¿Quieres recibir notificaciones de nuestro sitio web?

50 años sin Luther King: ¿qué es protestar desde la ‘no violencia’?

Hace 50 años, frente a su cuarto de hotel y con un cigarro en la mano, fue asesinado el reverendo Martin Luther King Jr., activista, líder de la lucha por los Derechos Civiles durante los 60 y crítico constante del sistema político y económico de los Estados Unidos. Hoy, MLK es más conocido por su ‘impulso’ a la ‘no violencia’, sin embargo se han llegado a confundir los términos: ¿de verdad la protesta ‘no violenta’ es lo mismo que ‘pacífica’?

MLK y allegados un día antes del asesinato del reverendo, en Memphis, Tennessee

Hace un año escribía en este mismo espacio la vigencia de Luther King como un personaje contradictorio y siempre autocrítico dentro del movimiento que encabezaba (que no dirigía). Su formación religiosa, como la de muchos otros activistas, se traducía en una resistencia activa pero no violenta que rápidamente después de su muerte fue cooptada por aquellos a quienes puso resistencia en vida.

A 50 años de su asesinato, las preguntas quizá ya no tengan que recaer en la figura histórica que retomara la ‘no violencia’ india, sino en qué significó en su momento esa resistencia y cómo ha sido tomada por las nuevas generaciones y cómo han tratado de limar y reducir a frases cursis desde su oposición una praxis política que no buscaba “cambiar a las personas”, sino forzar cambios sistémicos urgentes.

La violencia de la ‘no violencia’ de Luther King

La violencia no tiene una definición única, no tiene el mismo valor político, moral o ideológico: la violencia del opresor se ejerce de muy distintas maneras que la violencia defensiva de los oprimidos (de la misma forma como el humor y la comedia no funcionan igual ‘hacia abajo’ que ‘hacia arriba’).

En ese sentido, la ‘no violencia’ que practicaron Gandhi y Luther King no debe de ser equiparada a las manifestaciones de cierto sector de la “sociedad civil” que, vestida de blanco y con globos, pide un “alto a la delincuencia”; sino, más bien, a las protestas con las manos alzadas de #BlackLivesMatter o a las de grupos feministas exigiendo el cese de los feminicidios.

MLK no era pacifista, creía plenamente en el derecho inalienable de la defensa propia: por ejemplo, tenía en su casa una pistola cargada en todo momento y es famosa la declaración de Fanny Lou Hammer, activista de los Derechos Civiles, de tener una escopeta preparada para defenderse de cualquier “blanquito que quiera echar dinamita a mi casa”. (Vía: The Atlantic)

Así, la No Violencia no es lo mismo que el pacifismo new age con el que hoy se recuerda apolíticamente a King (y a Gandhi, también). Para él, como lo ha sido para los principales teóricos de la No Violencia, no se trata simplemente de ser golpeado por racistas, no era un fin sino un medio. Tal como él mismo lo escribió en la Carta desde una Prisión de Birmingham: (Vía: Washington Post)

¿Por qué los plantones, las marchas y todo lo demás? ¿Qué no la negociación es un mejor camino?» Tienen toda la razón al llamar por la negociación. De hecho, ese es el mismo propósito de la acción directa. La acción directa sin violencia busca crear tal tensión y crisis que una comunidad, que constantemente se ha negado a negociar, sea forzada a hacerlo, a que confronte el problema. (Vía: Universidad de Pennsylvania)

Marcha de padres de Ayotzinapa frente a Antimonumento

En ese sentido, la protesta pacífica sigue siendo, hoy, un ejercicio de acción directa. Sigue siendo un catalizador de respuestas violentas (de cierto tipo específico de violencia) frente a violencias sistemáticas. Tal como en toda América Latina estamos acostumbrados a ver choques entre manifestantes y ‘cuerpos de seguridad’; tal como actos de resistencia son respondidos casi sin cuestionamiento con fuerza letal.

La ‘No Violencia’ no es un fin en sí mismo, como tampoco lo son (o deberían de serlo) las manifestaciones públicas. Eso lo entendió King, lo entiende #BlackLivesMatter, lo entienden los padres de Ayotzinapa pero no así sus críticos ni, lamentablemente, muchos de quienes los apoyan y apoyaron.

Luther King y el paso de la Historia

Walter Benjamin, en su tesis IX en Sobre el Concepto de Historia, equipara a la historia con el dibujo de Klee: un ángel que avanza con la cara hacia el pasado y acumula ruina a su paso, no puede frenarse para cuidar o remendar los daños que causó por un fuerte viento que lo arrastra y con lo que suma más cadáveres y más ruina. (Vía: Löwy, Fire Alarm)

Luther King durante un discurso en Harlem

El paso de la historia es violento, el camino que deja a su paso es de ruinas: sueños, buenas intenciones y esfuerzos individuales quedan, a veces, nada más como notas al pie de un periodo determinado. No ha sido así (o no del todo) con los mecanismos y las prácticas que dejaron Martin Luther King y sus allegados.

Depende de quienes quedan aquí, de los que siguen viendo los problemas, las crisis irresueltas, los sueños diferidos, que frente a un ángel que avanza destruyéndolo todo haya quienes estén dispuestos a arriesgarlo todo no por ellos mismos ni por su vecino: por quien no conocen, por quien no verán nunca.

 

Raúl Cruz V.