Prometió eliminarlos, pero peseros sobrevivirán a Mancera

Mancera había prometido, a principios de su sexenio, que la Ciudad de México no tendría un solo pesero al terminar su administración… Faltan apenas unos meses y todo parece decir que será otra promesa incumplida más.

Y se pone aún más difícil cuando, de acuerdo a información del diario Reforma, la Secretaría de Movilidad de la CDMX no sabe con exactitud cuántos microbuses hay aún circulando en la ciudad.

Según Reforma, el 8 de enero, un ciudadano solicitó a la Semovi vía transparencia el número de microbuses que siguen circulando en la capital; sin embargo, cuando el diario lo solicitó el pasado 29, la secretaría informó que ‘no tenía información’… así, casual.

Según los datos proporcionados al ciudadano que se les adelantó, la ciudad había pasado de tener poco más de 20 mil peseros a… 22 mil (ajá: crecieron).

Que la Semovi “no tenga información” de los microbuses no sólo es preocupante: es completamente incoherente, ya que es la instancia encargada de regular el transporte en la ciudad: desde licencias hasta pasar revista y proponer otras alternativas al transporte  público ya existente.

Podría creerse que este fallo estadístico no es nada más que un simple juego retórico: si no hay datos que contradigan las promesas hechas no sólo por Mancera, sino por los funcionarios que, hoy, están buscando doputaciones, senadurías, alcaldías y gubernaturas, entonces será imposible reclamarles (aunque, claro, la evidencia esté en todos lados).

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La promesa de Mancera de desaparecer los microbuses resurge una y otra vez, siempre cerca o después de una gran contingencia ambiental. En 2016, cuando tuvimos quizá la más grave en los últimos 20 años, volvió a prometer una regulación y “charratización” de estas unidades. Entonces, prometió legislación y programas para la modernización de estas unidades, sin embargo no ocurrió ni lo uno ni lo otro. (Vía:Animal Político)

En los pocos “corredores” en los que sí ha ocurrido, han surgido más problemas que los que se pensaba “corregir”: pocas unidades, misma inseguridad y ninguna capacitación para los choferes, tal como ocurrió con el corredor Tlalpan-Izazaga.

Mientras, la apuesta desde el gobierno capitalino parece seguir siendo el automóvil, un Metrobús que sigue retrasando la apertura de su séptima ruta y, en general, una urbanización fracasada en una ciudad que le urgen otras formas de hacer ciudad.

Por: Redacción PA.