con el aliento de su propia esposa, Mozart aceptó el desafío y se le pagó una tarifa parcial, y el resto lo recibiría al finalizar el Réquiem. El plazo, supuestamente, era de cuatro semanas. Pero Mozart tuvo que ir a Praga para conducir su ópera, La clemenza di Tito, por lo que el tiempo que tenía para acabar se redujo drásticamente.

Réquiem de Mozart para Mozart

Mozart comenzó a trabajar obsesivamente en el Réquiem. A pesar de que su salud empeoraba cada días más, el austriaco se entregó en cuerpo y alma para poder terminar la pieza. A pesar de todo su esfuerzo, solamente pudo completar los movimientos  primeros tres movimientos: Introitus, Kyrie y Dies Irae, y logró esbozar las partes de voz y las líneas de bajo para los siguientes dos, Domine Jesu y el Agnus Dei.

Sin embargo, su cuerpo no resistió más y terminó por ceder. El 20 de noviembre, ya le resulta imposible dejar la cama, los síntomas agravados lo dejan prostado, incapaz de poder seguir trabajando en el Réquiem. El 3 de diciembre, su condición parece mejorar ligeramente, y al día siguiente algunos amigos cercanos se reúnen para cantar con él parte del Réquiem aún sin terminar.

Mozart murió a los 35 años el 5 de diciembre de 1791, antes de que pudiera completar el trabajo. Las  enfermedad que consumió su vida sigue siendo un misterio, pero se cree que pudo ser un padecimiento de riñón, fiebre reumática, influenza y hasta envenenamiento por mercurio.

Partitura del Réquiem de la mano de Mozart (Imagen: Wikicommons)

Dado que la mitad del pago ya había sido recibido, la viuda de Mozart, Constanze, temía que si el trabajo se entregaba incompleto, el cliente querría que le devolvieran su dinero. Le pidió a Joseph Eybler que terminara la partitura, pero  sólo orquestó la música que seguía al Kyrie. Le pasó la tarea al alumno de Mozart, Franz Xaver Süssmayer, a quien el compositor le había dado instrucciones detalladas sobre cómo terminar la Misa.

Süssmayer copió todas las notas con su propia mano, haciendo prácticamente imposible determinar quién escribió qué, y se lo entregó al extraño emisario del conde von Walsegg, quién, qiso pasar la composición como propia. Pasó una década completa antes de que Constanze pudiera persuadir a Walsegg para que reconociera a Mozart como el verdadero compositor del Réquiem.

Sin importar quién escribió qué partes del Réquiem, es una obra musical maravillosa que nos sigue conmoviendo hasta nuestro días. Como dijera Beethoven: “Si Mozart no escribió la música, entonces el hombre que la escribió fue un Mozart”.

Al final, todos los presentimientos de Mozart se  cumplieron y su última composición fue el Réquiem. Una obra que seguirá pasando de generación en generación, porque el talento y la calidad son atemporales.