26 de septiembre: el anti-aniversario de la Tercera Guerra Mundial

El 26 de septiembre de 1983 se evitó una guerra nuclear entre Rusia y Estados Unidos
Stanislav Petrov, el hombre que evitó la Tercera Guerra Mundial en 1983

El 26 de septiembre de 1983 pudo haber comenzado una Guerra Nuclear, pero ésta fue evitada por Stanislav Petrov, “el hombre que salvó al mundo”.

Durante la Guerra Fría, el conflicto entre Estados Unidos y Rusia alcanzó la máxima tensión debido a la Destrucción Mutua Asegurada (cuyas siglas en inglés MAD, refieren, precisamente, a una locura). Esta estrategia militar consistía en que ambos bandos tenían (y, hasta el momento, todavía tienen) un arsenal de armas nucleares cuyo uso implicaría la destrucción de ambos países.

Fue durante el gobierno de Ronald Reagan que escaló el conflicto entre ambos países, pues desarrolló la Iniciativa de Defensa Estratégica (también conocida como Guerra de las Galaxias) en la que se proponía la creación de un escudo defensivo contra un ataque misil ruso.

Igualmente, la administración de Reagan estaba en proceso de colocar armamento en países europeos como Inglaterra y Alemania, para que pudieran atacar directamente a Rusia, si se diera el caso.

Fue, bajo este contexto, que una amenaza nuclear era completamente palpable. Por lo tanto, cuando el 26 de septiembre de 1983 se detectó la presencia de cinco misiles estadounidenses en dirección a Rusia, la negativa de Stanislav Petrov cambió por completo el curso de la historia.

Petrov no siguió el protocolo y no avisó a sus superiores sobre los misiles. Supuso que, si Estados Unidos fuera a iniciar un ataque nuclear no lo haría únicamente con cinco misiles, por lo que “lo dejó pasar”. Si el ataque hubiera sido real, Rusia hubiera quedado en total desventaja frente a Estados Unidos. (Vía: Vox)

Por suerte, no fue así, los cinco misiles eran, en realidad, nubes. El sistema se había equivocado. Petrov había evitado una guerra.

¿Qué hubiera pasado si Petrov daba aviso del ataque de misiles?

Un reporte realizado por el Congreso de Estados Unidos encontró que un ataque entre ambos países hubiera terminado con la vida del 35 al 77% de los estadounidenses, es decir, entre 82 y 180 millones de personas hubieran muerto. Por su parte, el contraataque hubiera asesinado a entre 20 y 40% de la población rusa, correspondiente a entre 54 y 108 millones de personas.

En total, hubieran muerto entre 136 y 288 millones de personas. Este nivel de destrucción no se compara al de ningún genocidio, aunque, de manera proporcional podría semejar las conquistas mongoles a China durante el siglo XIII.

Tomando en cuenta, también, los daños posteriores a la economía y agricultura, es posible que hubieran muerto dos mil millones de personas alrededor del mundo. 

A pesar de haber salvado a tantas personas, la decisión de Petrov nunca fue bien vista en Rusia. Se dice que fue severamente interrogado y que su país nunca le dio ningún tipo de reconocimiento.

Stanislav Petrov en su casa, 2004. (Imagen: Vox)

Fue hasta el final de la Guerra Fría que Petrov finalmente obtuvo el reconocimiento que se merecía. Recibió el Premio de la Paz Dresden, y, posterior a su muerte, su hija recibió el Premio al Futuro de la Vida por $50,000 dólares. Su hijo no pudo asistir al evento, ya que le negaron la visa de entrada al país que su padre había salvado.

En 2014 se publicó el documental El hombre que salvó el mundo, sobre la decisión de un hombre que salvó la vida de muchos. La pregunta es, ¿por qué el destino de la humanidad quedó a manos de un solo hombre?

En esta fecha se celebra que una decisión atinada evitó la muerte de dos mil millones de personas. Pero, mientras ambos países tengan un arsenal de armas nucleares a su disposición, siempre se tendrá que confiar en la decisión atinada de un tercero. ¿Qué pasará cuando ésta no sea la correcta?