El veganismo y la dominación de la naturaleza

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Una de las grandes características evolutivas de la especie humana tiene que ver con la capacidad cognoscitiva de diferenciar de manera compleja su entorno, esto quiere decir de manera más específica que es capaz de diferenciarse a sí mismo de otros miembros de su misma especie y al mismo tiempo puede diferenciarse de otras especies, así como del entorno natural que habita.

Esta capacidad se materializa por una parte en el lenguaje, el cual dota a los seres humanos de la aptitud para nominar al mundo, lo quiere decir que pueden establecer distinciones y explicaciones lingüísticas de ellos mismos, de sus congéneres y de su entorno social y natural. Dicho de otra forma, la especie humana genera distintos relatos que buscan interpretar y explicar, tanto su mundo social como la naturaleza, a través de construcciones que pueden ser de tipo mítico, religioso o científico.

Por otra parte, y en paralelo a la capacidad lingüística de nombrar al mundo, la especie humana desarrolló también la capacidad de transformar materialmente su entorno por medio de la técnica y del trabajo, siguiendo a Marx, podemos decir entonces que la humanidad, a diferencia de otras especies no se adapta como tal al entorno, sino que según el desarrollo de sus fuerzas y medios productivos, adapta y transforma técnicamente su entorno. De tal manera, el proceso civilizatorio de la especie humana va de la mano del desarrollo y perfeccionamiento de la técnica, es decir, del aumento de la capacidad para transformar el mundo de formas cada vez más complejas y diferenciadas.

En ese sentido, podemos decir que ese mundo de técnica y de lenguaje es una artificialidad, es una especie de “segunda naturaleza” producto de los procesos de socialización inherentes a la especie que de alguna forma se apropian del mundo y de la naturaleza para su dominación, tal como señalaba H. Marcuse.

Dicha dominación y apropiación de la naturaleza se manifiesta tanto simbólicamente en la religión o la ciencia, por ejemplo, como materialmente en actividades como la agricultura, la ganadería o la industria.

De tal forma, es posible afirmar que la naturaleza está construida cultural e históricamente, esto quiere decir que las significaciones, las interpretaciones, las valorizaciones, es decir las relaciones que se establecen con esta, son distintas según el tiempo, el espacio y la cultura. Todo esto puede observarse en la relación que se tiene con ciertos animales, en donde por ejemplo un mismo animal puede ser simbolizado por una cultura como sagrado y por otra puede ser visualizado como un instrumento de trabajo.

No obstante, el capitalismo como modo de producción preponderante en por lo menos los últimos 200 años ha radicalizado la relación  de dominación a la naturaleza, el desarrollo del conocimiento científico transformó a la técnica en tecnología, lo que desembocó en un proceso de diferenciación social y de división social del trabajo asociados directamente al crecimiento exponencial de las fuerzas y los medios de producción. Dicho aumento de las capacidades productivas de la sociedad capitalista ha traído consigo daños colaterales, muchos irreversibles, que han afectado directamente nuestro entorno social y natural.

Cuestiones como el calentamiento global, el agotamiento de recursos naturales, el deterioro de las tierras y la sobrepoblación son algunos de los problemas a los que se enfrentan las sociedades contemporáneas. Frente a todo esto,  han surgido movimientos sociales y políticos que tienen efectos importantes no solo para visualizar los problemas, sino que también han planteado distintas soluciones que, si bien no son capaces de revertir los daños,  sí buscan desacelerar los procesos de deterioro ambiental.

Por otro lado, también han surgido movimientos de corte mucho más ideológico como el veganismo, el cual en los últimos años ha cobrado relevancia. Independientemente de las distintas vertientes en que se pueda presentar, podemos decir que el denominador común de esta ideología tiene que ver con la necesidad de transformación de la relación de explotación con la naturaleza en términos de la producción y el consumo alimenticio. El veganismo sostiene que la explotación animal, tanto para el trabajo, como para el consumo alimentario, es el reflejo de dicha relación de dominación, por lo que el consumo estricto de vegetales es la condición de posibilidad para preservar a la naturaleza, dicho de otra forma, el veganismo busca sostenerse a partir de argumentos éticos trascendentales.

En las sociedades contemporáneas altamente diferenciadas, el veganismo se presenta como una de las múltiples gamas ideológicas del progresismo, como una de las tantas alternativas al consumo convencional, el cual está mucho más asociado  a la tradición y a prácticas productivas de consumo masificadas. Asimismo responde al discurso que sostiene que la transformación del sistema es posible mediante la transformación de la consciencia individual, esto quiere decir que el sistema productivo cambiará si cambia el tipo de producción y de consumo.

Hasta el momento, lo que hemos visto es que en efecto el sistema se ha transformado, pero lo ha hecho no a su voluntad o acorde a su programa político, sino que ha cambiado en términos de la diferenciación entre los mercados, lo que implica que el sistema capitalista produce mercancías que responden a distintas formas de consumo. Es decir, el veganismo ha logrado transformar el mercado, pero no por una cuestión ideológica, sino porque su movimiento genera la demanda de servicios y productos acorde a sus necesidades, en otras palabras, los sistemas altamente diferenciados también producen y ofertan productos para el consumo”antisistema” o “alternativo”.

Asimismo, si observamos de manera mucho más amplia podemos decir que centrar la producción alimentaria en la agricultura resulta también perjudicial para el medio ambiente, ya que se necesitaría ocupar grandes extensiones de tierra para cultivo. Además, las formas y los métodos productivos que proponen resultarían también contraproducentes, debido a que los cultivos “orgánicos” requieren mayor utilización de agua, al no utilizar agroquímicos son más propensos a las enfermedades y las plagas por lo que los agricultores correrían más riesgos durante los ciclos. 

En conclusión, el veganismo es una de tantas alternativas, que si bien tienen la genuina intensión de transformar la relación con la naturaleza para revertir los daños causados por el sistema industrial, también hay que decir que si tomamos en serio sus argumentaciones encontraríamos bastantes problemas. No se trata de no tomar acciones y responsabilidades con el medio ambiente, sino que hay que asumir los límites de tales acciones. Puede resultar decepcionante, pero hay que tomar en cuenta que hay un sistema que nos trasciende y que de una u otra forma producimos y reproducimos, lo demás diría Marx, son “robinsonadas”.