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Ojalá me hubieran abortado: Crónica de una película pro-vida

Sobre cómo fui a ver Inesperado, una película pro-vida, y deseé que me hubieran abortado ahí mismo
Crítica a Inesperado, una película pro-vida

El domingo en la noche fui a ver una película al cine. Aunque estaba preparada para ver una muy mala película, no pensé salir tan enojada como lo hice. La película se llama Inesperado y cuenta la vida de Abby Johnson, mujer que pasó de “pro-aborto” a “pro-vida”. ¿El problema? La película es tendenciosa y falsa, critica el aborto a partir de apelar a las emociones del espectador y no mediante datos verídicos.

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Lo único bueno, supongo, es que yo la sufrí para que nadie más tenga que hacerlo. La película la vi en Perisur y la sala estaba llena, principalmente de parejas heterosexuales de distintas edades. Todos en la sala se sorprendían con las escenas más explícitas de la película, cerraban los ojos, denotaban incomodidad. Nadie dijo que el aborto es bonito, eso no significa que su legalización deje de ser necesaria.

La película es gráfica a niveles ridículos. Realmente es como ver un meme pro-vida de 99 minutos. Un feto (ingeniero, si gustan) “se aleja” de la sonda que después lo succiona hasta que desaparece del útero. A pesar de que la música de la escena denotaba tensión, en mi mente no dejaba de sonar “mamá, mi piernita”. No creo que esté demás reiterar que antes de las 24 semanas no se han formado las conexiones nerviosas de la corteza cerebral que procesa el dolor. El feto no siente dolor. (Vía: BBC)

En todo momento el aborto es presentado como un asesinato: la sangre, la música, las lágrimas de los personajes. La protagonista se hace dos abortos, uno de los cuales es con misoprostol. Y sí, aunque este tipo de procesos genera cólicos más intensos y un cierto número de coágulos, definitivamente no representa el escenario de Scary Movie que se ve en la película.

Breve resumen: Abby Johnson es directora de una clínica de Planned Parenthood que, entre sus distintos servicios, se encarga de proporcionar abortos. Después de ocho años de trabajar ahí, Abby presencia por primera vez un aborto y alcanza a ver en el ultrasonido cómo el feto se aleja de la sonda. Tiene entonces una revelación espiritual y decide volverse unirse a una coalición pro-vida.

En la película también se muestra a la jefa de Abby Johnson como la encarnación del mal. Una señora que se rige por cifras y que promueve los abortos como si fueran dulces. Johnson sostiene que renunció a la compañía por dos razones: por ver al bebé “luchar por su vida” y porque le pidieron aumentar la taza de abortos que proveía la clínica.

Ahora bien, creo que habría que analizar más a fondo la historia de Abby Johnson —y recordar que su visión sesgada no tendría por qué definir una posición ética sobre el aborto. La revista Salon establece que un día después de haber visto al “feto luchador”, Johnson tuvo una entrevista en la que no sólo defendía el trabajo de la clínica, sino que se burlaba de los “pro-vida”.

Supongamos que Johnson tardó una semana en procesar este “dilema moral” al que se enfrentaba (que en la película se ve reducido a unos minutos), lo que verdaderamente llama la atención es el ultrasonido. En todas las entrevistas, ella asegura que “el momento que cambió su vida” fue el 26 de septiembre… sin embargo, según registros oficiales de Planned Parenthood, ese día no hubo ningún ultrasonido.

De por sí ya llamaba la atención que la DIRECTORA de la clínica, que llevaba ocho años ahí, nunca hubiera visto un ultrasonido, pero la falta de registros es aun más sospechosa. De hecho, ninguna de las personas ingresadas ese día a la clínica tenía un embarazo de más de diez semanas aunque ella asegura que el ultrasonido se realizó a una paciente de trece semanas. (Vía: Texas Monthly)

Entonces… ¿sí pasó o sólo es propaganda de ultraderecha? Su mejor amiga de la clínica, Laura Kaminczak declaró que Johnson había tenido problemas con sus supervisores. Esto debido a un correo entre ambas en el que hablaban mal de una de sus compañeras. Debido a este correo, Kaminczak fue despedida y Johnson tuvo que hacer reportes semanales de su trabajo. Tres días después de que Johnson fue castigada, ella decidió renunciar. (Vía: Observer)

Su enojo era palpable. En Facebook escribió este estado:

“Está bien. Así está la cosa. He hecho el trabajo de dos personas durante dos años. Luego, después de que dediqué mi vida a este trabajo y lo puse por encima de mi familia, mis amigos y mi vida personal, tienen la audacia de decirme que mi desempeño está ‘disminuyendo’. ¿QUÉ? Es una locura. Quien me conoce sabe lo dedicada que estaba a ese trabajo. Definitivamente no me valoran. ¡Así que me voy y me siento muy bien por eso!”

La película también muestra un juicio entre Johnson y Planned Parenthood, en el que se menciona que Johnson tiene una orden de restricción. No, no se trataba de una medida personal, sino que el 2 de octubre (el mismo día que fue castigada) se le vio tomando objetos de la clínica, entre ellos archivos confidenciales. Muchos “pro-vida” que se manifestaban fuera de la clínica apuntaban las placas para después buscar a las mujeres en su domicilio, hostigándolas y presionándolas a no abortar –robar datos confidenciales daría pie a nuevos niveles de hostigamiento. (Vía: Salon)

Kaminczak también declaró que Johnson tenía problemas financieros y que el líder de la coalición pro-vida, Shawn Carney, le había prometido $3,000 dólares (más de cincuenta mil pesos) por “cambiarse de bando”. Llama también la atención que se critique a Planned Parenthood por ser una empresa que lucra con los abortos –a pesar de contar con 60 millones de dólares anuales del gobierno federal y financiamiento de corporaciones sin fines de lucro– cuando, desde que Abby Johnson dejó su trabajo, ha vivido de ser la cara de los “pro-vida”. Sus conferencias “anti-aborto” son lo que la mantiene, si queremos hablar de financiamientos engañosos.  (Vía: New York Times)

Finalmente, a pesar de la mala propaganda hacia Planned Parenthood, habría que mencionar que únicamente 3% de su trabajo implica abortos. El resto de los servicios que ofrecen se basa en educación sexual, uso de anticonceptivos, atención médica, pruebas de embarazo, orientación legal y asesoría personalizada.

La película estadounidense fue principalmente financiada por el inventor de Mi Almohada, Mike Lindell. Pero, entre sus varios productores también se encuentra Eduardo Verástegui. Quien, además, se ha encargado de trasladar la película a México donde se presenta tanto en Cinépolis como Cinemex y, al momento, es un “éxito en taquilla”, según Siete24… claro, tomando en cuenta que es una etapa de baja en taquilla porque han terminado los blockbusters veraniegos.

Verástegui no sólo se ha encargado de trasladar la película a México, sino que busca que ésta influya en las decisiones legales sobre el aborto. Sostiene que, al momento, se han sumado 150 legisladores de distintos partidos políticos a su proyecto “pro-vida”, incluido Cuauhtémoc Blanco, quien fue a la premier. Además, inició #InesperadoChallenge en el que invita a diferentes celebridades “pro-aborto” a ver la película para cambiar su percepción: AMLO, Olga Sánchez Cordero, Citlalli Hernández, Alex Orué, El Mijis y Ximena Sariñana, entre otros.

Cuauhtémoc Blanco y Eduardo Verástegui en la premier de Inesperado. (Imagen: Twitter)

En entrevistas sobre la película, Verástegui ha presentado un número magnífico de declaraciones en contra de la libertad y autonomía de la mujer. Sostiene, por ejemplo, que el aborto “no es ni un derecho ni es humano“, que las mujeres “no pueden hacer con su cuerpo lo que quieran“, que el “aborto es un crimen“. Y que él, como productor de esta película, se ha convertido en un “instrumento que le salvaría la vida” a una gran cantidad de bebés.

Habría que tomar en cuenta que los abortos en México son distintos a los que suceden en Estados Unidos. En México no existe Planned Parenthood, esta “compañía malvada que lucra de abortos”, sino que éstos se realizan en hospitales públicos pues es un problema de salud pública. La marea verde exige abortos legales, seguros y gratuitos para todas.

La película Inesperado es una película religiosa que busca imponer visiones morales a través de apelar a las emociones del espectador. Habla de “salvar las dos vidas”, sin tomar en cuenta las condiciones específicas de cada mujer, sin pensar en su economía, su situación o, finalmente, sus ganas de ser madre. ¿Por qué el supuesto de una vida tendría más valor que la vida de la mujer?

En Estados Unidos, la historia de Abby Johnson sólo se propició en círculos religiosos. Aquí, gracias a las distribuidoras de cine, cientos de personas serán afectados por esta medida propagandística. Inesperado está basada en una memoria personal. En una subjetividad. En un pensamiento personal. En un posicionamiento moral específico. ¿De verdad se espera que esto afecte decisiones jurídicas? ¿Dejaremos que las visiones morales –de otro país, además– influyan en las decisiones de salud pública de nuestro país?

Claro que estoy a favor del aborto. Si me hubieran abortado, no hubiera tenido que ver 99 minutos de esta pésima película.