Tras Nayarit, y en pleno día del Ejército, EPN defiende acríticamente a las Fuerzas Armadas

La noche del 9 de febrero, en un operativo que, evidentemente, buscaba acaparar la atención de todo el país, elementos de la Marina Armada de México “abatieron” a quien, presuntamente, era el líder del cártel de los Beltrán Leyva en Nayarit, Juan Francisco Patrón, “el H2”. Un helicóptero artillado, volando a muy baja altura, disparó contra un grupo de casas, lo que dio como resultado la muerte de 13 personas (según los últimos reportes, porque los mismos datos de la Marina son contradictorios): con todos los “agresores” muertos y sin ninguna pérdida del lado de los marinos, como es “lo normal” en operativos de “alto impacto” como éste. (Vía: Animal Político)

El enfrentamiento cobró una lectura político-electoral cuando Andrés Manuel López Obrador, presidente del partido Movimiento de Regeneración Nacional (Morena) condenó lo ocurrido como una masacre en la que, decía, tenía información de que habían muerto niños y civiles. La retórica de AMLO siempre ha sido polarizadora, llamando la atención de ciertos claroscuros de la política actual, mientras que, también, se apropia de conflictos complejos que simplifica en pos de un discurso que, sabe, lo pondrá en los titulares de los medios al día siguiente:

“Estos corruptos, en vez de darle opciones de trabajo a los jóvenes, los han orillado a tomar el camino de las conductas antisociales y los quieren enfrentar con plomo, con fuego; quieren enfrentar violencia con la violencia, enfrentan el mal con el mal, quieren apagar el fuego con el fuego” (Vía: El Universal)

Esta vez no fue la excepción: desde que comenzara la “Guerra contra las drogas” en la década de los 70 durante la administración de Richard Nixon, decenas de académicos de diversas disciplinas han apuntado que la “base” del narcotráfico (narcomenudistas, “mulas”, sicarios…) se alimenta de una juventud que carece de oportunidades de educación, empleo y crecimiento, la explosión del “problema de las drogas” en ciudades como Baltimore, Detroit, Nueva York en los 70 y Los Ángeles en los 90, en países completos, como Colombia en los 80 y nuestro país desde el 2006, se ha dado al mismo tiempo que crisis económicas profundas que empujan a millones al desempleo y, al mismo tiempo, se enfrentan a un Estado que ha renunciado a tejer una red de seguridad social para sus ciudadanos más vulnerables. (Vía: Olin Wright, Understanding Class)

La crítica a la actual política “contra las drogas” se ha articulado desde múltiples frentes, sin embargo, si hay algo que los ha unido en los últimos meses es la preocupación por la “Ley de Seguridad Interior”, que desde la Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena) y la Secretaría de Marina (SeMar) han presionado para que sea aprobada en San Lázaro, como ya te informábamos. Lo que articula la crítica de López Obrador con estas voces críticas es el uso desmedido de la violencia no sólo contra los líderes de los carteles, sino contra la población completa: el “índice de letalidad” y lo que la ocupación permanente de las ciudades por las fuerzas armadas provoca en la población civil y su convivencia cotidiana va mucho más allá de “el que nada debe, nada teme”, pues los enfrentamientos son constantes, la “sospecha” y la reacción frente a esa sospecha ha costado la vida de miles y, hasta ahora, ningún oficial de la Marina o el Ejército ha respondido por órdenes que hayan costado la vida de civiles. (Vía: Tercera Vía)

Las declaraciones de AMLO fueron un pedestal desde el que el secretario de Gobernación y el mismo presidente se han lanzado para “defender” al ejército, y el lenguaje que han utilizado no sólo es preocupante desde el contexto en el que lo están diciendo, sino también, porque parecieran decir, ambos, que criticar al ejército es lo mismo que criticar al país completo, y que el cuerpo completo de la Presidencia de la República respalda toda y cualquier decisión tomada por las fuerzas armadas:

“[La crítica a las acciones de las Fuerzas Armadas] no son admisibles y este gobierno reprueba las descalificaciones sin sustento en contra de nuestras Fuerzas Armadas, que si algo han demostrado es su total y permanente compromiso con México y con los mexicanos” (Vía: Aristegui Noticias)

Tras diez años de “guerra contra el narco” con una misma política que se ha traducido en la falta completa de una estrategia para enfrentarlo (tal como lo ha reportado el Programa de Política de Drogas del Centro de Investigación y Docencia Económicas (CIDE) Región Centro), los fallos del Ejército y la Marina cada vez son más innegables. Cada vez es más visible la presión que ejercen sobre las autoridades civiles y cada vez es más evidente que sí, urge legislar sobre su actuar, pero no acuerdo a su agenda y no a partir de sus demostraciones espectaculares. ¿Las autoridades, nuestros legisladores, nosotros  mismos como sociedad, estamos listos para enfrentar esta crisis?

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