¿Cuál es el verdadero costo de ser transgénero en el ejército estadounidense?

Estados Unidos no “aceptará ni permitirá” que haya personas transgénero en la milicia norteamericana. El anunció lo hizo esta mañana el presidente Donald Trump vía Twitter. La razón, alega, es que el ejército no puede permitirse un gasto médico tan grande. ¿Qué implicaciones tiene esta decisión?

‘No preguntes, no cuentes’

La discriminación de personas transgénero, en lo particular, y LGBT en lo general no es nueva en el ejército norteamericano. Por año, la regla no dicha de la milicia en asuntos de diversidad sexual fue un imperativo lapidario: “Don’t ask, don’t tell”: no preguntes, no cuentes. 

En teoría no estaba prohibido que hubiera personas LGBT en las fuerzas armadas, pero estaban invisibilizadas. Si se “exhibían” eran automáticamente marginalizadas; no solían ser despedidas, pero sí inhabilitadas. (Vía: BBC)

En un ejército que claramente desalentaba los “desordenes psicosexuales” entre sus elementos, la transexualidad se trataba como una enfermedad equiparable a la locura. En rigor, la diversidad sexual no estaba prohibida en las milicias norteamericanas, porque no puedes prohibir aquello que proclamas que no existe. (Vía: The New York Times)

“Luego de consultarlo con mis generales y expertos militares, debo anunciar que el Gobierno de los Estados Unidos no aceptará ni permitirá que individuos transgénero tengan ninguna posición en el Ejército de los Estados Unidos.
Nuestra Milicia debe enfocarse en la decisiva y abrumadora victoria y no puede cargar con el tremendo costo médico y la interferencia que la gente transgénero conlleva”.
Traducción de los tuits de Donald Trump.

‘Un secreto es una mentira’

En El círculo, novela distópica de Dave Eggers publicada en 2013, una compañía informática (cof, cof, Google) se convierte en un supra estado que controla desde la redes sociales hasta el voto, y convierte la privacidad en un crimen con una consigna que lleva 1984 a la recámara: un secreto es una mentira

Esa es la consigna no dicha que explica cómo el presidente que implantó la vigilancia masiva de sus ciudadanos con el proyecto PRISM, es el mismo que alentó la diversidad sexual en el ejército y la inteligencia.

Tradicionalmente arrinconadas en las labores de logística, bajo la era Obama se permitió que las mujeres compitieran por cualquier puesto de combate.

En efecto, no parece un avance feminista del cual jactarse: “¡Ahora nosotrxs también podemos matar inocentes!” Sin embargo es menester tomar en cuenta que hay dos instituciones que desde hace dos mil años han pertenecido exclusivamente a los hombres: el ejército y la iglesia.

Antes de abandonar la Casa Blanca Barack Obama, como buen monstruo amable, conmutó la condena de Chelsea Manning, activista informática que hizo su transición de género desde la cárcel, acusada de traición. Paralelamente anunció que las personas transgénero podían servir en el ejército abiertamente.

Ese es el gran legado de la era Obama, congruente en todos los sentidos: ¡Adiós a los escondites! No más ‘no preguntes’, no más ‘no confieses’: un secreto es una mentira.   

¿Cuántos militares transgénero hay?

Platón más de una vez sugirió que la bondad es una forma de la inteligencia; por supuesto, la estupidez es una forma de la maldad. Visto así, la estulticia supina de Trump sugiere que el mundo está en manos del Diablo.

Por supuesto, por el Diablo me refiero a Steve Bannon, quien antes de ser asesor a la Casa Blanca, dirigía el sitio xenófobo y homófobo Breitbart, famoso por promover falsedades en lugar de noticias.

https://twitter.com/priscilliana/status/890291789906812928

Bannon y Trump han hecho mancuerna a la hora de respaldar los dislates discriminatorios del Tea Party, la versión menos liberal del Partido Republicano.

Justamente del Tea Party, salió la congresista Vicky Hartzler. La lista de movimientos a los que se opone (matrimonio igualitario, despenalización de drogas y aborto y un etcétera de redundancia) es mucho más amplia que la lista de lo que promueve (su libro Siguiendo el camino de Dios). (Vía: On The Issues)

Ella propuso en el Congreso que ni el Pentágono ni otras organizaciones de inteligencia costearan las transiciones de género de sus empleados. Al igual que Trump hoy, Hartzler alegó que los presuntos costos desmedidos. ¿De verdad tanto dinero cuesta una transición de género?

La corporación RAND hizo un estudio de cuánto cuestan al ejército las transiciones de género de sus soldados. El presupuesto médico del ejército es de 49 mil millones de dólares. El costo aproximado de los servicios médicos para todos los soldados transgénero del Ejército es de entre 2.4 y 8.4 millones de dólares al año.

Hormonas y cirugías, terapia psicológica y endocrinólogos; las transiciones de género le cuestan al ejército entre el 0.004% y el 0.017% de su presupuesto médico. ¿De verdad había que anunciar ese recorte presupuestario en Twitter? No hay razones financieras detrás de la prohibición de Trump, solo hay simple transfobia. (Vía: CNN)

¿Tú dirías que Aquiles o Alejandro Magno fueron malos combatientes?

El anuncio de Trump ha dividido incluso a los republicanos. Por un lado, el siempre mesurado McCain alegó que esa clase de discusiones no se anuncian con desfachatez en redes sociales.

https://twitter.com/AdamBlickstein/status/890200602235604992

La ahora libre Chelsea Manning llamó la atención sobre muchas cosas inútiles que fondea el ejército sin queja alguna, como aviones obsoletos. Y no pocos lectores de Breitbart alegan que las personas LGBT no sirven para la guerra.

De acuerdo con RAND hay 2,450 personas abiertamente transgénero en el ejército norteamericano. Pero hay muchas personas más condenadas a la clandestinidad y el anonimato.

Jane, sargenta transgénero entrevistada hace tiempo por la BBC, decía sentirse más segura pilotando un avión a diez mil pies de altura que viviendo una existencia clandestina en tierra; los persecutores estaban en su cabeza: “¿Cómo escuchan mi voz? ¿Cómo perciben mis gestos? ¿Estoy haciendo algo que me delate?” (Vía: BBC)

Aunque ella ama su trabajo, la gente pone en duda su entrega y su valentía. Su amor por el ejército es tan grande que es capaz, incluso, de sacrificar su propia identidad.

Mientras la fuerza TQILA, compuesta por rebeldes LGBT, pelea contra ISIS en Siria bajo el lema “Estos putos matan fascistas”, la anónima Jane, en la capital de Occidente, está condenada a la clandestinidad para ejercer su vocación y su deber.

‘Deberías estar en la cárcel’

Jane no necesita ser declarada criminal para sentirse una. En medio de los jaloneos cibernéticos posteriores a la declaración de Trump, un lector furibundo le dijo a Chelsea Manning que “debería estar en la cárcel”. “¿Primero nos quieren prohibir y luego enviar a prisión?, ¿a qué me recuerda eso?”, se pregunta en una severa alusión a los nazis.

No hace falta sugerir prisiones para Chelsea o Jane. Las personas transgénero del ejército ya viven en una cárcel: su cuerpo. De la misma forma en que sólo los enfermos saben qué significa la salud, sólo alguien que nació en una cárcel sabe qué significa la libertad.

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