¿Violencia del crimen organizado podría escalar a conflicto armado?

La Academia de Ginebra para el Derecho Internacional Humanitario y los Derechos Humanos señala que hay dos tipos de conflictos armados: el internacional y el no internacional. El internacional es entre dos Estados, el segundo es cuando hay una guerra entre un Estado y grupos armados organizados. Ese tipo de conflicto es el que se podría encontrar en México, según el Reporte de Guerra 2017.

La Academia de Ginebra, en Suiza, destaca que el Estado mexicano se encuentra actualmente en un conflicto con el Cártel de Sinaloa y el Cártel de Jalisco Nueva Generación, pero no siempre fue así. Las actividades de los cárteles mexicanos comenzaron hace más de un siglo y para los ochenta, México ya era una de las rutas principales de drogas hacia los Estados Unidos.

Actualmente, entre 60 y 80 grupos criminales operan por todo el país. Sin embargo, el Cártel de Sinaloa, los Beltrán Leyva y la Familia Michoacana, así como el relativamente nuevo Cártel de Jalisco Nueva Generación han destacado y perdurado. Son el Cártel de Sinaloa, actualmente liderado por el “Mayo” Zambada, y el CJNG, de “El Mencho”, las organizaciones con las que el gobierno mexicano tiene un conflicto que podría escalar tras el aumento de violencia en el país durante el 2017.

En 2017, las fuerzas de seguridad de México discutiblemente se engancharon en un conflicto armado no internacional con al menos el Cártel de Sinaloa y el Cártel de Jalisco Nueva Generación. Es importante anotar que esta clasificación es controversial”, dice el Reporte de Guerra.

La Academia explica que la escalada de la situación vio un parteaguas durante la administración de Calderón, cuando el entonces Presidente declaró una guerra contra las drogas. Durante el sexenio de Calderón se registraron 102 mil asesinatos, de las cuales el Reporte de Guerra señala que aproximadamente un tercio y la mitad de los homicidios se relacionan al crimen organizado. Lo mismo ocurre con el gobierno de Peña Nieto.

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Peña Nieto entró a su administración con la promesa de un cambio en el acercamiento a la lucha contra las drogas, pero no funcionó y los enfrentamientos continuaron. De ese modo, dice la Academia, la violencia aumentó. La situación ya llevó a que se emparejara la cifra de homicidios dolosos entre la administración de Peña y la de Calderón. Según las cifras del Sistema Nacional de Seguridad Pública, entre diciembre de 2012 y febrero de 2018 se registraron 102 mil 327 muertes.

“Esto llevó a una carrera armamentista y a un aumento de enfrentamientos de alta intensidad entre los cárteles y las Fuerzas Armadas, incluyendo varios choques en 2017”, dice el informe sobre el conflicto en el país.

A su vez, ante los constantes golpes de las autoridades contra los cárteles, surgieron nuevos grupos que han sido incapaces de llevar operaciones a gran escala o controlar zonas importantes del territorio nacional, lo que ha llevado a estas pequeñas organizaciones a buscar otras actividades, como la extorsión, el secuestro, el robo de combustible, tráfico de personas y de armas.

“Dependiendo de una corrupción generalizada, la mayoría de los cárteles operan sin interferencia de, o con el apoyo de, funcionarios de gobierno corruptos o miembros de las fuerzas de seguridad”, agrega la Academia.

Creció la militarización en el país. Comandantes y ex mandos militares tomaron el control de las Policías en el país, además de que en diciembre de 2017, los legisladores aprobaron la polémica Ley de Seguridad Interior. También, desde la administración de Calderón, dice la Academia, las Fuerzas Armadas han recibido mayor presupuesto cada año y una mejora en su equipo bélico y inteligencia.

En tanto, dice la Academica, en 2017, con el incremento de violencia, el número de muertes en el país ha llegado a proporciones que superan el número de muertes en guerras como el conflicto de Corea y Estados Unidos, así como el número de muertes estadounidenses actual en Afganistán e Irak, donde de hecho sí hay un conflicto armado internacional.

La violencia relacionada al crimen organizado en México no tiene precedentes no sólo en términos de número de muertes, pero también en la forma de la violencia. Las tácticas usadas por los cárteles son particularmente brutales (…). Enfrentamientos entre cárteles y fuerzas de seguridad involucran armamento pesado, incluyendo rifles de alto calibre, granadas de fragmentación, cohetes y minas antipersonales. En adición, la violencia de cárteles no se limita a la protección de sus actividades criminales, también incluyen ataques contra funcionarios de gobierno, candidatos políticos y los medios”, apunta el documento.

La Academia de Ginebra para el Derecho Internacional Humanitario y los Derechos Humanos apunta que son tres los requisitos –analizados en orden– para que un problema bélico escale a un conflicto armado no internacional. Primero, debe haber un conflicto armado prolongado; segundo, la violencia debe ser protagonizada por fuerzas gubernamentales y al menos una organización armada no gubernamental; el tercer requisito es que la violencia ocurra entre ambos lados. Teniendo en cuenta estos requisitos, no es muy difícil imaginar porque el Reporte de Guerra coloca a México como un país con un conflicto armado no internacional, como ha sido el caso de países como Colombia.