Contra Avelina Lésper: ¿hacia dónde van los críticos de arte?

Avelina Lésper publicó abiertamente una convocatoria para abrir un diálogo con los grafiteros que hicieron la pinta de “¡Avelina Lésper, me la pelas!” en la CDMX, misma que ya fue atendida, con lo que se realizará el encuentro el cuatro de agosto en el Museo de la Ciudad de México. (Vía: Milenio)

En Plumas Atómicas, platicamos con Neón, el autor de esa pequeña frase que hizo que Avelina, una de las críticas de arte más conocidas de México, volteara a verlo y también al mundo del graffiti, al que ella mira con desdén.

Dentro del reclamo pasivo de Neón, a través de una pinta agresiva, se encuentra también gran parte de todos los reclamos que se han hecho hacia Avelina Lésper.

La forma en que ella constituye el arte parece una serie de dogmas academistas que limitan el arte a aulas y formas de expresión tradicionales, dejando de lado cualquier expresión que, al menos, no se sustente bajo los argumentos que ella esgrime con el filo que sus palabras saben imprimir en cada texto o crítica que hace.

Las máximas que tiene Lésper son, abiertamente, contra expresiones artísticas y culturales que no entran en su ideal de lo que representa la forma expresiva del humano como un fenómeno histórico y de contextos específicos.

El arte es un concepto móvil, que se adapta a las condiciones de el contexto en donde se desarrolla. La aparición de nuevas artes va de la mano con la evolución también de la tecnología y los soportes para su realización. El graffiti habría sido imposible sin la facilidad que dan las latas de aerosol para que esto sea rápido, con lo que implica su ilegalidad en sus orígenes y muchas de sus expresiones.

Sin embargo, esto no parece estar claro dentro de la línea de pensamiento que maneja ella. El arte contemporáneo es su principal objetivo, pero también otras expresiones, como el graffiti, al que no critica de una forma extensa, sino que se limita a demeritarlo por lo ilegal de su producción.

La crítica de arte, como práctica dentro de esta industria, se ha dedicado a establecer las bases en las que el arte de cada tiempo corresponde a su realidad, así como el sustento artístico, en tanto que es considerada la mayor forma expresiva del ser humano.

Gran parte de los argumentos que Lésper elabora tienen un sustento, en una forma clásica de ver el arte. Así mismo, en algunas ocasiones busca defender que el arte debe ser más que una forma VIP (Video, Instalación y Performance), que son soportes exclusivos y que no se pueden explicar por sí mismos, sino que exigen una explicación, por lo que no asegura poder tener una trascendencia. (Vía: Crítica Chile)

Hasta ahí, todo bien. Es cierto que el arte contemporáneo lleva una carga elitista, que en muchos casos es puro arte de autor, en el que lo que se busca expresar es dispensable, pues lo que importa es la firma que lleva, como en el caso de Gabriel Orozco, que dentro de sus dos obras más importantes está una caja de zapatos y vacía y un OXXO.

Esto responde a ciertos vicios de la industria artística, que puede producir piezas y obras que alcancen reconocimiento y un precio en la industria de manera artificial. La crítica, en este sentido, se entiende y se sustenta. Sin embargo, Lésper la lleva mucho más allá.

En el caso de graffiti, apoyó una supuesta crítica en un prejuicio propio que tiene ella, también limitando el quehacer artístico y cultural a aquello que parece ser solo su forma de pensamiento.

El papel del crítico está, en este sentido, apoyado en lo mismo que critica. La crítica toma valor por quién la enuncia y Lésper está consciente de ello.

La forma en que se acercó a los grafiteros fue a través de una confrontación, que ella creía hacer de forma unilateral pero que encontró respuesta. Ahora, estaremos a la espera de este diálogo el cuatro de agosto, para seguir diseminando la forma en que se hace crítica y, sobre todo, la forma en que Avelina Lésper hace crítica.

Por Freddy Campos | @Freddorific