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Necesitamos hablar de la masculinidad tóxica

¿Todas las masculinidades son tóxicas?
(Imagen: Plumas Atómicas)

En pleno Día del Hombre tal vez es necesario cuestionarse qué sucede con la masculinidad tóxica. Aún más importante sería discutir si existen nuevas masculinidades “conscientes”. Al fin y al cabo los límites de la masculinidad hablan de las fragilidades e inseguridades que residen en la persona que las reproduce.

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Evidentemente no soy hombre y no, tampoco quisiera serlo. Sin embargo, vivo en una sociedad patriarcal que, en mayor o menor medida, establece límites, patrones y espacios en los que me desenvuelvo. Por ello, ser consciente de lo que implica la masculinidad, me es pertinente.

Asimismo, de manera indirecta o directa la forma en la que me desenvuelvo con los hombres educa o da referencia a otras mujeres, hombres e inclusive niñas y niños, quienes, al ver esos referentes normalizan las conductas, formas de relacionarse y de apreciar tanto la feminidad como la masculinidad.

Ambas expresiones de género se manifiestan mediante los roles que han sido asignados a los hombres y las mujeres. En una sociedad patriarcal a los hombres se les relaciona con la violencia y el poder, a las mujeres con las emociones y la culpa.

Habitamos un sociedad binaria que propicia una desigualdad estructural en favor de los varones que utilizan el poder económico, físico y sexual para liderar las estructuras de poder e inclusive las relaciones sexo-afectivas.

De manera que en los hombres se instauran responsabilidades que no pidieron y que tampoco deben ejercer, no obstante, se niegan a abandonarlas o replantearlas.

Son proveedores económicos, personas sexualmente activas que realizan prácticas de riesgo, sujetos con gran fuerza física y represión emocional. También se les relaciona con el consumo  riesgoso de sustancias alcohólicas o enervantes.

Sólo necesitamos ver las cientos y miles de películas, cómics, videojuegos, canciones y referentes culturales que vanaglorian al hombre “rudo”, que tiene capacidad adquisitiva, que se relaciona de forma múltiple tanto sexual como afectivamente.

Al mismo tiempo, se les niega la posibilidad de expresar de forma honesta sus emociones, pues ven en la sensibilidad rasgos de de debilidad que, según la cultura machista, es mejor eliminar.

Por ello, no es extraño habitar un mundo lleno de analfabetas emocionales que, o no saben expresar sus emociones, o las expresan de una manera violenta o desmedida.

Lamento decirles que “los chicos sensibles” tampoco están libres de violencia. Si bien algunos de ellos suelen ser más abiertos con sus sentimientos no poseen la suficiente inteligencia emocional, de manera que, sobrecargan a sus familiares, amigos y pareja con sus problemas emocionales antes que enfrentarlos solos tal como un adulto independiente y emocionalmente estable lo haría.

¿Existen las nuevas masculinidades?

Salir de la matrix no es una tarea fácil y no sólo lleva a cabo de manera individual, por ejemplo el feminismo a través de sus diferentes trincheras y periodos en la historia busca la reconceptualización de la mujer como un ente político y social desde una perspectiva femenina.

Como ente social dimensiona la violencia a la que la mujer está subordinada y busca eliminar la violencia de género. En esta lucha ha salido a flote la violencia machista como una de las opresoras más grandes. Por ello debe quedar claro que las mujeres no queremos igualdad, ¿quién quiere ser igual que el opresor?

Por ello, tal vez los hombres deberían replantear su concepto de masculinidad, los privilegios y carencias que ésto conlleva, para así visibilizar los patrones de violencia emocional, psicológica, sexual y física que padecen la infancia y que, en mayor o menor medida, influyen en todas sus formas de relacionarse: laboral, social, sexo-afectivamente, etc.

Pero ello sólo se logrará si los hombres están dispuestos a renunciar a sus privilegios, crear espacios seguros y discutir desde su experiencia como varones temas tan cruciales como la crianza, la paternidad, sexualidad, salud psicológica y aceptar las consecuencias emocionales que ello conlleva. Pero seamos honestos ¿quién renuncia a un privilegio?

Hoy se celebra el Día del Hombre, lo que sea que eso signifique, puede ser un pretexto para realizar las ya conocidas “actividades masculinas” que sólo propician este círculo vicioso que es la violencia o pueden ser sinceros por lo menos consigo mismos y enfrentar “su masculinidad tóxica”.