‘Manifiesto Mexicano’, de Denisse Dresser: cuando un libro de autoayuda se disfraza de ensayo político

El último libro de Denisse Dresser, politóloga y profesora en el ITAM, Manifiesto Mexicano dice ser un “corte de caja” del sexenio de Peña Nieto mezclado con consejos para “recuperar el rumbo” del país. El problema es que no es más que un libro de autoayuda política que no demuestra otra cosa más que miedo por la campaña de Andrés Manuel López Obrador.

Cada año electoral es semillero de libros de análisis político: libros que resumen las críticas de todo un sexenio, que presentan diagnósticos o análisis o proposiciones o meramente se aprovechan de la conmoción y el río político revuelto.

El nuevo libro de Dresser, publicado por Aguilar, no es diferente al que publicara hace siete años: es una revisión de los escándalos periodísticos, mediáticos y de relaciones públicas del gobierno de Enrique Peña Nieto, plagado de comentarios que dejan bien en claro la línea y la agenda política de la politóloga.

Los adornos y la vida cotidiana en México

El estilo de Dresser siempre tiene una cadencia oral (o, más bien de concurso de oratoria) al que están acostumbrados quienes la vean todos los lunes con Carmen Aristegui o en los programas de televisión y radio donde se le invita a opinar sobre la coyuntura política de la semana: los hashtags, los chistes y memes que se convierten en ‘categorías’  políticas (como “el fiscal carnal”, por ejemplo), repeticiones y, en general, una cursilería que cuesta sacudirse para llegar al centro de sus argumentos.

Del mismo modo, los autores que cita, los libros que menciona tanto en sus colaboraciones como en Manifiesto Mexicano le sirven solo como decoración: siempre hasta el final del párrafo o en el mero principio sólo como pretexto. Escritores y pensadores extranjeros que no le sirven para explicar ni contextualizar la compleja situación política mexicana sino como ‘detalle de color’ y, también, como marca de distinción más que apoyo teórico

El detalle que prácticamente siempre sean autores extranjeros, de hecho, no es detalle: es un síntoma de un pensamiento alejado de la realidad política nacional, mismo que se lee a lo largo y ancho de la bibliografía de Dresser. Cuando llega a citar a un escritor mexicano o es la escuela paciana o es algún amigo y compañero articulista suyo (Meyer, Sarmiento, Villoro).

Esa distancia con la vida cotidiana de la mayoría de los mexicanos es evidente cuando la crítica de Dresser se queda en las decisiones cupulares partidistas y la macroeconomía, la ‘urgencia’ de las reformas estructurales peñanietistas y los grandes datos. Todo afecta directamente a millones, pero la relación no es directa.

Del mismo modo, cuando toca hablar de atropellos a los derechos humanos (de esos de los que hay para dar y repartir en el sexenio de Peña Nieto), hay un paternalismo desesperante en su escritura: ‘los pobres’ y ‘los oprimidos’ son por un lado siempre víctimas del gobierno pero, por otro lado, son pedigüeños que están a la espera de dádivas del gobierno cuando se trata de políticas sociales.

¿Dresser creyó o no en EPN? Nunca lo sabremos

Para hacer una crítica necesitas una postura, para que esa postura sea evidente, tienes que construir un discurso claro que te permita hacer guiños retóricos, chistes o utilizar el sarcasmo sin confundir al lector. Con Dresser no queda del todo claro nunca.

Cuando describe la primera mitad del peñanietismo, el Pacto por México, la propaganda de las reformas estructurales, todo parece que creía fervientemente en ellos: en el cambio dentro del Revolucionario Institucional, en la ‘modernización’ de México y la prometida reducción de la pobreza y la lucha contra la corrupción.

Siempre ocurrió algo ‘que rompió el encanto’, ‘que arruinó la ilusión’: Ayotzinapa o la Casa Blanca, el estancamiento económico o la caída del precio del petróleo. Pero siempre es un encanto y una ilusión en la que no queda claro si Dresser creía en ella o no.

Todo por y para y contra López Obrador

Todo libro tiene dos dedicatorias: el tema explícito y el mensaje oculto. Con el Manifiesto Mexicano, podría creerse que es un análisis del sexenio de Peña Nieto, pero ni bien empieza el prólogo (ajá: todavía ni empieza el libro) y las dedicatorias a López Obrador empiezan: el mesías, el salvador, el héroe, el hombre fuerte…

Para Dresser, el ciudadano es por sí solito una categoría moral (y hasta jurídica) más elevada que cualquier político: la sociedad civil, los candidatos independientes y las iniciativas de ley propuestas por ‘ciudadanos’ son mejores, más limpias y ajenas a cualquier interés que no sea el bien “de la nación”, y frente a estos salvadores y mártires están los ejércitos morenistas.

Las elecciones que acaban de ocurrir fueron, en su lectura, un enfrentamiento entre un México ciudadano y el de los partidos políticos. Más específicamente, fue una elección entre López Obrador y los ciudadanos.

Cae en la misma trampa retórica que la derecha más recalcitrante: confundir ‘populismo’ con autoritarismo y, por lo tanto, la derrota de López Obrador a manos de los ‘ciudadanos’ era el mejor resultado posible.

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¿De verdad es un manifiesto?

Un manifiesto, supuestamente, debería de ser un texto breve firmado por varias personas que, si bien no piensan igual, comparten una postura política o estética clara y determinada. El libro de Dresser sólo está firmado por ella, aunque tiene ilustraciones del monero Rapé.

¿Qué manifiesta Dresser? Esa es la pregunta que nunca pudimos responder.

 

Raúl Cruz ⎢ @rcteseida

Por: Redacción PA.