Sí, también existe la comunidad trans indígena y vive discriminación doble

Desafortunadamente sí existe discriminación en la comunidad LBTTTIQA,uno de los sectores que más padecen violencia son las mujeres trans indígenas
Sí, también existe la comunidad trans indígena y viven una discriminación doble. (Imagen: Twitter)

Tal parece que no somos capaces de respetar o entender la multiplicidad de formas de vivir la identidad de género, sexualidad o inclusive una postura política. Inclusive cuando se logra visibilizar la existencia de la comunidad trans, no se habla de aquellas personas que son aún más apartadas de la vida pública y política: las personas trans indígenas. Ellas sufren una doble discriminación primero en sus comunidades y, después, fuera de ellas donde las personas parecen subordinar a las personas indígenas.

Una mujer trans que decide expresar su identidad de género abiertamente debe enfrentarse no sólo al rechazo e incomprensión de su comunidad, también debe plantearse la posibilidad de irse de su hogar para vivir de manera congruente con su identidad, corporalidad y anhelos.

Los indígenas  y las autoridades religiosas de Colombia creen que la identidad de género y la orientación sexual no heteronormal son un “invento de la modernidad”. Inclusive atribuyen fenómenos naturales a los comportamientos morales de la comunidad.

Así, las mujeres transexuales indígenas sufren represión por parte de los líderes de su comunidad, inclusive algunas son recluidas para que “corrijan su conducta”. Esto se debe a que según las creencias de estas comunidades, cualquier cambio que afecte tanto la corporalidad y sexualidad de las personas va en contra de la naturaleza, por tanto debe “arreglarse”.

Estas mujeres encuentran un aparente refugio en los cafetales de la zona occidental de Colombia, pues tras su jornada laboral regresan a sus hogares donde pueden vestirse, comportarse y expresar no sólo su feminidad, sino su identidad de género.

Según una investigación de National Geographic, para los cafeticultores es más rentable contratar a las mujeres para la recolección, pues “son más entregadas al trabajo y emiten menos quejas”. Tampoco es que se les dé un sueldo digno, pero ellas aceptan el empleo pues allí se sienten acompañadas por otras mujeres con las que comparten las chozas y cabañas que les ofrecen los empleadores. 

Entre los castigos que se les imponen se encuentran la reclusión, corte del cabello e inclusive intentan emparejarlas con otras mujeres para que socialmente retomen su “antigua identidad como varón”.

A pesar de que este escenario es terrible, algunas mujeres se sienten tranquilas en los cafetales. Pero vamos, que en México las mujeres trans indígenas no viven en una comunidad más respetuosa. En primera instancia sufren discriminación por parte de un país que no ofrece siquiera políticas lingüísticas que preserven sus idiomas, tampoco les ofrecen educación, salud o trabajos dignos.

En segunda instancia, deben enfrentar a su comunidad y creencias para defender su identidad de género. Un ejemplo son los muxes en Juchitán, Oaxaca, donde aparentemente pueden vivir de manera libre, sin embargo, sufren abandono por parte de las autoridades y la convivencia con las demás personas de su estado no es equitativa, y su presencia es tolerada, más no respetada o comprendida.

No hay una distancia tan corta entre los anhelos de quienes no entendemos y los nuestros. Sólo se busca la libertad de ser, vivir y no sobrevivir.

 

Con información de: Desastre y National Geographic