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¿Los pasajeros con obesidad deberían pagar más en el avión?

Mientras hay quienes piensan que cobrar una cuota “extra” a aquellas personas  con obesidad  en los vuelos, hay muchas otras personas que consideran que esto es una medida discriminatoria y que viola los derechos humanos.

Los asientos en los aviones siempre han tenido una medida estándar; los pasajeros un poco más anchos, un poco más altos, tienen que adaptarse al tamaño estandarizado y sufrir las incomodidades que esto conlleva.

De acuerdo con un reportaje de la BBC, los asientos siempre han medido lo mismo pero las personas no. Según cifras de la Organización Mundial de la Salud (OMS), la obesidad se ha duplicado en los últimos 26 años. Para 2014 más de 600 millones de personas en el mundo padecían obesidad.

Esta tendencia a “ensancharnos” también ha puesto en entredicho los espacios que los medios de transporte, en especial las aerolíneas, destinan a sus pasajeros.

De hecho ha habido casos que se han vuelto virales; un abogado italiano demandó a la aerolínea Emirates. La razón fue  que tuvo que compartir un vuelo junto a un pasajero obeso durante nueve horas.

Peggy Howell, vicepresidenta de relaciones públicas de la Asociación Nacional para el Desarrollo de la Aceptación de los Obesos (NAAFA, por sus siglas en inglés):

“Altos, pequeños, delgados o gordos, hombros amplios, caderas anchas, piernas largas… la gente es de todos tamaños y es muy raro que un asiento promedio de un vuelo sea cómodo y haga placentero un viaje”, (Vía BBC).

Sin que sea una regla, muchas aerolíneas recomiendan a los pasajeros comprar dos lugares. Y algunas, como Samoa Air, ya cobran un impuesto a los pasajeros con obesidad, a este se la ha comenzado a denominar “impuesto de gordo” o “fat tax”. Esta medida, por supuesto, ha desatado críticas porque se piensa como una estrategia más de las aerolíneas para cobrarle más a los usuarios y es visto como una medida discriminatoria.

El argumento de las aerolíneas, al final, es puramente numérico: entre más pesado viaje un avión, más combustible se gasta. ¿Podrá encontrarse un equilibrio entre las necesidades de las aerolíneas y el derecho de los pasajeros?