El gobernador de Nusa Tenggara, Indonesia, Viktor Bungtilu Laiskodat, en donde existe y habita el dragón de Komodo, busca regresarle su isla a estos lagartos y dejar fuera a los humanos que ahí viven.
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La razón: el turismo masivo y el tráfico ilegal de algunos ejemplares y sus crías está acabando con ellos y perjudicando su hábitat. Algunos son vendidos para zoológicos privados o como mascotas exóticas.
Estos animales son los lagartos más grandes del mundo, llegan a pesar hasta 140 kilos y medir cerca de tres metros cada uno cuando alcanzan la edad adulta.
Se cree también que estos bellos pero temibles reptiles que viven en el Parque Nacional de Komodo, son parientes directos de los dinosaurios; los habitantes consideran que tienen una conexión espiritual y física con ellos.

El Parque Nacional de Komodo se encuentra en una de las regiones más pobres del archipiélago de Indonesia y es a donde llegan los turistas que quieren conocer al dragón.
Pagan cerca de 10 euros (212 pesos mexicanos) por entrar a verlos pero eso ya no es suficiente para el vicepresidente provincial del parque, Josef Nae Soi, pues asegura que “tienen que salvar al dragón de Komodo de la extinción”.
Un costo más elevado para verlos sería una opción que podría financiar la protección del dragón, de acuerdo con Nae Soi. Ese pensamiento ya lo consideraba Viktor Lauskodat, presidente de la región, quien propuso “la deshumanización” de la isla y la clausura del archipiélago para salvaguardar al reptil que consideran sagrado y único.

Laiskodat sugirió cobrar el ticket de visita a mil euros (21,228 pesos mexicanos) para atraer un turismo más solvente y así, acabar con cierta parte del turismo que ha mermado la vida del reptil.
Sin embargo, Abdul Gafur Kasim, guía local, comentó que sacar el turismo y a los aldeanos de la isla podría ser peor para el medio ambiente. También dijo que los isleños no ven con buenos ojos los planes de sus gobernantes, pues temen qué pueda pasar con los dragones de Komodo.
Este proyecto ha sido rechazado por lo aldeanos, lo consideran polémico y arriesgado; autoridades lo consideran indispensable pues el robo de dragones de Komodo ha aumentado y la disminución de ciervos -que son sus presas- se ha convertido en un problema.
Aunque pareciera que la estrategia del gobierno es viable, habría que preguntarse si cobrar más caro de verdad ayudaría a su conservación, porque más allá de recibir más dinero y expulsar a los aldeanos de la isla, ¿qué solución inmediata o a mediano plazo pueden asegurar?
Tal vez la disminución del turismo ‘común’ o menos solvente signifique para ellos ‘menos riesgo de robo de ejemplares y huevos de dragón’ pero, ¿qué les garantiza que el turismo adinerado no tenga sus mañas y también incurra en este delito o hasta puedan querer comenzar a pagar millonadas por un ejemplar aprovechándose de la necesidad de los habitantes o de la intención de conservación de las autoridades?
Ninguna de las dos cosas las sabemos pero debería analizarse. Si bien es importante la conservación del dragón de Komodo y de cualquier otro ejemplar que esté en riesgo, un plan de conservación debe procurar su verdadero bienestar por encima de intereses particulares o soluciones inmediatas que no se han estructurado por completo.
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Porque hacer programas de conservación sin una planeación y estrategia adecuadas hace que salga más caro el caldo que las albóndigas. Para ejemplo, Indonesia sólo tendría que mirar un poco de México y sus proyectos fallidos en los que miles de millones de pesos se han invertido pero poco se ha salvado.
Finalmente, aunque la visión de isleños y autoridades sea distinta, esperemos que hagan algo bien y en favor del dragón de Komodo, que más allá de su saliva venenosa, lengua bífida (capta moléculas, las pasa a un órgano sensorial y guía a dragón hasta su presa) y mordidas mortales, es sin duda un lagarto que nos recuerda el comienzo y la evolución de los animales a lo largo de la historia.
