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Final Fantasy VII: Lecciones de ecología y terrorismo

El remake del clásico de Square Enix nos invita a reflexionar en tiempos de pandemia
(Imagen: Square Enix)

Lo confieso, los videojuegos han sido mi escape durante estos días de confinamiento. El tema coronavirus puede ser agotador y la mente necesita un escape. Así que me volqué sobre el remake de Final Fantasy VII. Lo jugué a la velocidad del rayo la primera vez y me di cuenta que hay muchos detalles que me perdí por mi locura. Así que en esta segunda vuelta, me estoy dando cuenta que el juego nos deja muchas lecciones, bastante profundas, sobre el medio ambiente, nuestra relación con el planeta, la ecología y el terrorismo.

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La naturaleza es donde más se ha notado el impacto de la pandemia. Los animales se sienten más libres, el aire se ha vuelto menos tóxico y hasta la falta de ruido ha favorecido a las ballenas en los océanos. Esto lo menciono porque una de las características de Final Fantasy VII es que es un juego con toques green. Es decir, es un juego que tiene conciencia ecológica y esto me ha hecho reflexionar sobre la relación del ser humano con el planeta. Pero también hasta dónde se está dispuesto a llegar para defender un ideal y que tan aceptable es sacrificar todo por una meta, por más grande que sea.

(Imagen: Square Enix)

Para los que ya han jugado Final Fantasy VII —y para los que no— el Remake mantiene la premisa del juego de 1997: un grupo de ecoterroristas, Avalanche, está buscando evitar que un corporativo siga aprovechándose del planeta para seguir acumulando dinero y poder. Resulta que Shinra, el malvado corporativo, está extrayendo mako. ¿Qué es mako? Es la manifestación en energía de la corriente vital —lifestream— del planeta. Su extracción se hace a través de reactores que brindan electricidad y básicamente ponen en movimiento a Midgar, la ciudad donde tiene lugar el juego.

Aunque, como es de esperarse, la energía de mako que usan para promover que están haciendo mejor la vida de las personas, una vida más lujosa, sólo está al alcance de unos cuántos. Sí, sólo algunos tienen acceso a estos privilegios, mientras que el resto vive en los barrios marginales creados por la desolación del planeta. ¿Suena familiar?

En otras palabras, en el universo de Final Fantasy VII el planeta es un ser vivo. Y cada que Shinra usa sus reactores para obtener mako con fines de lucro, le está quitando vida al planeta. Lo está matando. Es por eso que Avalanche está buscando la mejor manera para detener a Shinra y evitar que el planeta sea destruido.

¿Por qué Avalanche es acusado de ser terroristas o ecoterroristas? Porque han adoptado medidas extremas para salvar al planeta. Como le explica Barret, el líder de Avalanche a nuestro protagonista, Cloud el mercenario:

“¿Qué diablos crees que va a pasar cuando todo se haya ido, eh?”, refiriéndose a la extracción descontrolada de mako.

Hace 20 años, o más, esto no tuvo gran impacto en muchos de nosotros. Ahora, conociendo lo que está pasando con la Tierra debido al calentamiento global, el cambio climático y la pandemia, el Remake de Final Fantasy VII nos hace ver el juego con otros ojos. Porque lo que representa no está tan lejos de lo que estamos viviendo.

(Imagen: Square Enix)

Las llamadas de atención parece que pasaron desatendidas. Las tormentas ya están aquí. El daño ya está hecho. Los niveles de los océanos están subiendo y casi todos estamos encerrados en nuestras casas debido a una pandemia. Lo que una vez se sintió como alarmismo ahora parece una reacción muy racional al mundo tal como existe hoy, y ese es un pensamiento aterrador. Sugiere que un videojuego intentó despertarnos y que no le hicimos caso. Y, 20 años después, su mensaje está siendo mejor comprendido, pero tal vez ya sea muy tarde.

Sin embargo, también nos plantea un dilema moral de otra naturaleza: ¿Hasta dónde estamos dispuestos a llegar para defender a nuestro planeta? ¿Hasta dónde es válido luchar por un ideal? Avalanche hace explotar un reactor, sin importar que muchas vidas inocentes se pierdan o se vean alteradas como resultado de poner una bomba.

En los tiempos turbulentos y perturbadores que estamos viviendo, el remake de Final Fantasy VII nos sacude a varios niveles. Manejando a Cloud terminas por destruir la vida de muchas personas. Lo hiciste por una buena causa, salvar al planeta, pero como resultado simplemente terminamos por arruinar la vida y los medios de esas personas para subsistir. La ciudad arde y arde lentamente mientras tratamos de llegar a nuestro destino. El resultado de nuestra obra. ¿Vale la pena llegar a ese extremo por un ideal? Lastimosamente, aún no he encontrado la respuesta.

Y si bien había jugado el Final Fantasy VII de PlayStation, no esperaba que el Remake llevara las cosas aún más allá y que creara este tipo de dilema moral inmersivo de inmediato. Esto sólo hace que reflexionemos sobre cómo podemos salvar al planeta para la humanidad y sí realmente la única salida que tenemos es recurriendo a medidas extremas, como hacer que todo explote para ver si ahora sí cambia algo.