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Pedro Infante y el machismo en los estereotipos masculinos mexicanos

El ideal del hombre mexicano se vio influido mediante el cine de la Época de Oro mexicana
Pedro Infante y el machismo en los estereotipos masculinos mexicanos (Imagen:@carlosmartinh)

Hoy se celebra el aniversario luctuoso de Pedro Infante, una de las figuras más relevantes para la cultura fílmica y musical mexicana. Pero ¿podría ser considerado como uno de los estereotipos masculinos más machistas?

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En su estudio, Zeda Rodríguez Morales, menciona que tanto los machos como el machismo son fenómenos culturales que se asocian con variables como lo son la raza y la clase social. México, un país en el que el clacismo y el racismo están tan entramados en la cultura, existen miles de estereotipos de la masculinidad relacionados con el poder económico, la fuerza física y la violencia en todas sus manifestaciones.

Pedro Infante y el machismo en los estereotipos masculinos mexicanos (Imagen:@carlosmartinh)

Recordemos que socialmente, los roles de género y estereotipos sufren algunos cambios con el paso del tiempo y el contexto histórico, económico y social de cada país. En México, la época del cine de oro, marcó no sólo la industria fílmica y musical, sino que alimentó la identidad individual y colectiva de “ser hombre”, con todas las cosas que ello implica.

Pedro Infante se convirtió en una de estas figuras emblemáticas y, hasta cierto punto, intocables de la cultura mexicana que fomentan una serie de comportamientos machistas y clasistas:

  • Relación entre pobreza y virtud
  • Ser mujeriego
  • Misoginía
  • Sacrificio emocional y físico

En este sentido, ideas como “la gente pobre es buena”, “la gente buena hace sacrificios”, “los hombres son mujeriegos” o “una buena mujer cambia al hombre”, son ideas replicadas en diferentes personajes y cintas de la Época de Oro mexicana. Estos supuestos “ideales” moldearon la identidad individual y colectiva del hombre mexicano.

Es decir, un hombre podía ser misógino, jugador y deshonesto, pero también era trabajador, buen amigo, respetuoso. En sí se trataba de la relaciones de valores y antivalores en una sola persona, como resultado teníamos un personaje poco coherente y muy contradictorio, pero que, finalmente, era agradable para el público mexicano.

El personaje de Pedro Infante reunía un par de características más, sin importar el personaje que interpretara, siempre había una pizca de sentimentalismo, era el hombre que se atrevía a llorar, a sufrir. El hombre que comenzaba con pocas habilidades, en un ambiente rural, pero que poco a poco, con esfuerzo y sacrificio elevaba su estatus, se creaba así mismo. Es decir, aparentemente equilibraba sus emociones y su fuerza física y sexual. 

Es el hombre que surge de la nada y que se hace así mismo“, afirma Valdés. “Una vez que consiguió fama y fortuna no se olvidó de la gente. Fue una persona benefactora que cortaba el pelo o cocinaba a quien lo visitara en su casa de Cuajimalpa, Representó el ideal mexicano de construirnos a nosotros mismos, algo que nos sigue atrayendo y que se vuelve cada vez más difícil de lograr”. (Vía: El Financiero)

Ahora podríamos leerlo como un tipo de culto a la meritocracia, por ejemplo:  “el pobre es pobre porque quiere, si se sacrifica, puede medrar”, pues, como toda comedia, los personajes siempre mejoraban con base en sus sacrificios. Aunque esto, claramente, no sucede fuera de la ficción.

No olvidemos que el macho mexicano tiene en sí todos los valores de “un buen ciudadano”, por lo que, poco a poco se convirtió en una piedra fundamental del nacionalismo mexicano.

“El término macho surge durante los acontecimiento revolucionarios, con mayor precisión entre 1910 y 1915, pero su popularidad es un poco posterior, puesto que vendrá con una literatura y, sobre todo, con un cine de inspiración nacionalista, que pondrá en escena a una región idílica, Jalisco, habitada por jinetes machos a la vez valientes y seductores: los charros”. (Vía: Machos y machistas. Historia de los estereotipos mexicanos )

De la mano de la vida en la campiña mexicana creó el ideal del buen hombre mexicano. Sólo pensemos en las películas del campo mexicano: aquella tierra fértil que mediante esfuerzo y sacrificio compensa a quienes la trabajan.

No sólo se trata de venerar la pobreza e inclusive idealizarla, sino de alimentar estereotipos misóginos:

  • Mujer abnegada
  • Madre que siempre se sacrifica y perdona a sus hijos
  • La mujer mala que seduce al hombre 
  • La mujer que con su “amor y sacrificio”, cambia a un hombre malo

La idea del sacrificio y la recompensa es un precepto católico, por lo que, podemos ver de nuevo la idea de un México cristiano, cuyos ciudadanos se construyen así mismos mediante el trabajo, pero de la ayuda y sistema políticos detrás, no se habla.

Si lo pensamos un poco más, podemos relacionar la imagen del campesino, del conquistador e inclusive del hombre de juerga con los “héroes nacionales” de la Revolución Mexicana. ¿Se trata de una coincidencia?

Su relación con las mujeres siempre es maternal, amorosa o sexual, jamás de compañerismo o amistad, pues sólo entablaba este tipo de relaciones con otros hombres. 

Tampoco puede negarse que en la ficción el papel de las madres consistía en proteger y conservar los valores machistas, pues aunque en las cintas parecieran  “matriarcas”, ninguna de sus acciones las liberaba de la violencia económica, física o sexual por parte de sus hijos, maridos; etc. Contrariamente, reforzaba la idea de la mujer como un territorio de conquista antes que un ser humano.

En sus diversos personajes Pedro Infante fue un hombre honesto, alcohólico, mujeriego, trabajador e inclusive querendón, pero nunca una figura crítica de la identidad masculina que se comenzaba a formar, mucho menos del país y el proyecto de nación mexicana.

Una película que sí cuestiona la pobreza podría ser Los Olvidados, de Buñuel. Sólo si cuestionamos nuestra herencia cultural podremos entender la ola de violencia machista en contra de mujeres y hombres.

Con información de: Machos y machistas. Historia de los estereotipos mexicanos