La utopía de la mariposa: proyección de un documental de Plumas Atómicas

Este sábado 11 de mayo, se presentará en la Pulquería Insurgentes el document
La utopía de la mariposa: búsqueda del muxe Lukas Avendaño

Este sábado 11 de mayo de 2019 a las 20:00 hrs. se proyectará el corto documental La utopía de la mariposa de Plumas Atómicas dirigido por Miguel J. Crespo en la Pulquería Insurgentes (Insurgentes sur 226, Colonia Roma). Estará presente Lukas Avendaño, el protagonista de la historia, junto al equipo que participó en la realización.

La utopía de la mariposa es un corto documental que cuenta la historia de Lukas Avendaño, el antropólogo y artista performático más importante de la comunidad muxe. Con su trabajo ha logrado pisar escenarios de Alemania, Polonia, Canadá, Argentina entre muchos otros países.

El 10 de mayo de 2018, su hermano Bruno, que era un elemento activo de la marina, fue desaparecido en Tehuantepec, Oaxaca. Desde entonces, Lukas ha utilizado todos los medios y todos sus recursos para encontrarlo. Se trata, quizá, de un deseo que roza lo imposible.

A Lukas lo desmienten esos otros 40 mil desaparecidos que existen en el país. Un México sin desaparecidos es una utopía.

Desde niño José Lukas ha sido necio, terco y obstinado. A los siete años hacía berrinche para que su papá no lo llevará al campo a trabajar. Él quería hacer otras cosas; estudiar, bailar, sentir y volar como una mariposa.

Le parecía aburrido tener siempre el mismo corte de cabello, usar los mismos zapatos y la misma ropa. Ya en la adolescencia que se reconoció como “muxe”, concepto de origen zapoteco que, en el Istmo de Tehuantepec —esa pequeña cintura geográfica en Oaxaca entre el Golfo de México y el océano pacífico— denomina a una persona nacida con genitales masculinos pero que juega, total o parcialmente, roles asociados al género feminino en una o diversos ámbitos sociales o personales.

Un muxe en términos estéticos y culturales es todo aquel que no vive de manera tan ortodoxa, como se supone que debería de comportarse alguien que nace con pene y testículos”, dice Lukas mientras se trenza el cabello en el patio de su casa en Tehuantepec, Oaxaca.

Cuando escuchó que se iba a morir de hambre si estudiaba antropología, fue un necio y se hizo antropólogo. Se mudó a Veracruz donde estudió la licenciatura. Ahí encontró que la danza y la escenificación eran una forma para enunciarse y para reconocerse.

Hay muxes que entrarían en la categoría de transexual, transgénero, travesti, del heteroflexible, de la masculinidad polimórfica, toda esa complejidad puede sintetizarse en la muxeidad”, asegura Lukas.

Para él, la muxeidad se entrecruza con la feminidad, con los sistemas de cargos, con la tradición, con la política y hasta con la religión:

“No es como un máiz que lo puedas sacar de los demás maíces y plantarlo y va a germinar. Yo creo que el muxe solo tiene sentido y significación en la medida en que está con los demás maíces”.

Cuando le dijeron que para dedicarse a la danza habría que ser güero, “guapo” y alto fue un terco y se convirtió en el performancero y poeta muxe más importante de México. Su trabajo ha llegado a países como Alemania, España, Argentina, Polonia, Canadá, entre muchos otros.

“Yo quise jugar a la antropología, pero lo quise jugar desde esta posibilidad que me dio la danza, la coreografía y la poesía”, cuenta Lukas con una sonrisa que pronto se convertirá en un gesto seco, hosco y lleno de coraje.

“No estoy dispuesto a que sea un antropólogo el que me explique quién soy yo. Porque ni siquiera tengo la necesidad o el deseo de ser explicado. Es decir, no tengo el deseo de que la autoridad nos explique por qué Bruno desapareció, sino tenemos la exigencia de que nadie merece desaparecer”.

Desde el 10 de mayo de 2018, cuando su hermano Bruno desapareció en Tehuantepec, Oaxaca, Lukas ha sido más terco, más necio y más obstinado. Nunca aceptará un “no” por respuesta y lo seguirá buscando.

“Creo que es lo más importante: la dignidad con la que uno se asume y la dignidad con la que uno vive y la dignidad con la que uno está dispuesto a interactuar con los demás. O la dignidad con la que ahora nosotros mismos buscamos a Bruno, sentencia Lukas.

por Miguel J. Crespo