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¿Cómo se vive la ausencia?: Testimonios a cinco años de Ayotzinapa

A cinco años de la desaparición de los 43 estudiantes de Ayotzinapa, la investigación continúa. La búsqueda de sus familiares también.
Testimonios de los familiares de los cuarenta y tres estudiantes desaparecidos de Ayotzinapa

Cinco años después, siguen desaparecidos 43 normalistas. Hijos, hermanos, sobrinos, primos, amigos, estudiantes. Todos desaparecidos. Cinco años después, la investigación sigue en curso. Cinco años después, todavía no sabemos nada.

La pérdida a nivel político se siente más a nivel privado. Cuarenta y tres personas desaparecieron y, con su desaparición, otras miles fueron afectadas. Pero, principalmente, sus familiares.

Los padres de los estudiantes no pueden continuar con su vida. Durante cinco años han estado dedicados a buscar a sus hijos, en casas vacías y trabajos a medias.

En una entrevista para Ai Weiwei, Damián Arnulfo Marcos –padre de Felipe Arnulfo Rojas– comentó que sin su hijo, el trabajo lo sobrepasa. No sólo perdió a su hijo, perdió a su compañero de campo. Tiene un duelo inconcluso en dos frentes.

“Mi hijo es parte de la comunidad. Es campesino también y lo extraño como hijo, como mi compañero en el campo. Aquí algunos siembran caña, otros siembran café, otros tienen milpas. Y cuando sembramos, nos apoyamos entre todos, así es más fácil el trabajo. Pero sin mi hijo se me hace muy grande la tierra“.

Padres de los estudiantes desaparecidos de Ayotzinapa frente a los retratos de sus hijos. (Imagen: La Jornada)

Mario César González Contreras –padre de César Manuel González Hernández– afirma que su casa no se ha abierto desde el 26 de septiembre de 2014. Y no se abrirá hasta que su hijo regrese, hasta que tenga noticias de él. Para Mario, regresar es imposible, es un dolor inigualable, la casa sigue vacía.

No tenemos vida. Sobrevivimos, que es diferente, y tenemos que sobrevivir para seguir buscando a nuestro hijo. Porque vida en sí, no”.

Mario no es el único que no puede volver a su casa. Aristeo González Baltazar –padre de Dorian y Jorge Luis González Parral– tampoco puede volver. Su casa está llena de fantasmas, en ella se imagina a sus hijos tocando la guitarra, a sus hijos estudiando, a sus hijos de regreso.

“Cuando venimos aquí, sentimos como que están aquí, o nos los imaginamos ahí, trabajando, estudiando, como si en cualquier momento pudieran llevar, volver, y nosotros pudiéramos recibirlos”. 

El cuatro de febrero de 2018, Minerva Bello Guerrero murió sin haber tenido nunca certeza de lo que le pasó a su hijo, Everardo Rodríguez Bello.

La hija de Julio César Mondragón Fontes ya tiene cinco años. Nunca conoció a su papá. El cuerpo de su padre fue encontrado sin vida, y con signos de tortura, en la madrugada del 27 de septiembre.

El problema con la desaparición es que no hay certeza. No hay un féretro al que se le pueda llevar flores. No hay un cuerpo al que se le pueda llorar. No hay nada, sólo vacío, sólo desaparición.

Cinco años de desaparición. 

¡Ni perdón ni olvido!