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Encuentran restos de Salvador Adame, periodista michoacano desaparecido

El gobierno de Michoacán, a través del Procurador General José Martín Godoy Castro y en una conferencia de prensa informó que fueron localizados los restos del periodista Salvador Adame, desaparecido hace más de un mes.

Salvador Adame fue levantado el 18 de mayo, tres días después del asesinato del corresponsal de La Jornada, Javier Valdés. Sin noticias sobre su localización ni evidencia de que el gobierno estuviera haciendo una investigación para encontrarlo con vida, habían pocas esperanzas para encontrarlo. (Vía: La Voz de Michoacán)

Los restos de Adame fueron encontrados, según el procurador michoacano, gracias a la detención de dos miembros de la delincuencia organizada. “El Cabezas”, uno de los detenidos, dijo el procurador, fue amigo de la infancia de Adame y se refería a él como un “primo”.

En la declaración de Godoy Castro se insinúa una relación directa entre el periodista y sus captores, no llega a dar el paso de vincularlos, pero sí deja en el aire una pregunta que no hace: ¿por qué Salvador Adame se relacionaría con miembros del crimen organizado?

Los restos del periodista fueron encontrados calcinados y “en bolsas” en un pareja denominado “Barranca del Diablo”, y fue gracias al interrogatorio de la PGJ de Michoacán que pudieron dar con ellos.

Desde tiempos de Felipe Calderón, las autoridades no arriesgaban hacer la relación que ha establecido “en voz del gobernador Silvano Aureoles” (como fue presentado) el procurador, se limitaban a no investigar, a fallar constantemente en los procesos legales, a olvidar los casos… ¿Estamos frente al un regreso cínico de la retórica de “por algo los han de haber matado”?, ¿cuál fue la intención del procurador de decir, delante de cámaras, que había una “probable relación personal” entre la víctima y sus victimarios?

Adame es el noveno periodista asesinado en lo que va del año, sin tener, siquiera, un estimado del número de periodistas desaparecidos, ¿cuántos más van ser culpables de su propia muerte?