Parodia política, medios públicos y las maromas

Conforme la 4T se consolida en instituciones publicas, cada vez hay más programas a favor: ¿propaganda o campaña?
¿La parodia política de la Maroma Estelar es propaganda? (Imagen: Especial)

Por segunda semana consecutiva, pasó algo increíble para la televisión pública: un programa de Canal Once se posicionó como Trending Topic en redes sociales, pero ¿es por la calidad de su contenido, por lo polémico de sus participantes o tan solo porque es otro pretexto más para que siga el debate político alrededor de la 4T?

Dejemos claro algo desde el principio: la televisión pública no es lo mismo que una televisión del Estado. Canal Once, el Canal 22 y todos los canales de los estados (algunos operados por las universidades autónomas locales) operan dentro de las instituciones de gobierno pero no necesariamente respetan o mantienen su agenda.

Es por eso, por ejemplo, que el crecimiento de calidad y alcance de los programas originales de Canal Once le ha valido fama y reconocimiento internacional: opera de forma autónoma tanto del IPN como del Estado y, justo por eso, fue por mucho tiempo un ejemplo a seguir para la televisión pública (pero específicamente la televisión infantil y juvenil) en América Latina.

Entonces, hablar de que “cada gobierno hace lo mismo”, como lo que la nueva administración de la Secretaría de Cultura y otras instituciones afines están armando alrededor de la televisión pública es, cuanto menos, una falacia.

Especialmente en Canal Once, los nuevos contenidos incluyen dos programas que han sido señalados como “propaganda” de la nueva administraciónLa Maroma Estelar, copresentada por el analista político Hernán Gómez y el comediante Carlos Ballarta, y John y Sabina, con el académico (y esposo de la Secretaria de la Función Pública) John Ackerman y la periodista Sabina Berman.

Este domingo, La Maroma Estelar se hizo trending topic específicamente por la “parodia” que hiciera de Denisse Dresser Juan Lecanda.

Mientras que en redes sociales se acusaba la parodia como un ataque a un personaje crítico a la presidencia de López Obrador o se señalaba como un acto misógino la personificación de Lecanda, lo cierto es que como todo en la 4T es un problema más de matices y grises que de sentencias.

El acto de parodiar, la sátira y otros mecanismos literarios y discursivos dependen de hace evidente un juego de poderes (político, económico o simbólico) inequitativo: ya sea para arriba o para abajo, ésta supone que hay alguien fallido de quien es bueno burlarse, ya sea para que el personaje reconozca su error o para que en su parodia identifiquemos nuestros propios fallos.

En este sentido, la sátira y la parodia política se construye a partir de presupuestos morales inherentes a lo político: moralidad convertida en política, pues. Así, no hay forma de lograr acuerdos ante qué es “válido” y qué no de parodiarse por presuntos comediantes como los que escriben La Maroma Estelar.

Para que la comedia funcione, por otro lado, se necesita predisposición de la parte receptora; en cierta medida, es una especie de debate: si te presentas al diálogo seguro de que no hay nada, pero absolutamente nada que aprehender de la otra parte, no es un debate sino un pleito con palabras elegantes.

El contenido, el guión y la nula química de los presentadores de La Maroma Estelar podría ser lo de menos si lo importante y lo único es burlarse de “La Oposición” (como ese constructo que, mañanera tras mañanera, se ha reforzado incluso entre los opositores), entonces ha logrado su cometido.

Es cierto que por décadas, los opositores al gobierno fueron caricaturizados y rídiculizados en televisión nacional, y por ello es cuanto menos preocupante que el primer personaje parodiado en este programa propagandístico sea una opositora; por otro lado, Dresser ha sido señalada en múltiples ocasiones de hacer una crítica superficial desde un coto de poder evidente y una burbuja de privilegios que dista mucho de representar las voces que dice representar.

Si a lo que vimos el domingo en La Maroma Estelar se verá reducida la producción de propaganda oficialista en esta administración, el daño no será para el movimiento político, sino para los medios públicos que siempre serán urgentes y siempre están olvidados.