Niño de Rivera: cuando los ricos se ríen de todo, menos de sí mismos

¿De qué debe reírse un comediante? Por supuesto, la comedia tiene el derecho de burlarse de todos por todas las razones, pero hay ocasiones en que un buen chiste se convierte en un agravio cuando el comediante pasa por alto el contexto de su broma.

En México, los comediantes prefieren burlarse de los pobres que de los ricos, de los gays que de los heterosexuales. Les parece más fácil burlarse del que está abajo que del que está arriba, a diferencia de la comedia gringa que es, ante todo, crítica política. El caso más reciente es el nuevo show de Sofía Niño de Rivera, donde incluso se burla de aquellas que las defendieron cuando denunció acoso: las feministas.

Aquí te comentamos todo lo que es cuestionable del nuevo show de esta comediante y, ante todo, aclaramos que no hay temas prohibidos, pero sí hay abordajes ineptos. 

Antifeminismo

¿Se acuerdan cuando Sofía Niño de Rivera, en entrevista con Aristegui, denunció el acoso de Ricardo Rocha cuando ella estuvo en su programa? La opinión pública se le fue encima, porque la mayoría consideró que la comediante exageraba. Rocha lo negó todo. Casi 50 mujeres del medio firmaron una carta en la que le daban a él su apoyo y a ella le decían mentirosa.

¿Quiénes fueron prácticamente las únicas que la apoyaron? Las feministas. Ésas que, dice en su show, se despiertan “odiando los penes” y son las culpables de que el romanticismo se haya terminado en las relaciones heterosexuales. ¿De verdad amerita una explicación profunda la diferencia nada sutil entre sentirse acosada y sentir que te coquetean? ¿Pues cómo liga ella?

 

Racismo

La comediante cuenta su experiencia cuando viajó a Sudáfrica, quizá en el fragmento más infame del show: “Yo pensé que ya había visto un negro, luego llegué a Sudáfrica y dije ‘ah, no’. ¡Nunca había visto un negro! ¡O sea, allá son morados!”.

El problema con este chiste es que ella aspiraba (porque de verdad queremos creer que no tuvo mala intención) a que el chiste fuera sobre sí misma; es decir, sobre una persona a la que le hace falta mundo y cultura. Sin embargo, el chiste terminó siendo exclusivamente sobre sus impresiones que rozan la xenofobia.

¿Por qué no pudo hacer un chiste sobre cómo tiene el dinero para ir a Sudáfrica y aun así sigue siendo ignorante sobre Sudáfrica? Eso sí sería chistoso porque es un fenómeno sumamente recurrente entre aquellos que tienen el capital económico pero no el capital cultural.

¿Contra los niños?

Para terminar con la sobrepoblación, Sofía Niño de Rivera propone dejar que los niños chupen el piso. Que se traguen monedas. Que sus padres los descuiden negligentemente en lo que ella entiende como “selección natural”: “Que pase lo que tenga que pasar”. Una vez más, en un país con altísimos índices de maltrato y explotación infantil, la broma provoca risa a costa de una población vulnerable, como los chistes de Platanito sobre la Guardería ABC.

Como siempre, el problema del chiste es el contexto social en que sucede. Ella no es la primera en hacer burla de los infantes; está el caso de Jonathan Swift, quien en su libro Una modesta proposición exponía un peculiar genocidio infantil en términos cínicos y sarcásticos.

La vieja confiable: el clasismo

Sofía se burla de los pobres. De quienes no tienen dinero para comprar un asiento en primera fila para su stand-up. De los “pendejos” de sus parientes que viven en Chihuahua. Y de su propia madre, a quien describe como una mujer ignorante y a quien, en su show anterior, culpa de tener “la mitad del cerebro pendejo”, por haber nacido y crecido en ese estado del país.

¿Es necesario que Niño de Rivera cambie su discurso radicalmente? ¿Es necesario que ofrezca disculpas? No realmente. Lo que sí denota su show es que, a la hora de los chistes, cuando los comediantes mexicanos se quedan sin imaginación, acuden a los estereotipos, a los mitos y a las descalificaciones. Niño de Rivera y todos los comediantes riquillos de este país son incapaces de reírse de sí mismos, de su contexto privilegiado, de su clase social, de su ignorancia supina.

No podrían porque eso sí sería incómodo. Eso sí sería incorrecto, pero también sería gracioso.

En el fondo, la comedia de Niño de Rivera es simple y sumamente cómoda: se ríe de lo que todos aprendieron a reírse con los malos shows de nuestra televisión abierta y reproduce los discursos certificados para el chiste fácil. ¿Qué pasaría si hiciera chistes sobre los políticos ignorantes y los acosadores?, ¿o rutinas sobre Martha Debayle y la Gaviota y nuestros Papa Lords?

¿Qué tal una rutina sobre ella misma y su clase social acomodada? Eso sí nos interesaría verlo.

Por Gaby Castillo (@gabyzombie)