¿Por qué Romero Deschamps es sinónimo de corrupción?

La figura de Romero Deschamps ha sido sinónimo de corrupción por décadas, a pesar de eso, nunca ha sido investigado ni ha pisado la cárcel
Por todo esto, Romero Deschamps es sinónimo de corrupción

Desde hace años, el apellido Romero Deschamps es uno de los más aborrecidos en México porque pertenece a un hombre que ha sido relacionado con enriquecimiento ilícito, fraude, extorsión, tráfico de influencias y hasta delincuencia organizada, pero nunca ha sido enjuiciado y mucho menos ha pisado la cárcel.

Se trata de Carlos Antonio Romero Deschamps, líder del sindicato de PEMEX desde hace más de 25 años. Más de dos décadas de ser el amo y señor de un sindicato de casi 200 mil trabajadores, uno de los más grandes del país.

Romero Deschamps, además, es miembro del PRI desde 1961 y ha sido senador de la República en dos ocasiones y diputado federal tres veces. En el año 2000 fue acusado de financiar con mil 500 millones de pesos la campaña presidencial del priísta Francisco Labastida. El dinero provenía del sindicato y el caso fue conocido como el “Pemexgate”, una de las tramas de corrupción más grandes en la historia de México que, como tantas cosas en este país, no tuvo consecuencias mayores.

Pero a pesar de las múltiples pruebas en su contra, Romero Deschamps libró la cárcel, aunque su imagen pública fue destrozada, al considerarlo un hombre cercano al poder protegido por el sistema.

A todos les quedó claro su nivel de influencia en la política nacional, pero eso no es la razón de su mala fama. Quizá es mejor conocido por su opulencia y los lujos de sus hijos. 

Luego del “Pemexgate” llegaron escándalos sobre el estilo de vida de su entorno. La indignación ciudadana creció cuando distintos medios de comunicación exhibieron sus excentricidades, como su reloj de más de 7 millones de pesos, su yate de 3 millones de dólares o los dos departamentos de lujo en Miami con valor de 8 millones de dólares de uno de sus hijos. 

También se dio a conocer que Romero Deschamps le regaló a su hijo José Carlos un Ferrari de casi dos millones de dólares y a través de sus redes sociales, su hija Paulina ha presumido sus vuelos en aviones privados, sus paseos en yate y sus compras en tiendas exclusivas.

Eso provocó que distintas voces exigieran que Romero Deschamps explicara detalladamente las finanzas del sindicato que dirige y que hiciera pública su fortuna. Pero eso nunca ocurrió.

En febrero de este año, trabajadores de Pemex lo denunciaron por delincuencia organizada y por haberlos defraudado con 150 millones de dólares. Ese mismo mes, el presidente, Andrés Manuel López Obrador, afirmó que Romero Deschamps cuenta con una denuncia por robo de combustible.  

A esos delitos se le suman las acusaciones por enriquecimiento ilícito y lavado de dinero hechas por las autoridades financieras esta semana. Pero mientras las investigaciones continúan, el líder petrolero buscó protección y la encontró, a través de una acción judicial logró que un juez suspendiera cualquier orden de aprehensión en su contra.

El 25 de julio, un grupo de trabajadores, integrantes del Frente Nacional Petrolero, anunció que Romero Deschamps quedaba fuera de la agrupación sindical que ha dirigido desde 1993.

Horas más tarde, el área de comunicación del propio sindicato declaró que el proceso para expulsarlo fue ilegal, por lo que Romero Deschamps continúa al frente de uno de los sindicatos más poderosos del país. 

Por todo lo anterior, Romero Deschamps se ha convertido una de las figuras más impopulares en la política mexicana. Muchos afirman que en un país verdaderamente democrático, un magnate como él no debería estar libre.

Pero a sus 76 años sigue burlando a las autoridades mientras goza de un ostentoso estilo de vida que ofende cada vez más a los mexicanos.