Latinoamérica tiene oportunidad de repensarse tras la victoria de Trump

Mientras que para México los resultados de las elecciones de Estados Unidos pueden ser motivo de preocupaciones graves, pues los efectos tienden a sentirse casi inmediatamente, para el resto de Latinoamérica, el impacto de esas mismas elecciones, hoy, son algo lejano que podría o no afectar la cotidianidad del país. Antes del 8 de noviembre, la gran mayoría de los diarios latinoamericanos lanzaron notas y columnas de opinión en las que pronosticaban lo que podría ocurrir con la victoria de uno u otro candidato y, fuera de ciertas diferencias, iban hacia el mismo terreno: la política estadounidense presta poca atención a lo que ocurre debajo de la frontera sur de México.

La relación histórica entre los Estados Unidos y Latinoamérica es, por decir lo menos, turbulenta: desde invasiones hasta la intervención en elecciones y golpes de Estado, la región significó para el país del norte un terreno en el que la lucha ideológica y económica no podía perderse. Luego de la llegada a lo largo de los 90 y 2000 de cambios de regímenes por todo el continente que apuntaban hacia un diálogo y la organización continental, como Lula en Brasil, Bachelet en Chile, los Kirshner en Argentina o, incluso, Hugo Chávez en Venezuela, la influencia de Estados Unidos fue disminuyendo hasta lo que hoy, muchos analistas consideran un “olvido” de la región completa por parte de la clase política estadounidense. (Vía: Deutsche Welle)

Si algo han demostrado las elecciones es que la solidez de la clase política estadounidense no es más que un mito que, si bien sigue vivo en el discurso de muchos en Washington, hoy es más bien un ideal. Frente a esto, frente a un Estados Unidos encerrado en sí mismo después de un impacto tan profundo como el que ocurrió el 8 de noviembre, Latinoamérica tiene la oportunidad de repensar su papel ante a los Estados Unidos, pero, también, de verse en un espejo y realizar un profundo ejercicio de autocrítica que tendría que comenzar, forzosamente, por revisar el ascenso electoral de la derecha: desde el más reciente “No” por la paz con las FARC hasta la victoria electoral de Mauricio Macri en Argentina o la destitución de Dilma Rousseff en Brasil. (Vía: El País)

Esta oportunidad es, incluso, más urgente cuando buena parte del discurso contestatario producido en América Latina se define a partir y en contra de la intervención política de los Estados Unidos: si bien la “Operación Cóndor” causó un impacto devastador en la vida democrática (y en la vida cotidiana) de todo el continente, Estados Unidos ya no es un poder monolítico que dicta unilateralmente las políticas de la región, incluso dentro de la Unión Americana, personajes como Bernie Sanders, Elizabeth Warren e incluso el mismo Donald Trump han denunciado el poder que ciertas corporaciones trasnacionales tienen sobre el país “más poderoso de la tierra”.

Ese poder “invisible” que tiene toda una política económica sobre buena parte, aún, de nuestros gobiernos podría pensarse como el problema sobre el que hace falta pensar, particularmente en países que siguen ciegamente sus dictados, como México o Colombia, o que buscan regresar forzosamente a ellos, como la Argentina de Macri y el Brasil de Michel Temer.

Si bien la victoria de un candidato xenófobo, misógino y racista en los Estados Unidos puede augurar situaciones terribles para su país y los nuestros, esta da la oportunidad de que, como grupo, pensemos nuestro posicionamiento, la colaboración y el apoyo que, preparando lo más terrible, podríamos necesitar todos.